Constelaciones de estrellas contra el equipo perfecto

Los Golden State Warriors, con su núcleo duro intacto, arrancan esta madrugada la defensa de su título de la NBA ante unos rivales notablemente reforzados. Cleveland, Boston, San Antonio y Oklahoma, las alternativas

Un reportaje de Jon Larrauri - Martes, 17 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Paul George (de Indiana a Oklahoma City), Kyrie Irving (de Cleveland a Boston), Chris Paul (de los Clippers a Houston) y Dwyane Wade (de Chicago a Cleveland), algunas de las estrellas que han cambiado de equipo el último verano. Fotos: Efe

Paul George (de Indiana a Oklahoma City), Kyrie Irving (de Cleveland a Boston), Chris Paul (de los Clippers a Houston) y Dwyane Wade (de Chicago a Cleveland), algunas de las estrellas que han cambiado de equipo el último verano. Fotos: Efe

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Paul George (de Indiana a Oklahoma City), Kyrie Irving (de Cleveland a Boston), Chris Paul (de los Clippers a Houston) y Dwyane Wade (de Chicago a Cleveland), algunas de las estrellas que han cambiado de equipo el último verano. Fotos: Efe
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Y qué se puede hacer para derrocar a un equipo perfecto? ¿Qué movimientos se pueden realizar en el mercado y sobre la cancha para buscarle las cosquillas a un conjunto sin fisuras?

Estas han sido las preguntas que se han hecho los presidentes de operaciones, general managers, entrenadores y jugadores de 29 de las 30 franquicias de la NBA, abrumados ante lo que parece una misión imposible: bajar de su trono a los Golden State Warriors. Visto el modus operandi de los conjuntos con más galones, la apuesta parece clara: constelaciones de estrellas contra el poder establecido, acumulación de talentos y físicos diferenciales con el fin de que el título no viaje por tercera vez en cuatro años a Oakland.

Mientras que conjuntos como Cleveland Cavaliers, Boston Celtics, Oklahoma City Thunder o Houston Rockets han revolucionado sus plantillas para tratar de alcanzar la cúspide en una campaña que arranca esta noche, los Warriors han pasado un verano de lo más plácido. La llegada de Kevin Durant a un plantel que contaba ya con tres jugadores siderales como Stephen Curry, Klay Thompson y Draymond Green dio la pasada campaña un resultado inmejorable. La apuesta funcionó a las mil maravillas. El maridaje entre cuatro egos al servicio del colectivo se activó como un engranaje perfecto y su histórico balance de 16-1 en play off, 4-1 ante Cleveland en la final, sintetizó su dominio abrumador. Los de Steve Kerr explotaron como una escuadra indefendible durante los 48 minutos de los partidos, inabordables por su dominio de los espacios, distribución de balón, intercambiables físicos en retaguardia y una batería de fuego jamás vista. Sus ganas de convertir su dominio en una dinastia perdurable en el tiempo son tantas que Durant ha renunciado a más de diez millones de euros en su renovación para allanar la continuidad de piezas secundarias pero vitales como Andre Iguodala y Shaun Livingston.

En la NBA más desequilibrada que se recuerda en lo referente a conferencias, con el Oeste poblándose de más y más estrellas a costa de un Este cada vez más debilitado, los Cavaliers de LeBron James, el jugador que lleva disputadas siete finales de la NBA consecutivas, tendrán en esta ocasión un rival más áspero que en anteriores cursos en su pugna por alcanzar el último escalón de la lucha por el anillo: los Boston Celtics. El ecosistema del Este saltó por los aires cuando Kyrie Irving, el principal lugarteniente de King James en la franquicia de Ohio y autor del triple decisivo en el título de 2016, anunció de forma sorprendente su intención de cambiar de aires, de dejar de ser el obediente Robin para ejercer de Batman en otro conjunto con posibilidades. Finalmente, Boston, que semanas antes se había hecho con los servicios de un alero de primer nivel como Gordon Hayward, fue su destino a cambio de un paquete de jugadores e Isaiah Thomas como principal contrapartida.

