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Puigdemont ofrece dos meses de diálogo y Rajoy le culpa de tener que aplicar el 155

El presidente del Gobierno traslada la presión a su homólogo catalán y le invita al Congreso, que vetaría el derecho a decidir

Míriam Vázquez - Martes, 17 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

El jefe del Gobierno, Mariano Rajoy, y el del Govern, Carles Puigdemont, en un encuentro en Moncloa.

El jefe del Gobierno, Mariano Rajoy, y el del Govern, Carles Puigdemont, en un encuentro en Moncloa. (Foto: Efe)

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  • El jefe del Gobierno, Mariano Rajoy, y el del Govern, Carles Puigdemont, en un encuentro en Moncloa.
  • Las cartas de Puigdemont y Rajoy.
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pamplona- El intercambio de cartas entre el Govern catalán y el Gobierno español para aclarar si hubo o no declaración de independencia en el Parlament se saldó ayer según lo previsto, y Madrid avanzó un paso más hacia el abismo de la suspensión de la autonomía de Catalunya. Lo hizo a pesar de que el president Carles Puigdemont respondió al requerimiento de Rajoy sin ceder a las presiones de los sectores más soberanistas, que le pedían hacer efectiva la independencia de manera inmediata y adentrarse en una fase de confrontación abierta con el Estado. El president volvió a proponer un periodo de distensión y negociación, que esta vez cifró concretamente en dos meses. Lo hizo en vano, porque el presidente español rechazó su oferta de diálogo con el argumento de que previamente debe volver al marco constitucional, y que no existe ningún conflicto político, sino de incumplimiento de la legalidad por parte de un Govern insumiso. Como única rendija al diálogo, le invitó a que presente su plan en el Congreso de los Diputados, donde la mayoría constitucionalista de PP, PSOE y Ciudadanos aplastará cualquier propuesta para acordar un referéndum legal, una iniciativa que, sin embargo, es muy mayoritaria en el Parlament catalán.

Ayer vencía el primer plazo en el ultimátum de Mariano Rajoy para que el president le aclarase si proclamó o no la independencia en el pleno del Parlament del pasado martes. Rajoy quería despachar este asunto de trascendencia histórica con una respuesta binaria: un sí o un no. Por lo tanto, rechazó la carta de Puigdemont al entender que se había ido por las ramas. Moncloa dio por no respondida la pregunta y puso a correr el segundo y último plazo para que Puigdemont rectifique. Vence el jueves a las 10.00 horas. A partir de ahí, el Gobierno español activará el artículo 155. Se prevé que lo utilice para forzar elecciones en Catalunya, aunque también se baraja una aplicación más agresiva para intervenir la enseñanza, TV3 y los Mossos d’Esquadra, o sustituir a todo el Govern.

El cruce de cartas lo abrió ayer Puigdemont con la respuesta al requerimiento de Rajoy. “La prioridad de mi gobierno es buscar con toda la intensidad la vía del diálogo. Queremos hablar, como lo hacen las democracias consolidadas, sobre el problema que le plantea la mayoría del pueblo catalán que quiere emprender su camino como país independiente en el marco europeo. La suspensión del mandato político surgido de las urnas el 1 de octubre demuestra nuestra firme voluntad de encontrar la solución y no el enfrentamiento (...). Por todo ello, durante los próximos dos meses, nuestro principal objetivo es emplazarle a dialogar y que todas aquellas instituciones y personalidades internacionales, españolas y catalanas que han expresado su voluntad de abrir un camino de negociación tengan oportunidad de explorarlo”, pidió Puigdemont en su carta.

El president citó a continuación dos peticiones para abonar un clima propicio para el diálogo. En primer lugar, planteó una suerte de tregua judicial por parte del Estado. Pidió “que se revierta la represión contra el pueblo y el gobierno de Catalunya”, y citó los casos de los líderes de la ANC y Òmnium, y el major de los Mossos d’Esquadra, Josep Lluís Trapero, que ayer declararon ante la Audiencia Nacional por un delito de sedición. La posición de la Fiscalía, sin embargo, fue muy dura, con peticiones de prisión provisional.

