Carmen Machi actriz

“No se le puede quitar al pueblo la cultura, porque sería como quitarle su esencia”

Una entrevista de Amaia Rodríguez Oroz - Jueves, 5 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Carmen Machi, actriz.

Carmen Machi, actriz. (D.N.)

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Carmen Machi, actriz.

pamplona- Es el año 2037 y la Comunidad Europea ha desaparecido. En España se vuelve a pagar con pesetas y el Gobierno populista de Pueblo en Pie opta por sufragar la dramática situación de las arcas del Estado vendiendoLas Meninas de Velázquez. Carmen Machi, que vuelve a los escenarios tras triunfar con Juicio a una zorra, de Miguel del Arco, interpreta en esta obra de Ernesto Caballero a sor Ángela, una monja copista que se resiste a aceptar la democratización indiscriminada del quehacer cultural y el derrumbe de la autoritas referida al arte y al conocimiento. La autora de Las Meninas es, en definitiva, una sátira en la que se aborda el lugar que debe ocupar el arte en la sociedad, así como el controvertible concepto de bienestar social. Su puesta en escena es este sábado, día 7, en el Teatro Gayarre, a las 20.00 horas (entradas por 8, 17 y 24 euros).

Vuelve a Pamplona el tándem Carmen Machi-Ernesto Caballero después de unos años, con una obra cuya base es terrible: una sociedad liberada de toda expresión artística. Teniendo en cuenta que esto es una comedia, ¿se puede bromear sobre un futuro así?

-Más que ser una comedia es una función que tiene sarcasmo y humor. La función transcurre en 2037, un futuro no muy lejano pero todavía futuro. Un futuro, en definitiva, distópico y no muy halagüeño, en el que se plantea que debido a la crisis tan fulminante que vive el país se quiere vender el patrimonio artístico nacional. En estas circunstancias, se encarga a una monja copista del Museo del Prado que haga una réplica de Las Meninas de Velázquez porque se va a poner en venta. Es una situación bastante dramática pero no es que sea una comedia, sino que la situación a la que te lleva de inicio esta mujer, que pasa por un proceso de artista en el que se libera su creatividad, provoca la risa del espectador. Claro, podemos decir que es una comedia porque te ríes y disfrutas con la obra, pero el mensaje es muy profundo y bastante duro.

En este caso ejerce el papel de una monja, sor Ángela. ¿Se había visto antes en una situación parecida? Es decir, en la situación de ser alguien que usted nunca sería para defender algo en lo que sí cree.

-Un actor siempre interpreta personajes que no son él. Esta es la primera vez que visto el hábito pero es que normalmente nosotros vestimos de personajes que nada tienen que ver con nosotros mismos, para reclamar o para decir algo que puede que sí creamos o puede que no. Esto es lo fantástico de ser actor: podemos decir cosas pero el que se moja realmente es el personaje. De todas formas, siempre existe una distancia con el personaje, y esto es lo más bonito y divertido de esta profesión. Me veo en esta situación continuamente.

Resulta curioso que se defienda la cultura, algo abierto en todos los sentidos, desde la postura de una mujer cristiana, cuando la religión es algo mucho más cerrado...

-El hecho de que sea una monja es lo de menos. Es una mujer, un ser humano que es copista. Hay muchas monjas que se dedican a la pintura. De hecho, está inspirada en una monja real que roza la perfección en todo lo que hace;es una gran artista. Nada tiene que ver ser monja con tener o no una serie de habilidades. Sí es cierto que se encuentra una paradoja muy interesante, en la que el ser humano que hay debajo de ese hábito se libera precisamente de él y esto le lleva a muchos lugares. Ernesto Caballero, aparte de ser un dramaturgo excepcional, es historiador del arte, y hace un recorrido por toda la historia del arte maravilloso. En esta función se aprende muchísimo. Se aprende de uno mismo, de la situación política y sobre todo se aprende de arte. También hay mucho simbolismo en cuanto a la liberación de una persona que empieza a sentir una manifestación artística en la que quiere exponer muchos puntos de su personalidad.

La obra es una clara reivindicación del lugar que debería ocupar la cultura. ¿Cree que se ha perdido su valor en la sociedad?