Esta operación equilibra, a priori, las fuerzas entre ambas plantillas. En Boston, Brad Stevens tendrá a sus órdenes un excelente big three con Irving, Hayward y el pívot Al Horford, notablemente rodeado por prometedores jóvenes como Jaylen Brown, Jayson Tatum o Marcus Smart, con el juego interior de la segunda unidad como gran debilidad. En los Cavaliers los cambios han sido de mayor calado. La llegada del diminuto y ultraanotador Thomas, del veterano Dwyane Wade, principal compinche de James en los buenos tiempos de Miami, de un exMVP como Derrick Rose, lejos de sus mejores tiempos tras sus graves lesiones de rodilla, y de notables piezas secundarias como Jae Crowder o Jeff Green conforman un equipo larguísimo pero con muchas incógnitas y piezas que ajustar -amenazan con utilizar a Kevin Love como pívot y pasar a Tristan Thompson a la segunda unidad. Tyronn Lue tendrá muchísima presión, pues LeBron está en su último año de contrato y el próximo verano podría cambiar de aires. Por cierto, será precisamente un duelo entre Boston y Cleveland el que inaugure esta madrugada (2.00 horas) el curso, con Thomas aún de baja por su lesión de cadera y LeBron en duda por problemas de tobillo.

Oklahoma, Houston... y los Spurs ¿Y puede haber algún equipo que oponga resistencia a los Warriors en el Oeste? Parece difícil, aunque no será por falta de proyectos reforzados hasta los dientes. Los Oklahoma City Thunder de Russell Westbrook, MVP del pasado curso, también han confeccionado su particular big three con la llegada de Paul George y Carmelo Anthony procedentes de New York e Indiana, respectivamente. Será curioso el reparto de balón entre tres jugadores acostumbrados a ser referencia absoluta de sus equipos, algo a lo que habrá que estar atentos también en los Houston Rockets, que han incorporado a Chris Paul, uno de los mejores bases de la liga, para formar pareja exterior con James Harden en un equipo que ha llevado hasta el límite la sobreexplotación del triple como ruta hacia el éxito. Incluso los hasta ahora anodinos Minnesota Timberwolves se han rearmado con el gran Jimmy Butler y Jeff Teague para acompañar a los prometedores Karl-Anthony Towns y Andrew Wiggins.

¿Y qué equipo puede llevar la contraria a la tónica de revolucionar vestuarios como modus operandi? Evidentemente, el de Gregg Popovich. San Antonio, balance de 61-21 la última campaña, intentará derrocar a los Warriors con Kawhi Leonard como claro mascarón de proa y un núcleo cada vez más veterano -Pau Gasol, LaMarcus Aldridge, Manu Ginobili, Tony Parker...- pero con menos chispa. Necesitarán que los jóvenes den un paso al frente. El gen competitivo de los Spurs se da por descontado.

Focos de Atención

Embiid y sus 76ers. Si el pívot camerunés, que solo ha jugado 31 partidos en tres cursos, logra estar sano, la NBA saludará la llegada de otra megaestrella. Renovado por cinco años por 148 millones.

El efecto Lonzo Ball. El base novato ha acaparado focos antes de debutar. Los Lakers le darán libertad de juego antes del verano de 2018, en el que buscarán reclutar a LeBron y/o Paul George.

Antetokounmpo, sin límites. El griego de los Bucks no deja de mejorar. Con 22 años entró en el ‘top 20’ de puntos, rebotes, asistenncias, robos y tapones el pasado curso, algo que nadie logró jamás. ¿Aspirante a MVP?

Cousins y Anthony Davis. Los Pelicans apostaron por esta nueva versión de las ‘torres gemelas’ a mediados de la pasada campaña. Ahora llega Rondo para suministrarles balones. Curioso experimento con muchas incógnitas.

Los Knicks de Porzingis. Sin Carmelo Anthony, la franquicia de Manhattan queda absolutamente en manos del letón, con lo que eso implica de presión mediática.

Atlanta, un solar. Del quinteto que hizo historia siendo elegido mejor jugador del Este en enero de 2015 (Teague, Korver, Millsap, Carroll y Horford) no queda nadie.