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Ikusi makusi

Dos no hablan si uno no quiere

Por Alicia Ezker - Viernes, 13 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Dialogar. Esa es la clave. Como si dialogar fuera una cosa fácil que dependiera de uno mismo, como si el diálogo fuera algo que se consigue solo con hablar. Diálogo sí, como herramienta de convivencia, como puente entre las personas, como el único camino posible para salir del conflicto y entrar en la negociación. Diálogo siempre en todas las facetas de la vida. Hablar para entendernos: en la familia, en la pareja, con los hijos, con los amigos, en el trabajo... hablar y escuchar, con una escucha activa que nos haga entender, que no necesariamente compartir, lo que nos está diciendo la otra parte. Porque siempre hay dos partes. Proponer y recibir, plantear y aceptar. Hablar, para buscar el acuerdo, incluso aunque nunca se encuentre. Que no sea por las cosas no dichas, porque lo que no se dice no queda, se pierde y si seguimos perdidos nadie avanza o lo que es peor, se avanza a ciegas, con el peligro de caer. Diálogo es lo que pide la sociedad, los catalanes y los que no lo somos, los independentistas y los que no comparten sus tesis, lo que pide la mayoría de los políticos, salvo los de siempre, lo que reclama Europa y lo que puso sobre la mesa la Generalitat de Catalunya en palabras de su President. Diálogo “sin condiciones” con la otra parte, con el Gobierno de Madrid, con el único que en boca de su presidente ha vetado esa palabra y está dispuesto a todo menos a negociar, avanzar y salir del conflicto, porque ha decidido esperar, algo que hace bien Rajoy, y llegar hasta el final, aunque arrastre lo que tenga que arrastrar. Dos no hablan si uno no quiere y Rajoy no quiere. Les va más la imposición. Rajoy es más un monologuista; lo es en sus comparecencias sin preguntas y en sus intervenciones sin respuestas. Habla para él y para los suyos desoyendo a los demás. Es un político de otros tiempos para una política del pasado. Y ahora más que nunca es tiempo de futuro, de diálogo, de libertad, de democracia, de respeto, de paz. Bastaría con coger el teléfono y llamar a la otra parte, aunque fuera para finalmente decirle que no a su planteamiento, aunque fuera para demostrar que es el otro el que no quiere un acuerdo. Pero esa no es su opción. El mismo Gobierno que no da credibilidad a un referéndum (que considera ilegal y que no se celebró) ni a sus resultados, exige que se aclare si hubo o no una declaración de independencia a raíz de esos resultados, porque si es así, entonces si le dará credibilidad, pero no para construir un nuevo marco de relaciones entre Catalunya y el Estado sino para derribar, con todo el peso del artículo 155, algo que según él no existe. Cualquier cosa antes que hablar.

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