-La función tiene unas máximas en frases impresionantes. Digamos que el partido que gobierna en este 2037 es ficticio y se llama Pueblo en Pie, un partido populista que nos puede recordar a un partido que ahora mismo tenemos entre nosotros. Es cierto que la cultura ha sufrido bastantes despropósitos, pero muchas veces más que por falta de respeto, por falta de cariño, de mimo y de conocimiento de lo que realmente es y lo fundamental y necesaria que es. Más allá de la cultura, que engloba tantas cosas, yo hablaría del arte. Lo que supone el arte para la vista, para el espíritu, para la mente, para la creación y para la evolución del ser humano. Hay una especie de menosprecio, está claro. Parece que da igual que el arte se venda, que nos desprendamos de algo tan valioso. Pero también se crea un debate. Imaginemos que te dicen que no tienes dinero para llegar a fin de mes, no tú, sino toda una población y todo un país, y que la única forma de sobrevivir para poder comer y pagar la luz es vender Las Meninas. Pues habrá gente que diga “que les den a Las Meninas”. Otros, como tú y yo, nos echaríamos las manos a la cabeza y nos preguntaríamos si no hay otras soluciones. El planteamiento es muy interesante y la gente sale del espectáculo con esta reflexión y este debate interno y dice que lo que se propone no es ninguna tontería. Por eso quizás el humor sea la mejor forma de hacer una catarsis del mundo.

Estamos en un momento de vacas flacas, con cada vez menos presupuesto para producir, formar y educar. ¿Cómo repercute esto en la sociedad?

-Como se está viendo a todos los niveles. Yo creo que, ante una crisis a todos los niveles, el arte siempre sobrevive. De esto también hay que hacer una reflexión. Probablemente el teatro sea la disciplina que más sobrevive en una crisis. Se llenan los teatros, es una cosa asombrosa. Es verdad que lo ponen muy difícil y se lanzan mensajes que muestran la falta de apoyo que se produce hacia la cultura, pero realmente la cultura gana la partida, porque es inevitable. Aunque falte el apoyo y no se le dé valor, la cultura sobrevive porque va intrínseca en la sociedad. Tú no puedes quitarle a un pueblo la cultura porque le quitas su esencia, le quitas su diferencia respecto a otros, porque la cultura marca a una sociedad concreta. Y el arte ni te cuento. Además nosotros somos un país riquísimo en esto, es una barbaridad. Ernesto pone el ejemplo de Las Meninas porque es un cuadro asombroso que nos hace sentir orgullosos. No porque Velázquez fuera español, sino por tener la suerte de poder contemplarlo cada vez que queramos y poder ponernos delante de esta obra maestra y ver tantas y tantas cosas que tiene dentro. Es verdad que ahora parece que se está haciendo un esfuerzo por entender algo más, se nos está favoreciendo algo con el IVA... Y creo que ahora tenemos unos temas tremendamente importantes a nivel político y a nivel social que no están dejando de lado la cultura, sino que nos apoyamos en la cultura para contar muchas cosas. Y, concretamente, nos apoyamos en el teatro.

¿Podríamos decir que la sociedad tiene una buena educación cultural, precisamente porque es algo intrínseco al ser humano?

-Yo creo que sí. Hombre, hace falta más;siempre hace falta más. Pero hay una reivindicación del pueblo, saben perfectamente que los que nos dedicamos a ello, vivimos de ello y hacemos que otros vivan de ello les damos un valor. Primero porque es nuestro alimento a muchos niveles, es nuestra herramienta, y si nos frustran nuestra herramienta sería terrible. Pero también porque la gente es consciente de cuánto necesita ese alimento, lo necesita y mucho. Simplemente es tener conciencia y no despreciar algo que es tremendamente valioso. La gente cuanto más viaja, cuanto más lee, cuanto más visita museos y cuantas más obras de teatro y más va al cine se hace más poderosa. Y a veces eso da mucho miedo, y hay personas que desde ciertas posiciones no quieren que la gente sepa tanto, que no sea tan lista. Da mucho miedo y creo que es una de las razones por las que en cualquier dictadura, en cualquier golpe que se le da a la sociedad, lo primero que se le quita es la cultura. Porque da pavor.

Hoy por hoy, se ha conseguido que sobreviva, no exenta, sin embargo, de menosprecios.

