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10 de octubre: Día Mundial de la Salud Mental

Por Tere Sáez Barrao y Asun Lasaosa Zazu - Martes, 10 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Hoy se celebra el Día Mundial de la Salud Mental. Ocasión oportuna para mostrar que ha llegado ya el momento de que las personas con trastornos psíquicos puedan dar un paso al frente y romper la burbuja del silencio para acabar con la estigmatización y la marginación a las que están sometidas y para reclamar niveles de respeto a la altura de la dignidad del ser humano.

Porque, además, los diagnósticos de sufrimiento psíquico se disparan en épocas de crisis dado que hay una relación clara entre precariedad, estrés y salud mental. Y existe también una relación clara con la condición de género, ya que la sobrecarga de tareas relacionadas con los cuidados o la diferencia de recursos económicos hace que el porcentaje de personas diagnosticadas con rostro de mujer sea más elevado. No es casualidad que desde el comienzo de la crisis los suicidios se hayan disparado un 20%.

Y sin embargo, quienes experimentan algún tipo de sufrimiento psíquico son invisibles, viven ocultas. Los trastornos mentales se vinculan con el riesgo público y, pese a que los datos de la OMS han desmentido esta relación hasta la saciedad, se les ve como personas peligrosas o, en el mejor de los casos, como diferentes, y provocan como mínimo prevención. Esta actitud prejuiciosa resulta enormemente dañina, porque son personas más frágiles, más necesitadas, y se encuentran en peor situación para relacionarse.

Pero es que el prejuicio de la peligrosidad social no sólo provoca desprotección y sufrimiento, sino que conduce también muchas veces a una vulneración intolerable de sus derechos, que se ven cuestionados, cuando no suprimidos, sólo por causa de su diagnóstico.

La Declaración Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas (1948) establece en su punto 9.1 que “todo paciente tiene derecho a ser tratado lo menos restrictivamente posible y a recibir el tratamiento menos restrictivo y alterador que le corresponde a sus necesidades de salud y a la necesidad de proteger la seguridad física de terceros”. Y sin embargo los ingresos involuntarios y forzosos, tan frecuentes, suponen la privación de libertad impuesta, total y absoluta, y en muchas ocasiones se llevan a cabo de forma aleatoria, funcionando más bien como una herramienta de orden público que como una medida de carácter terapéutico.

Lo mismo ocurre con la práctica de la contención mecánica (eufemismo de atar a una cama con correas), de cuyo uso se abusa de una manera alarmante, muchas veces como castigo cuando se portan mal o como forma de inmovilizarles cuando no hay suficiente personal para atender a todas las personas ingresadas. Tanto los ingresos forzosos como las sujeciones mecánicas deben llevarse a cabo sólo cuando se hayan agotado todas las demás alternativas (incluida la sujeción verbal), y siempre prestando un continuo apoyo emocional para ayudar a sobrellevar este tipo de intervenciones, tan traumáticas y dolorosas. Deben además tender a desaparecer, como ha ocurrido ya en otros países.

Para ello es necesario que la sanidad pública se dote de un número mayor de profesionales al mismo ritmo que aumentan los problemas de salud mental. Asimismo es fundamental que el personal sanitario tenga también formación en bioética y en los derechos de las personas para ser capaz de valorar en cada caso la constitucionalidad de estas medidas que limitan la libertad personal que consagra el artículo 17 de la Constitución española.

Por otra parte, no debe olvidarse el derecho a la información y a la participación en la toma de las decisiones. Toda actuación en el ámbito de la salud necesita un consentimiento libre y voluntario del afectado. Es necesaria además una asistencia psicológica con la frecuencia adecuada, puesto que el tratamiento no puede basarse sólo en las prescripciones farmacéuticas. La psicoterapia continuada es una vía fundamental para mejorar las condiciones de vida de las personas con sufrimiento psíquico, y en algunos trastornos (ansiedad, depresión), es tan eficaz como los fármacos. Y pese a que está claramente demostrado el ahorro que ocasionaría ofrecer un servicio de psicoterapia de calidad, la psicología clínica está en España muy por debajo de la media europea (4,5 por 100.000 habitantes frente a 18).

Porque la sobremedicación a la que se somete a las personas psiquiatrizadas con una frecuencia alarmante para tratar de suplir estas carencias en muchas ocasiones impide llevar una vida normal. Urge por tanto formar a quienes la prescriben para que puedan poner freno a las presiones que ejercen las empresas farmacéuticas, convirtiendo en un negocio privado lo que debería estar orientado al bien común. Prácticas como la psicología, ayudadas por la asistencia comunitaria, la continuidad de los cuidados y la atención en el domicilio, harían innecesario el abuso de la respuesta farmacológica. Porque, además, la esperanza de vida de las personas con determinados trastornos mentales es sensiblemente inferior a la del resto de la población.

Asimismo resulta necesario establecer unidades de formación y apoyo psicológico para quienes cuidan, que normalmente no saben cómo afrontar la situación ni cómo ayudar, padeciendo unas cotas de incertidumbre, temor y dolor elevadísimas.

En cuanto a la prevención durante la educación, no sólo deben potenciarse hábitos saludables como el deporte, sino que también resulta imprescindible trabajar en dos direcciones. Por un lado garantizar el éxito escolar de todo el alumnado, especialmente entre las clases sociales más desfavorecidas, y por otro, trabajar la autoestima de cada estudiante mediante estrategias para desarrollar el equilibrio personal, la inteligencia emocional y el establecimiento de relaciones sociales sanas, así como prestar la atención debida al bullying.

Para terminar, queremos agradecer la gran labor que vienen desempeñando asociaciones como Mejorana y Anasaps, así como el esfuerzo y la dedicación de todas las personas que, en el ámbito de la sanidad pública, con su entrega y dedicación han sabido paliar en la medida de sus posibilidades los estragos causados por los recortes. También hacemos un llamamiento a todas ellas a trabajar coordinadamente para construir con urgencia un sistema que frene los daños que causan el deterioro progresivo a la atención de la salud mental.

Las autoras son parlamentaria de Podemos-Ahal Dugu y Salud Mental Podemos, respectivamente

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