Noticias de NavarraDiario de Noticias de Navarra. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

Períodico de Diario de Noticias de Navarra
Historias Diarias

Gestos de la gente bonita

por emma alonso pego - Sábado, 14 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Un racimo de nubes azul opaco cubría la línea del horizonte. A esa hora, un poco antes de que la débil luz otoñal se pusiera del todo, las cafeterías de la bahía se llenaban por completo. Tras la cristalera de una de ellas, Melisa parecía contemplar el ir y venir pausado de las olas mientras giraba como un autómata la cucharilla en la taza de té. Había quedado con Txenu, su marido, con el que aún compartía cocina, salita y cuarto de baño. Pero no cama. Por eso ella había elegido un lugar neutro, cualquier sitio que no fuera el piso que hacía seis semanas había dejado de ser un hogar para transformarse en un barco a la deriva. Una vez más, durante sus más de treinta años de convivencia, le tocaba a ella tomar el timón, luchar en plena tempestad emocional para salvarse a sí misma y, sobre todo, a sus dos hijos. La chica era mayor, estaba a salvo. No de la pérdida, por supuesto, ni de la honda decepción que marca la frontera entre el antes y el después, pero ya tenía un cierto rodaje en la vida: había encontrado un buen empleo y un novio bondadoso con el que compartía su pasión por la ciencia y por las pequeñas cosas del día a día. Pero el chico acababa de empezar la carrera. Era de carácter sensible y poseía una imaginación ardiente que podía hacerle perder pie. Tenía justo la edad en que afloran muchas debilidades mentales y ella estaba dispuesta a todo por protegerlo. El aún no sabía que su padre se había alejado de ellos, que los había excluido de su vida. Que llevaba saliendo desde hacía meses con alguien que acababa de conocer y parecía haber olvidado todo: la entrega, los proyectos compartidos, el apoyo recibido en los largos años de tratamiento psiquiátrico, la aceptación incondicional, la camaradería. Todo y en ese todo se incluían los principios que él había defendido desde sus primeros años de lucha social, su pretendido espíritu de justicia y de solidaridad. El chico aún desconocía que su padre los había olvidado emocional y económicamente. Que había decidido no malgastar en los estudios de su hijo, parte de la jugosa pensión que cobraba desde que le concedieran la incapacidad absoluta a causa de su trastorno mental. Melisa pensaba en todo esto al tiempo que se veía convertida en la espectadora de su propia vida. Se vio reflejada en el cristal. Su gesto de niña había logrado sobrevivir al duro trabajo y , sobre todo, a las decepciones inevitables del camino. ¿Cómo conseguiría sobrellevar este abandono, esta traición por parte del compañero de su vida? Y más que nada, cómo se lo harían saber al chico. Esa era en realidad la razón principal de la cita.

Consultó el reloj, diez minutos de retraso era algo inusual en Txenu. O quizás no. Quizás esa fuera su verdadera naturaleza, la impuntualidad, y hubiera fingido durante todos esos años ser alguien que en realidad no era. Qué era ficción, qué realidad. Por quién había luchado, a quién le había entregado sus renuncias. Se sentía cansada, muy cansada. Suspiró y cerró un momento los ojos sin darse cuenta de que una muchacha de unos veinte años venía observándola desde hacía rato. Tenía la piel muy blanca y el pelo tan rizado como Melisa, castaño claro, casi rubio. Y llevaba un bolso en bandolera. Podía ser una joven periodista , pensó fugazmente Melisa al reabrir los ojos, o simplemente una joven con ganas de aspirar el mundo, una apasionada de la imagen que había aprovechado el Festival para empaparse de cine y de mar. Pero asimismo, podía ser un reflejo de sí misma treinta y cinco años atrás. Reconocía la mirada, el gesto atento y ensimismado a la vez, transformando lo extraño en algo íntimo. Una artista. Y recordó los paseos con su amiga Elsa, hablando de pintores y escritores y de familias torpes que no conseguían crear un hogar de verdad : sus propias familias. Ella y Elsa acostumbraban a caminar sin darse cuenta de que, según los visitantes, habitaban una de las ciudades más hermosas de la tierra. Para ambas, crecidas en ambientes inhóspitos, sus conversaciones les ayudaron a nombrar lo vivido y lo pensado y con los nombres pudieron vislumbrar y poco a poco ir abriéndose camino a través de las dificultades. ¿Quieres sentarte?, la chica se ruborizó, sobresaltada. ¿Por qué no?, consiguió articular con un fuerte acento francés. Esto está muy lleno, y como mi marido me ha dado plantón, podemos compartir mesa. Qué significa plantón. Plantón…..Así fue como Melisa dio comienzo a una nueva amistad. Con una primera clase improvisada de español para extranjeros. Y, cuando vio a su ya ex marido pasar abrazado con su amante, entre el revuelo causado por el paso de una estrella delcine, le dijo a la chica: ¿Sabes por qué te he invitado a sentarte conmigo? Porque tú perteneces a lo que yo llamo gente bonita. Bonita por dentro, entiendes. Sí, comprendo. Usted también tiene eso. No, usted no. Yo, Melisa. Yo, Émilie.

Herramientas de Contenido