-Voy a contar como anécdota que Ernesto me envió el texto de La autora de Las Meninas hace unos tres años y, entonces, lo único que pensé fue: “Menudas ocurrencias”. Pero muchas de las cosas que él escribió para ese futuro están ocurriendo ahora, y por ello ha tenido que ir reescribiendo el texto, porque se estaba quedando demodé. Te garantizo que si lees el primer texto te das cuenta de que cosas que él había imaginado para el futuro ya han pasado y se han quedado atrás. Imagínate el camino que llevamos... El futuro que se plantea en la obra es muy, muy real. Aún podemos reírnos de ese futuro porque está lo suficientemente lejos como para hacer una distopía y una fábula sobre un futuro negro, pero un futuro posible al fin y al cabo.

El pasado domingo fue un día muy intenso por todo lo ocurrido en Catalunya. Si la cultura tuviera más peso y le diéramos el valor que se merece, ¿habría ocurrido lo que hemos visto?

-Esto es muy peliagudo. Creo que somos una sociedad culta y que la cultura se queda un poco al margen de esto. Porque los fanatismos, los radicalismos y el enaltecimiento de las naciones son algo muy peligroso. Sí que la cultura puede ayudar pero también se la pueden cargar de un manotazo. Lo que ha pasado y lo que está pasando no tiene una solución tan sencilla. Realmente creo que somos un pueblo culto y no sé si una mayor cultura habría evitado lo que vimos el domingo. Sí es cierto que se utiliza mucho la palabra “diálogo” y que con el arte se puede dialogar muy bien y eso abre la mente. Todo lo que estamos viviendo por un lado y por otro, y cómo la sociedad se levanta y se pone en pie para reivindicar cosas, eso no tiene nada cultural.

Volvamos a la obra de este sábado. Teniendo en cuenta que se aboga por el valor de la cultura, ¿se trata de un texto erudito e intelectual o trata de acercarse a todos los públicos?

-Es tremendamente cercano. El estilo de escritura de Ernesto sí es intelectual;todos sus textos son de alto vuelo porque tiene un grandísimo nivel intelectual. Yo me he pasado la vida con el diccionario al lado para ver qué significaban algunas palabras que él utilizaba (ríe). Y he dicho palabras por mi boca que era la primera vez en mi vida que las decía. Utiliza este estilo de escritura, muy rico y con un vocabulario magnífico, porque él habla así, pero el público en ningún momento está perdido. Los personajes tienen mucha cercanía con el público y pese a lo complicado que sea lo que estén contando, lo puede entender hasta un niño. No tiene que venir un público selecto ni ningún experto en arte. Para eso está el teatro, para enseñarnos cosas.

Aunque sea una pregunta tópica, ¿qué clasificación personal hace Carmen Machi en cuanto al cine, al teatro y a la televisión?

-Las empato todas. No hay diferencia. El medio cambia pero los tres tienen el mismo objetivo. Somos contadores de historias, solo que con diferentes métodos. Mi hábitat natural es el teatro, es donde he estado toda mi vida y donde me encuentro más cómoda, pero no por ello lo pongo en el primer lugar. La magia del cine es incomparable a otro medio. Pero la catarsis que se produce cuando haces teatro, solo se consigue en el teatro. Es mágico pensar que lo que decimos se lo lleva el viento y que el espectador ve algo único e irrepetible. Y la televisión para mí fue un medio que hice hace un tiempo, y el roll de las series que hacía era sitcom, con público, por lo que no tengo una experiencia de televisión al uso. Mi experiencia fue muy buena, la televisión es una escuela fabulosa.

Ahora que menciona la televisión, tengo que decirle que usted ha sido un referente en la comedia española televisiva. ¿Volveremos a verle en alguna serie en un futuro próximo?

-No tengo ningún proyecto de televisión en mente. Compagino desde hace muchos años cine y teatro. Teatro hago siempre, obras muy alejadas de la comedia;en el cine hago personajes que no se parecen entre ellos nunca. Y en cuanto a la televisión, tiene que haber un proyecto que me atrape mucho para que vuelva. Hoy por hoy, eso no ha ocurrido;y cuando ha ocurrido no ha sido el momento oportuno porque la dedicación que requiere no la puedo compaginar con mis otros proyectos.

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