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Osasuna se muestra como el líder

CONTINÚA LA RACHA | El conjunto navarro ofrece sus hechuras de gran equipo, se sobrepone a un gol de penalti y gobierna el destino del partido para llevarse un punto ante un buen Zaragoza

Javier Saldise | Mikel Saiz - Lunes, 16 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Oier celebra eufórico el tanto del empate tras un soberbio cabezado cruzado.

Oier celebra eufórico el tanto del empate tras un soberbio cabezado cruzado. (MIKEL SAIZ)

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Oier celebra eufórico el tanto del empate tras un soberbio cabezado cruzado.

pamplona- Osasuna demostró en La Romareda, en un partido especial ante un rival que estuvo a la altura de la calidad de la velada, porqué es el primer equipo de la clasificación. El líder de la categoría se mostró como lo que es: un conjunto sólido y sin fisuras, superior en todas las facetas del juego, con futbolistas también de otro nivel y capaz de gobernar la historia del partido incluso superando la adversidad de un gol en contra. Sólo le faltó tiempo y un poco de puntería para haber volteado el marcador.

El equipo de Diego Martínez confirma con hechos a cada semana las expectativas que va generando y ayer, frente a un buen Zaragoza, se mostró como un gigante que llevó el encuentro hacia donde quiso. Lanzado en el inicio del partido, abrumador su dominio durante toda la segunda mitad, entre medio, sólo un fallo estuvo a punto de echar un borrón en su expediente, el de ocho jornadas consecutivas sin perder. Un penalti inocente cometido por Fran Mérida castigó a Osasuna, que sin embargo no flaqueó en su ánimo, ni en su coraje, ni en su ambición, ni en el sentido cabal del juego para llegar hasta el empate y, casi, un poco más allá.

Osasuna no ofrece dudas acerca de su condición de máximo favorito para el ascenso y de un encuentro importante, en un derbi regional con su chicha, sale reforzado como grupo y como proyecto. También los futbolistas que participaron y estuvieron a la altura van subiendo el listón de este equipo al que habrá que tomarle en su verdadera consideración dentro de unas cuantas jornadas, cuando la competición vaya cogiendo profundidad y las plantillas muestren su capacidad real, su resistencia. Y en esto, parece que Osasuna anda sobrado de pulmones.

Ayer fue una prueba dura porque los partidos contra el Zaragoza llevan bordada la rivalidad entre vecinos, que en lo futbolístico se viene sacando de quicio desde hace tiempo. Porque el personal en la grada ruge bastante más en este tipo de citas, Diego Martínez recordó a los suyos que había que tener un control emocional que, en términos menos elegantes, significa no acongojarse ante el fragor general. Osasuna respondió a la petición de su entrenador y ofreció una puesta en escena intachable. El equipo rojillo enseñó una imagen autoritaria, de conjunto muy superior, y no dejó salir de su campo al Zaragoza hasta pasados los diez primeros minutos.

Un azote fue Osasuna, que buscó, se mereció y rozó el gol en un disparo de David Rodríguez a los cinco minutos que se paseó por encima del larguero. Exagerada fue la presión de los rojillos, hasta que el equipo local sacó la cabeza y se plantó en un par de ocasiones en el área de Sergio Herrera, también perfecto en un par de intervenciones.

Aunque el dominio de Osasuna se relajó, el mando de los rojillos seguía siendo inexcusable cuando ejercía el control del balón y especialmente se estiraba con peligro por la banda izquierda, por donde abundaron las conexiones entre Torres y Quique, una pesadilla para los defensas.

A Osasuna le bajaron los humos con un penalti indiscutible en el que el corazón pudo a la cabeza y Fran Mérida metió la pierna de forma inocente en una jugada sin aparente peligro. Borja Iglesias no tembló desde los once metros y engañó a Sergio Herrera. Un pequeño detalle le estaba costando muy caro a Osasuna tras un primer tiempo a gran altura.

Sin una sola marca en el ánimo, Osasuna ofreció en el segundo tiempo una versión todavía más impetuosa. Tras agotar los tres cambios en los primeros quince minutos, el tercero por la lesión de Lucas Torró, el equipo rojillo mejoró y puso cerco absoluto al área del Zaragoza que, encerrado en su campo, sacó la nariz de su cueva sólo en un par de ocasiones. Fue un ataque constante, organizado, en el que el corazón no se puso por delante de la cabeza. La versión de ataque mejoró con un Xisco colosal en el control del juego y también con Mateo, incisivo y con chispa a la hora de sacar paredes y buscar el gol, que estuvo a punto de hacerlo si no media una mano salvadora del meta del Zaragoza.

Con todo al ataque, Oier fue el encargado de premiar a su equipo y de coronar su gran actuación con el gol del empate. Aún Osasuna estuvo cerca de darle la vuelta al marcador con un final de encuentro abrumador -el Zaragoza se quedó con un hombre menos por una roja inexcusable de Pombo por pisotón a Fran Mérida-, pero el líder no se afea por lograr un empate. Sobre todo, cuando demuestra que es el mejor.