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Pamplona despide a La Fama

La mercería La Fama cierra sus puertas más de setenta años después de su apertura en la calle Mayor

Compartió su espacio con una juguetería y fue la primera en vender medias de seda en la ciudad

Laura Garde - Patxi Cascante - Domingo, 15 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Fernando Estanan, en el mostrador de La Fama, detrás del que ha trabajado más de treinta años junto a su mujer, Maite Hermida.

Fernando Estanan, en el mostrador de La Fama, detrás del que ha trabajado más de treinta años junto a su mujer, Maite Hermida.

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  • Fernando Estanan, en el mostrador de La Fama, detrás del que ha trabajado más de treinta años junto a su mujer, Maite Hermida.

pamplona- Fernando Estanan y Maite Hermida se jubilan y con su retirada la mercería La Fama, que custodia la calle Mayor desde la década de los cuarenta, echa la persiana. Su andadura había comenzado ya en forma de pastelería en 1904: “En 1904, el abuelo de Maite, mi mujer, abrió una pastelería. Cuarenta años después se quedó ciego y tuvo que retirarse. Era el único hostelero de la familia, así que sus hijas, incluida mi suegra, pusieron en marcha la mercería”, explica Estanan.

Maite empezó a trabajar en La Fama con tan solo 14 años, y Fernando llegó en 1984: “Al principio el negocio lo llevaban mi suegra y su hermana. Mi suegro se unió después a ellas y cuando él enfermó y murió, que Maite ya estaba trabajando, entré yo, que me dedicaba a otra cosa, y nos quedamos los dos”, relató.

Las modas han cambiado y las mercerías ya no se encuentran entre los establecimientos más reclamados. Fernando y Maite, tercera generación de la familia encargada del comercio, y ahora con las ventas en su contra, no van a dejar el legado a nadie pese a haber pensado en poner en venta el local. “Mi hijo lleva cuatro años en Yokohama y, de momento, no va a volver. Y mi hija trabaja en una empresa que no quiere dejar. Alguna vez hemos pensado en venderla para que alguien continúe, pero creemos que no merece la pena. Desde hace unos cuantos años estamos de capa caída. La gente ya no cose ni hace labores. Ahora tienes tiendas por las que encuentras chaquetas y vestidos por poco dinero. Las grandes superficies también han contribuido a esto”, aseguró Estanan mientras recalcaba la dureza de regir una mercería. “Apenas se vende. Una mercería completa requiere una inversión muy grande. Necesitas mucho material. Antes se vendía todo, pero ahora...”, completó. Así, hace alrededor de doce años, retiraron sus característicos patrones de la lista de productos. De 800, las ventas disminuyeron a 80. “Teníamos dos libros de patrones. Compraban uno, se iban a por tela y volvían a por cintas, hilos y botones. Esto dejó de ser rentable hace diez o doce años”, expresó con tristeza uno de los dueños de La Fama.

Los vecinos y vecinas de Pamplona recuerdan La Fama como la primera mercería que vendió medias de seda: “Aquí no existían. Eran la bomba. Nos las pasaban de Francia y encima con contrabando”, recordó Estanan.

El recuerdo más bonito de Fernando, y está seguro que también de su mujer, es la clientela. Cuando alguien duda de la paciencia que requiere estar detrás de un mostrador, él insiste en que ninguna: “La clientela es lo más alegre que hay, el 99% es encantadora”, declaró. “Aquí reside nuestro orgullo también. Es muy gratificante que vengan, que se asombren porque cierras y que te pregunten a ver qué van a hacer ahora y a dónde van a ir”, agregó Estanan.

Con una sonrisa en la boca, Fernando recuerda “una de las mil” anécdotas de sus treinta y tres años de trabajo, tras la que su protagonista le hace una visita cada vez que pasa por la capital navarra: “Vino una mujer andaluza a por un pijama y unos calcetines. Su marido estaba ingresado en la clínica. Cuando fue a pagar se dio cuenta de que no llevaba la cartera. Le dije que no pasaba nada, que volviese al día siguiente. Me preguntó por qué me fiaba de ella y le dije que esas cosas se ven en la cara. Desde entonces, viene a vernos cada vez que está en Pamplona”, expuso.

Durante unos años y al mismo tiempo que mercería, La Fama fue juguetería, época en la que vendieron como nunca. “Teníamos juguetes durante todo el año. Para navidad, venía un camión de Valencia. Guardábamos todo en una bajera y aquí en el primer piso. Se vendía muchísimo”, aseveró el comerciante.

el futuro, para ellos A Fernando y a Maite les toca ahora descansar. El futuro se lo toman con calma, aunque en sus mentes ya hay varios planes: “Me tengo que reciclar, buscaré algo que me llene. En mente tengo colaborar con alguna ONG. Mi hijo dice que vaya a la Escuela de Idiomas a aprender japonés, que así empezó él”, dijo. “Por supuesto, tenemos pendiente un viaje a Japón. Para ir, necesitamos más de un mes y no podíamos permitirnos cerrar todo ese tiempo. Ahora ya no nos libramos”, concluyó.

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