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Madura, avanzada, amable y tolerante

Por Joseba Santesteban - Lunes, 16 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

calificativos con los que se ha llegado a valorar a esta subespecie de democracia instaurada. Fortificada en obligaciones y mermada en derechos. Que una vez más deja mucho que desear, especialmente al escuchar declaraciones de quienes pretenden postularse como alternativa de gobierno, donde el partido de la flor sigue sin saber dónde ubicarse y reparte responsabilidades eludiendo las que comparten con la gaviota azul. Declaraciones de demócratas de toda la vida, como la formación naranja, más proclive a la suspensión de derechos como paso previo al escenario electoral. Único fin, el electoral, con el que parece ser se entiende el concepto democrático.

Abordemos la tolerancia como el factor por el que desde la discrepancia se es capaz de admitir la diferencia del otro ser hasta el punto de poder integrar visiones diferentes para alzarse al objetivo común. Tolerancia es diálogo, básico en política y en el orden general de la convivencia, cuya ignorancia, estamentos internacionales como la propia Unión Europea o la ONU, que pide iniciar una investigación imparcial de la actuación del Estado el 1-O, le están afeando al señor presidente y al partido gobernante;tan proclive a soluciones manu militari, también reclamadas por grandes estadistasde aquel socialismo de Suresnes. El socialismo convertido en el socialdemócrata de la reconversión industrial de los 80. En los GAL.

Las 893 víctimas directas de la amabilidad que la democracia española graciosamente ejerce se suman al victimario de quienes no llegan a final de mes, de quienes son presa fácil de lobbies y de empresas sin escrúpulos;de personas que tampoco pueden decidir su futuro porque sencilla y amablemente se lo roban. Una amable democracia condenada en Estrasburgo por las devoluciones en caliente y por la misma corte europea, en al menos 8 sentencias, al omitir investigaciones de denuncias de torturas y malos tratos en dependencias de los aparatos del Estado. La amabilidad que subyace, y no se sabe ver y valorar, en leyes que coartan la libertad de expresión, de reunión, incluso de asociación, o la ilegalización del derecho sustancial en una democracia: el voto.

El concepto de democracia avanzada es difícil encajarlo como tal en un texto con 39 años de vida sin haber sido revisado y contextualizado en la contemporaneidad, con la salvedad de la modificación exprés del artículo 135 de la Constitución, por el que el Partido Socialista, con gran visión de Estado, empleó el pacto con el PP para socializar el país con el poder financiero. Sometiendo derechos constitucionales. Lo cual no deja de ser una inconstitucionalidad anclada en la propia Carta Magna. El texto de 1978 revisado, ad hoc, para la sucesión de la corona;del joven Borbón que reclama sin rubor mano dura frente a la disidencia y la discrepancia y al que le jalean desde las élites en el mismo tono que aquellas gentes de bien que democráticamente despedían a la Benemérita coreando: ¡A por ellos!

Una sociedad democráticamente madura tiene la suficiente valentía y seguridad para facilitar cualquier consulta sin abandonar la política del diálogo. Parafraseando a Julio Anguita, “un gobierno democrático que hace una política justa no tiene miedo a ningún referéndum”. La madurez de esta democracia, anclada en la vieja inquina frente a todo lo que no sea la unidad de la patria, permite que el partido más corrupto de Europa continúe como si nada pasase, asumiendo con absoluta desfachatez aquello de: ¿quién no lo haría? El PP dando lecciones de democracia repartiendo hostias como panes entre la población civil. Ésta, la catalana, como ya lo hiciera el movimiento 15-M en 2011 o el movimiento vecinal del barrio de Gamonal en Burgos, ha demostrado una madurez absoluta lidiando con máxima dignidad, arrollando y dejando en evidencia la capacidad de la partitocracia.

La acción y organización de la base social catalana, posibilitadora real de la consulta del 1-O, ha conseguido algo mucho más importante que la independencia, cuya declaración tiene un incierto recorrido. Con su unidad nos muestra el verdadero camino en la consecución de cualquier objetivo. Su acción ha dejado al Estado español, una vez más, en evidencia con la utilización de métodos más parecidos a los empleados por los tercios de Flandes, que han sido afeados por editoriales, gobernantes y estamentos internacionales. Ojalá seamos capaces de defender con el mismo ahínco los derechos sociales que paulatinamente nos quitan.

El autor es miembro del Grupo de Comunicación de CGT-LKN Nafarroa

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