Noticias de NavarraDiario de Noticias de Navarra. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

Períodico de Diario de Noticias de Navarra

El Ciga más social

La recuperación de dos obras de Ciga, destacan su participación en el movimiento pictórico del Realismo Social, denunciando las lacras sociales de principios del siglo XX.

Un reportaje de Pello Fernández Oyaregui - Domingo, 8 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

‘La calceta’, J. Ciga, Madrid 1910.

‘La calceta’, J. Ciga, Madrid 1910.

Galería Noticia

  • ‘La calceta’, J. Ciga, Madrid 1910.

Javier Ciga, una vez más nos demuestra que participó de los géneros y movimientos pictóricos de su época, como lo evidencian dos importantes obras de la etapa madrileña (1909-1911), La calceta y Los borrachos, que han sido donadas recientemente a la Fundación Ciga y que nos permiten afirmar la modernidad de este pintor pese a su apariencia clásica, al participar en los movimientos en boga en aquellos momentos, en concreto en el Realismo Social. Estas pinturas, nos presentan un Ciga mucho más poliédrico y preocupado por la realidad social que le rodea.


Etapa de Madrid:

1909-1911

La carrera de Ciga dará un giro después de sus triunfos en 1908, 1909 y 1910 en el concurso del cartel de San Fermín. Este éxito provocó el mecenazgo de su primo lejano Nicanor Urdampilleta, indiano de origen elizondarra, gracias al cual podrá realizar estudios artísticos, tanto en Madrid como en París.

Su aprendizaje y producción artística girará en torno a la Academia de San Fernando, al Museo del Prado, y a sus profesores Moreno Carbonero y José Garnelo. Pero Ciga que vivía en pleno corazón de Madrid, no se conformó con esta faceta académica y contempló e interpretó esa cruda realidad social. Los niños de la calle, el analfabetismo, los borrachos, el mundo del hampa y la sordidez de los barrios más pobres, fueron tema de su pintura participando de esa corriente pictórica que llamamos Realismo Social, tan en boga en aquella época, lo que suponía un rasgo de absoluta modernidad.


Realismo Social

Este movimiento irrumpe con fuerza en Francia en la 2ª mitad del XIX, queriendo recoger los anhelos de esas clases desfavorecidas campesinado, proletariado, marginados. Como hiciera Victor Hugo con su obra Los Miserables en literatura, Courbet y Daumier lo plasmarán en la pintura, haciéndose eco de los ideales revolucionarios y denunciando ese mundo y esas condiciones infrahumanas. Esta corriente combativa se alejará de otro realismo, más costumbrista que daba una visión edulcorada de la realidad más próxima al gusto burgués. En España, estos nuevos modos pictóricos llegarían más tarde, al final del siglo XIX y comienzos del XX. Es en este periodo de entresiglos, cuando las grandes figuras del momento empezarán a presentar obras de esta temática a las grandes exposiciones tanto nacionales como internacionales. Todo ello al amparo de una nueva doctrina social de la Iglesia con la encíclica Rerum Novarum de León XIII de 1891. La pintura entraba en un periodo de intensa renovación, los caducos y trasnochados géneros de la pintura de historia y religiosa daban paso a la plasmación de una nueva visión social con evidente carga crítica.

Las grandes figuras del momento abrazarán este nuevo lenguaje, autores como Sorolla, más conocido por su pintura amable, a finales del siglo XIX pintará cuadros donde denuncie la marginación, la prostitución, las desfavorables condiciones socio-laborales etc, en obras como: Triste Herencia, Otra Margarita, Trata de Blancas y ¡Aún dicen que el pescado es caro!. Sorolla había cosechado en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, dos rotundos fracasos con sendos cuadros (histórico y religioso);ahora en 1892, gana la primera medalla con su obra Otra Margarita en la que plasma una patética escena de una madre detenida por matar a su hijo, tema tomado del Faustode Goethe. Zuloaga el otro gran pintor, hacía suyos los postulados del noventayochismo, resaltando los aspectos más dramáticos y descarnados de lo que conocemos como España Negra.


El analfabetismo como lacra social

Ciga, en su incursión en el Realismo Social, abordará un tema de extraordinaria importancia como es el analfabetismo, en su obra La calceta. Era una auténtica lacra social y más aún en la población femenina. En la España de 1910, la tasa de analfabetismo era del 60% y en lo que respecta a las mujeres subía a un 66%. En consonancia con la crítica que la Generación del 98 hizo del secular retraso y decadencia española, y con las nuevas ideas regeneracionistas de Joaquín Costa, que se resumían en la frase de “despensa y escuela”, Ciga hizo un alegato a favor de la educación y en concreto de la alfabetización como arma de progreso.

En La calceta, obra fechada y localizada en Madrid en 1910, utiliza el recurso de aclarar el fondo, desde la parte inferior, de tonos más parduscos, a la parte superior, de tonos ocres más claros, de manera que la escena queda muy bien ambientada. Elige un esquema de composición triangular. Hace un estudio del rostro de la vieja tuerta, con el particularismo de esas caras curtidas, secas y enjutas de los personajes castellanos. Las arrugas y los pliegues faciales nos retrotraen a un registro de vida llena de dificultades, pero a la vez de dignidad y esencialidad. La calceta que está realizando con cuatro agujas, el hilo y el cesto de mimbre, son auténticas lecciones del realismo más perfecto. Ciga, que no deja ningún detalle al azar, nos muestra a la niña leyendo el periódico madrileño más popular de la época, La Correspondencia de España, un famoso noticiero vespertino, de gran tirada independiente de los partidos políticos, que se voceaba para ser vendido y al que se le apodaba popularmente La Corres.

Otro cuadro que presenta gran interés, es el que lleva por título Los borrachos. Ciga utiliza como en tantas obras, la luz artificial, en este caso un quinqué, creando contrastes lumínicos muy próximos al tenebrismo de Caravaggio, tan repetidamente utilizado por George de La Tour. La luz rojiza modela los rostros y enfatiza el aire desagradable y caricaturesco, acentuando el carácter de preocupación social por la marginalidad que denota la escena. Ciga pintó esas escenas sórdidas y duras, tratando de desvelar y ahondar en el mundo marginal y haciendo su particular incursión en la pintura social. En los rostros hace todo un estudio psicológico en torno a estos tipos. Fealdad, embriaguez y caricaturización nos llevan a ese realismo extremo y sin concesiones, que en Historia del Arte llamamos “Verismo”. En cuanto al esquema compositivo circular, en torno a la mesa, que luego tratará en otras obras, está muy bien resuelto. La disposición en altura de los personajes, y el tratamiento lumínico crean esa angustia y angostura espacial, que define la obra. Aparecen cinco hombres jugando a las cartas, que se interrelacionan a través del juego de miradas que confluyen en la figura de la izquierda. La bebida, pipa, humo, quinqué, naipes y monedas, completan esta escena de los bajos fondos madrileños

Otras obras de esta misma época pertenecientes a este mismo género, son El niño de las cerezas, La triste noticia. En Los segovianos o la carta, trata el mismo tema del analfabetismo y hace una clara referencia a la pintura de Zuloaga.

Una vez más, Ciga deja patente su modernidad, y conexión con los movimientos pictóricos de la época y se convierte en el intérprete del alma y la sociedad de su tiempo.El autor es catedrático de Historia del Arte de Enseñanza Secundaria y presidente de la Fundación Ciga

Herramientas de Contenido

Más sobre Cultura

ir a Cultura »