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En la frutería donde compro siempre...

Iñaki Redín Eslava Profesor de Ciencias - Jueves, 5 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

En la frutería donde compro siempre mañana se despide Isabel. Isabel, Ana y Josetxo llevan años siendo mis camellos de fruta, años sirviéndome un producto excelente y enseñándome todo sobre las diferentes variedades, propiedades, recomendaciones y un largo etcétera de buen servicio.

Y lo hacen porque les encanta su trabajo, se les nota porque en sus rostros siempre hay lugar para la sonrisa. Pero la proliferación por el barrio de comercios en los que lo que impera es la bajada de precios y la ausencia de calidad, ha obligado a Josetxo a prescindir de Isabel, compañera con la que lleva más de 15 años trabajando codo con codo... y con placer.

Mi tía me dice que soy un gastador porque le compro a Josetxo las ciruelas a dos euros en lugar de a uno, como las venden en tiendas low cost. Pero yo le digo que cuando pagamos 1 por algo que cuesta 2, alguien paga ese uno por nosotros. Y generalmente, la forma de cómo se consigue el milagro de que algo que cuesta dos pase a valer uno es quitando algún derecho a los trabajadores. Si, por ejemplo, no les pago las horas extras o las vacaciones, puedo conseguir incluso ciruelas a 0,5 euros.

En este caso, Isabel ha terminado poniendo de su bolsillo en forma de despido, ese eurillo que cree ahorrarse mi tía y otras muchas como ella. Si no pagas lo que valen las cosas, alguien las paga por ti, y generalmente es a base de atentar contra el medio ambiente o eliminar derechos de los trabajadores, derechos que no volverán y que costó mucho que fuesen reconocidos.

En la frutería de Josetxo seguirá apostándose por la calidad y el buen rollo, con trabajo digno y con todos sus derechos cubiertos, pero sin Isabel. No nos podemos permitir perder este tipo de tiendas porque son las que nos dan calidad de vida.

Mientras tanto, en las tiendas low costseguirán bajándonos los precios para mantenernos en el espejismo de que es mejor para nosotros comprar mierda... pero, eso sí, a un precio irresistible.

Un beso muy fuerte para Isabel de parte de un enamorado del comercio de proximidad.

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