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Rajoy no es un loro, es una lechuza

Javier Orcajada del Castillo - Lunes, 16 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Cuentan que un chico viejo pidió a un amigo marino que le trajera un loro de África para pasar la soledad. Le sacó un dineral al gixaj. El marino gastó casi todo lo que le dio en vino y mujeres y el resto lo malgastó. Así que fue a un pajarero de Guinea y por cuatro perras le dio una lechuza a ver si le engañaba. Se la entregó al mutil zaharradiciéndole que le enseñara a hablar con paciencia pues a los loros les cuesta aprender euskara.

A la vuelta del viaje le visitó en el baserri y le preguntó si ya hablaba el loro. Responde: ¡Qué va!, ni palabra, pero estoy tranquilo, pues lo que se fija….

Ésta podría ser la historia de Rajoy: conociendo sus títulos académicos se puede pensar que cuando escucha en la tribuna del Parlamento está preparando una respuesta contundente, pues tiene los ojos abiertos y no mueve ni un pelo del bigote, solo su conocido tic del ojo izquierdo. Todos los suyos confían en su dialéctica ante sus opositores políticos. Pero la dolorosa realidad es que no sabe qué decir porque no es un loro parlanchín, solo es una lechuza que aparenta estar escuchando con atención, cuando en realidad se limita a leer los apuntes que sus amanuenses le preparan, aunque no hagan referencia a las cuestiones que se le plantean. Su retórica no pasa de ser la de un adolescente apasionado por el fútbol, que cuando habla espontáneamente se limita a frases sin sentido, con una sintaxis incoherente: y cuando hay tensión se inventa un viaje al extranjero para aprender idiomas y escurrir el bulto y volver cuando la prensa adicta logra rebajarla tensión jnformando detalladamente de algún crimen pasional, un huracán perverso en el Caribe o que algún ministro monte algún marrón que sirva para disimular el silencio de Rajoy y al final aparecer ante un plasma con los ojos redondos, aparentando un mundo interior profundo y reflexivo afirmando con énfasis que “un plato es un plato…”.

Es cuando el registrador de la propiedad que lleva dentro se transfigura y le surjen sus conocidas reflexiones que parecen dirigidas a niños y niñas en la preadolescencia. Como dice el mutil-zaharra: “No habla, pero lo que se fija…”, y así lleva cautivando a sus muchos y bien formados votantes que niegan la corrupción de su partido, afirman que la crisis es del pasado y que somos el país que más crece y tenemos la banca más sólida del mundo.

Ya lo decía Romanones: “Qué tropa, joder, qué tropa”.

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