Música

Orfeo entre dos mundos

Por Teobaldos - Lunes, 16 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

l’orfeo de monteverdeIntérpretes: Con Valerio Contaldo, tenor. Marina Flores, soprano. Giuseppina Nridelli, mezzo. Konstantin Wolf, bajo. Anna Reinhold, mezzo. Salvo Vitale, bajo. Quiteria Muñoz, soprano. Nicholas Scott, tenor. David Sagastuma y Alessandro Giangrande, contratenores. Philippe Favette, bajo. Orquesta Capella Mediterránea. Coral de Cámara de pamplona (director, David Gálvez). Leonardo García Alarcón, clave y dirección. Programación: ciclo del Baluarte. Lugar: sala principal. Fecha: 14 de octubre de 2017. Público: tres cuartos de entrada (45, 32, 21 euros, con rebajas).

El origen del canto se pierde en el terreno del mito. Hablamos de un canto -monodia- con acompañamiento instrumental, tras siglos de predominio polifónico;un canto capaz de persuadir incluso a los dioses de ultratumba;y de encarnar una acción escénica, como en la tragedia griega. A finales del siglo XVI un grupo de compositores florentinos redescubren el embrión de la ópera, y Monteverdi lo lleva a la cima con su Orfeo que conecta los mundos opuestos y complementarios de las acciones y los sentimientos, de lo real y lo intangible, de la vida y la muerte. Una partitura impresa, con notas del compositor, pero que deja abiertas -como en toda música antigua- diferentes posibilidades de uso de instrumentos e interpretación. Leonardo García Alarcón acertó de pleno en su versión;primero porque contó con unos mimbres excelentes en su conjunto;y segundo porque tomó unos tempi, llenos de contrastes, de acuerdo con las abundantes emociones del texto: lentos, sin caer en la languidez, siempre intensos;rápidos en los momentos exultantes de canto a la naturaleza y de alegría. La orquesta Capella Mediterránea fue una delicia de variedad de timbres, con predominio, en muchos tramos, de la cuerda pulsada -lirone, tiorbas, guitarras barrocas- que pocas veces se escuchan con tanta claridad;a la par, la cuerda de arco siempre se practicó como elemento fundamental, tanto de tema, como de bajo continuo. Los metales, imponentes en la fanfarria (quizás la trompeta de pistones sobresalió un poco), fueron fundamentales -con los cornetos- en crear la oscura atmósfera del infierno. Todo fue magnífico, pero recordaremos detalles como el dúo de tiorbas con chelo y viola de gamba;o la lira;o las sobresalientes y adornadas flautas de pico. La Coral de Cámara de Pamplona -entreverada en escena, con los solistas- estuvo muy bien: brillante, en los momentos álgidos;exacta en las vocalizaciones;grave, en la parte de hombres solos. Y los solistas, completaron un plantel muy equilibrado y homogéneo, con unas voces muy apropiadas para los personajes, manteniendo siempre la tensión, sin que decayera la dramática narración, sin dejarse llevar por excesos románticos, pero llegando al público con valentía y emoción. Ese equilibrio y ese alto vuelo que todos mantuvieron durante las dos horas de música, fue el gran éxito de la velada. Pero, también, tuvo sus picos, por ejemplo la narración de la muerte de Eurídice por la mezzo Giuseppina Bridelli, fue conmovedoramente doliente. No obstante no hay que desmerecer a nadie: el Orfeo de Valerio Contaldo fue a más, hasta llegar al desesperado dramatismo final. La Eurídice de Mariana Flores, a la altura. Los bajos, magníficos en la zona oscura. El resto, muy bien. Se nos anunció un Orfeo en versión concierto;pero fue mucho más;fue una opera semirepresentada, con luces acertadas, cantada de memoria, con dramaturgia austera pero suficiente. Un éxito rotundo. El año Monteverdi se lo merece.