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1-O, el día más negro de la democracia

Por José Luis Úriz Iglesias - Jueves, 5 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Pasó el 1-O, ahora nos encontramos con la resaca de un día duro y triste para quienes nos consideramos demócratas, sean cualesquiera nuestras ideas, de izquierdas, de derecha, nacionalistas de cualquier tipo o no. Porque hoy cualquier persona de bien, sensata y lúcida debe estar apesadumbrada por lo ocurrido.

Es evidente que lo desarrollado ese día no puede considerarse un referéndum como tal, no pasala prueba del algodón para considerarse así, especialmente a nivel internacional. Desde su propia organización, pasando por el censo, la falta de control en las votaciones que provocó, por mucho que se empeñen en asegurar que no era posible, que muchos ciudadano votaran más de una vez (algunos alardearon gráficamente en las redes sociales de 12), o que votaran gentes que no podían hacerlo, probablemente con códigos de quienes sí.

Igualmente era una convocatoria que venía de premisas ilegales, saltándose las normas no sólo del Estado sino del propio Estatut (Coscubiela lo recordó cuando planteó que la votación requería la presencia de al menos dos tercios de los parlamentarios, 92 y solo estaban 72, por citar alguna de ellas).

También que la reacción desproporcionada del Gobierno de Rajoy, especialmente a través de la represión policial, dificultó de manera fundamental su desarrollo. Pero también que a pesar de todo ello muchas personas, no sé si dos millones o alguna menos, se movilizaron para intentar ejercer su derecho a decidir y eso todos lo deberíamos tener presente de cara al futuro. No eran solo aguerridos adolescentes borrokas, o desarrapados antisistema. Los había de todas las clases y condición social, de diferentes edades, desde ancianas que vemos comprando por los mercados, hasta jóvenes universitarios, amas de casa, vecinos, personas de las que nos cruzamos a diario por las calles. Y lo hicieron rodeados de policías repartiendo estopa, dedicando muchas horas para proteger urnas, papeletas, o colegios electorales, con riesgo físico, ahí están las imágenes con una gran cantidad de heridos, o multas y sanciones.

Cerca de dos millones son muchos, podremos argumentar que aún quedan los tres millones y medio restantes, pero o tomamos nota de ese clamor, o corremos el riesgo en equivocarnos en la solución. De ahí uno de los errores de Rajoy y su gobierno. Por un lado demostró una gran ignorancia de lo que realmente estaba pasando allí y por otro una profunda ineptitud a la hora de enfrentarse a ello. ¿Pretendía parar ese tsunami con 10.000 policías y guardias civiles? ¿Cómo es posible que midiera tan mal sus movimientos y la fuerza del oponente? ¿Cómo que los lanzara en paracaídas sin conocimiento del terreno, en zona hostil y sabiendo que no tendría la colaboración de unos Mossos que no iban a cargar contra su gente? Error de bulto, tanto que a la vista de las imágenes que recorrieron redes sociales y medios de comunicación de todo el mundo, tuviera que echar marcha atrás ordenando a las 11 de la mañana el repliegue de los efectivos y que se pudiera votar con normalidad a partir de esa hora. Consiguió así que una consulta que estaba condenada al fracaso, porque probablemente sin esas imágenes de cargas policiales injustificadas, el número de votantes hubiera sido mucho menor, adquiriera una importancia que no tenía. De alguna manera gracias a su torpeza quedaba legitimada. Mucha gente que no pensaba acudir lo hizo antes esas agresiones, ante el visionado de señoras mayores zarandeadas, niños llorando de miedo o decenas de heridos de diversa consideración. Así, muchos demócratas que no estábamos con el independentismo, nos encontramos profundamente incómodos, en muchos casos indignados y todos desde luego preocupados con esa deriva. Ver las imágenes de Nuria Marín, alcaldesa de Hospitalet expulsando a los policías de un colegio al grito de “idos, aquí hay gente pacífica” y al mismo tiempo increpada, insultada, agredida por un grupo de energúmenos del otro lado, refleja mejor que nada en qué bucle melancólico nos vimos inmersos. Rajoy perdió de esa manera su posición, su lugar, especialmente ante el resto del mundo tal y como refleja la prensa internacional. Perdió la batalla del relato desde el primer minuto. Hoy la causa independentista se ve con mayor simpatía que hace unos días. ¿Error, incompetencia o estrategia? Es probable que lo último y eso sí que sería especialmente grave, que solo hubiera actuado así para tener réditos electorales en unas elecciones anticipadas. En su discurso del domingo ya lo apuntó;si me dejáis solo con esto os llevo a un nuevo proceso electoral en el que podría sacar la mayoría absoluta. Lamentable porque el precio para el país es muy alto.

No fue Rajoy el único que cometió errores el 1-O. También Puigdemont y los suyos lo hicieron comenzando por la propia convocatoria de un acto ilegal e ilegítimo. Porque en su discurso de la noche del domingo perdió la oportunidad de dar un jaque mate al Estado, planteando que con lo acontecido la ciudadanía catalana se había ganado el derecho a un referéndum legal y pactado, abriendo así la vía de un diálogo hoy imposible. Igualmente debió aprovechar esa propuesta de acuerdo para ampliar su base de apoyo, lo que los marxistas definimos como “acumulación de fuerzas”, añadiendo a ese sector a Podemos y PSOE.

La izquierda estatal tampoco se libró de los errores este día, desde el “echarse al monte” de Podemos y su marca catalana, especialmente en el caso de Ada Colau, hasta la tibieza con tintes de complicidad con el PP del PSOE. Es cierto que Sánchez planteó la necesidad de abrir una vía de negociación, pero perdió la oportunidad de haberla liderado con planteamientos concretos y por supuesto desde una condena más contundente de la violencia policial. ¿A partir de ahora qué? Diálogo, negociación y acuerdo. ¿Cuándo, quién, cómo y qué? Desde ya. Lo normal y deseable sería que fuera directamente Gobierno de Rajoy-Gobierno de Puigdemont, pero si como parece probable eso no fuera posible, debería dar un paso al frente Sánchez y su PSOE y con la colaboración de Podemos comenzar a trabajar la presentación de una moción de censura de manera inmediata con la única condición de eliminar el lastre de Rajoy. Hoy es tiempo de estadistas que den la talla.

El nuevo gobierno derivado de la misma debería comprometerse a abrir una vía de diálogo, con la previa necesidad de parar momentáneamente la DUI (declaración unilateral de independencia) y negociar el día después de ese cambio de gobierno con los planteamientos clásicos. Esa vía se concretaría acordando un referéndum pactado y legal, con el compromiso de cambiar la legislación para permitirlo en un plazo concreto, con unas reglas de juego igualmente acordadas. ¿Todo esto solucionaría el embrollo en el que estamos situados? Probablemente no, pero desde luego como no se soluciona es con la inacción o la confrontación. Porque hoy es Catalunya, pero existe un alto riesgo de contagio en Euskadi mañana si no solucionamos esto desde ya.

Cada vez se escuchan más voces en la sociedad civil, de un lado o de otro, que aseguran que los políticos, todos, están para solucionar nuestros problemas, no para crearlos y ahora lamentablemente está ocurriendo lo segundo.

Veremos.

El autor es exparlamentario y concejal del PSN-PSOE

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