El Gares no tiene vértigo

tercera | este recién ascendido encadena cuatro triunfos y tras diez jornadas está en puestos de ‘play off’

M.J. Armendáriz | Mikel Saiz - Martes, 17 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Miguel González da órdenes desde el banquillo.

Miguel González da órdenes desde el banquillo.

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Miguel González da órdenes desde el banquillo.

pamplona- Quién le iba a decir al Gares que pasadas las diez primeras jornadas iba a estar en puestos de play off de ascenso en una categoría que acaba de estrenar. Y eso que fue el último equipo del grupo en lograr una victoria. Hasta la jornada seis, no había ganado. Eso sí, llegó la primera y tres más después, lo que le ha permitido subir del fondo de la clasificación hasta el puesto quinto.

Mucho mérito de esta reacción la tiene su entrenador, Miguel González, con experiencia de sobra en una categoría. “Hemos seguido la misma trayectoria que en Autonómica. Nos cuestan los principios de temporada porque por vacaciones y trabajo apenas entrenamos todos juntos en pretemporada. Cuesta que haya competencia. Pero con trabajo y compromiso hemos ido a más”, comenta el entrenador.

Y no sólo mira a los jugadores: “Aquí es importante todo el mundo: jugadores, directiva, Ángel que cuida el campo, afición, cuerpo técnico... Somos una familia y cada uno tiene su función. Si no estamos todos al 100%, somos un equipo normal. Han ido bien las cosas hasta ahora. Sabíamos que no podíamos volvernos locos cuando no nos salían las cosas. La experiencia te da la tranquilidad de que si haces las cosas bien, pueden llegar los resultados. Y nos da igual que enfrente esté el primero o el último, porque lo pasamos mal en todos los campos”.

El técnico apuesta por el trabajo como herramienta más importante para obtener resultados. “Yo intento ser un compañero más. Cada uno tiene su función y sólo quiero ayudarles. Lo importante es el trabajo y llegar a casa con la conciencia tranquila. El Gares ha confiado en mí. Si hemos encadenado cuatro victorias es porque nos lo hemos trabajado. Nadie nos ha regalado nada. Eso sí, tenemos que ser realistas y saber que no nos podemos descuidar”.

Apenas ha modificado la plantilla que logró el ascenso en junio, por lo que el Gares sigue contando con una base de chavales de la casa que hace que la localidad se identifique con el equipo. “El último día jugaron diez de los del año pasado. Confío en ellos, porque no me van a fallar. Y me gusta el ambiente que genera tener jugadores de casa, porque a los partidos llevan a mucha gente: amigos, novias, familia... como se demuestra en los encuentros de casa o cuando fuimos a Zizur”.

Después de tantos años en los banquillos, Miguel González pide siempre a sus jugadores “ser honrados y humildes. Me ha dado resultado”. Ahora pisa con cautela: “Nos faltan 16 puntos menos para conseguir el objetivo. Si podemos asegurar la salvación antes de las últimas jornadas, mucho mejor, pero creo que no se va a estar tranquilo hasta el final. Esperemos que no baje ningún equipo navarro de Segunda B y, si tiene que pasar, que sólo sea uno”.

de segunda b a autonómicaEl técnico navarro no se arrepiente de haber tomado las riendas del Gares la temporada pasada, cuando era un recién ascendido en Autonómica. “Tengo la gran suerte de que no se me caen los anillos para entrenar en ninguna categoría. Me gusta el fútbol y el Gares me ofrecía un reto que me apetecía afrontar. Había entrenado a Mutilvera e Izarra, equipos en los que tienes buenas plantillas y el trabajo del entrenador es más fácil. En Autonómica empezaba con un equipo que a priori tiene menos calidad, pero que les supera en ilusión y trabajo. Era como volver a empezar y me recordaba cuando entrenaba a Lagun Artea y Aurrera KE”.

Se identifica con esa filosofía. “Son equipos de pueblo, en los que la unión de todos es muy bonita: nos da igual que nos toque pintar el campo, que pisar la hierba después del entrenamiento o comprar la fruta. Sabemos lo que hay. Aquí los jugadores después del partido van juntos al bar y siempre es más bonito lo que oyes si has ganado. Con Mutilvera o Izarra, el empate era malo. En esos equipos tienes tu presión, y más en Segunda B, con un equipo que era cenicienta del grupo. Me han llegado a echar siendo primero o segundo, pero toda esa experiencia creo que me ha hecho ser mejor entrenador. Te ayuda a llevar el grupo de forma diferente, a ser realista, a ser normal, a ser un compañero más, aunque te toque tomar decisiones. Porque ser entrenador después del partido es fácil. Lo difícil es serlo antes”.