La semana

Un poco de educación política

por F. Pérez-nievas - Sábado, 14 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

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ya son varias ocasiones en las que desde esta ventana de opinión muestro mi vergüenza ante la forma de proceder de algunas personas en actos públicos ante el euskera. En el salón de plenos del Ayuntamiento de Tudela al menos me ha sucedido en tres ocasiones que se hayan oído, toses, murmullos o incluso algún silbido cuando el orador (Milagros Rubio, la presidenta Barkos y en alguna otra circunstancia que yo recuerde) se le ocurre comenzar un discurso en euskera. Pues el otro día volvió a suceder y de nuevo fue con alcaldes y concejales regionalistas que se encontraban viendo el pleno parlamentario sobre la Ribera. A Adolfo Araiz (EH Bildu) se le ocurrió iniciar su intervención en euskera, pues a varios representantes municipales les faltó tiempo para levantarse e irse dejando la imagen de la Ribera por los suelos aunque, en este caso, es bien cierto que no nos representan. Lo ridículo de la situación surge cuando somos perfectamente conscientes de que si esa misma persona hubiera iniciado su discurso en francés o en inglés (que se lo digan al alcalde de Marcilla) se hubieran quedado encantados e incluso se hubieran colocado los cascos de la traducción simultánea. ¿Cómo podemos estar pidiendo diálogo para tratar de solucionar la situación de Cataluña si somos incapaces de respetar a quien habla en un idioma que no conocemos? El problema es mayor cuando esa reacción que en Tudela he sufrido con toses, murmullos o silbidos se da en representantes municipales. Decía el otro día en Tudela el parlamentario Koldo Martínez, “no sé qué hemos hecho mal todos para que cargos municipales tomen esa decisión de ausentarse de un pleno cuando un parlamentario está hablando en una de las dos lenguas de Navarra cuando además existe traducción simultánea para todos. Fue una actitud lamentable”. Si, algo han hecho mal los partidos políticos y lo siguen haciendo mal cuando se dan estas situaciones. Quizás habría que enseñar educación a las bases, dado que las cúpulas, visto lo visto, parecen ya un caso perdido. Lo estamos viendo a diario, los desprecios, los tópicos y los clichés prefijados son las mejores herramientas para crear y fomentar el independentismo. Lo dicho falta educación, pero educación política, y es más preocupante que eso suceda en los representantes municipales y, por lo que me toca, avergüenza que suela ser en la Ribera.

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