Esta dureza por parte de Madrid, sumada a la previsible aplicación del artículo 155 y a las presiones en el seno de Junts pel Sí y desde la CUP para proclamar cuanto antes la independencia, van a poner a prueba la persistencia del Govern en la negociación. Está por ver si esa propuesta de dos meses de diálogo se acorta o desaparece totalmente con la suspensión de la autonomía, una auténtica bomba de relojería de consecuencias imprevisibles que provocaría tensión en las calles y huelgas promovidas por Òmnium. El conseller de Interior, Joaquim Forn, se ciñó ayer a la carta de Puigdemont, y avisó de que la independencia podría proclamarse antes de Navidad si no hay diálogo. Rajoy, por su parte, preparó el terreno del artículo 155 con un aviso lapidario a Puigdemont: “Será usted el único responsable de la aplicación de la Constitución”.

Puigdemont también lamentó la intervención y congelación de las cuentas bancarias “que impiden que atendamos nuestras obligaciones con las personas más necesitadas”, la censura en Internet, la violación del secreto postal, las detenciones de servidores públicos y la “brutal violencia policial” contra el referéndum del 1 de octubre. Como segunda petición, reclamó una reunión cuanto antes entre él mismo y Rajoy. Apenas dedicó media línea a aclarar si hubo o no independencia. Mencionó de refilón que la declaración está suspendida.

regresar a la leyRajoy reclamó a Puigdemont una “vuelta a la legalidad” y el “orden constitucional” como condición para dialogar. Quiere una rectificación total. Defendió el artículo 155 porque “no implica la suspensión del autogobierno, sino la restauración de la legalidad en la autonomía”. “Pero, ante todo, el requerimiento es una oportunidad para reconducir el grave deterioro de la convivencia que se vive en Cataluña, para que la Generalitat vuelva a la ley y, a partir de ahí, se recupere la normalidad institucional entre administraciones”, dijo. A su juicio, este conflicto es solo legal y no político. “No puedo aceptar en modo alguno la existencia de eso que usted denomina conflicto histórico entre el Estado español y Cataluña. Nunca en toda su historia los ciudadanos de Cataluña han gozado de más libertades, de más autonomía política y financiera que durante esta etapa democrática. El único conflicto que existe en este momento en Cataluña es un conflicto de legalidad”, zanjó. Por último, dijo que sus ofertas de diálogo “no son creíbles”, y le remitió al Congreso para que busque ahí los apoyos. Para el soberanismo, es una invitación a que cabe su propia tumba y vea rechazado su proyecto como le sucedió al lehendakari Ibarretxe con el Nuevo Estatuto Político.

el cruce de cartas

Puigdemont. El president comienza su respuesta al requerimiento de Rajoy asegurando que su prioridad es “buscar con toda la intensidad la vía del diálogo”. El Gobierno español le había pedido que se limitara a responder si había declarado o no la independencia en el pleno del Parlament del martes. El president, aunque dedica apenas una línea a enunciar la suspensión del mandato surgido del referéndum del 1 de octubre, deja ver en su argumentación y en su apuesta por abrir dos meses de diálogo que esa declaración está claramente suspendida. “Durante los próximos dos meses, nuestro principal objetivo es emplazarle a dialogar”, concluye en su misiva.

Rajoy. El presidente español dio por no contestada la pregunta, y pidió al Govern un regreso a la legalidad y el orden constitucional. Su única oferta fue remitir al president al Congreso de los Diputados, donde su plan sería rechazado por la mayoría constitucionalista de PP, PSOE y Ciudadanos. La carta finaliza con una advertencia. “Será usted el único responsable de la aplicación de la Constitución”, zanja.

Y ahora, ¿qué? Rajoy ha activado el último plazo para que Puigdemont rectifique. Acaba el jueves a las 10.00 horas. Se prevé que todo culmine con la activación del artículo 155 de la Constitución. El PP tiene la mayoría absoluta necesaria en el Senado para tomar las medidas que considere oportunas. También tiene el apoyo político del PSOE. Lo más probable es que se fuerce un adelanto de las elecciones catalanas, aunque otras voces del PP piden controlar enseñanza, TV3 y los Mossos.

el congreso

los otros vetos al soberanismo

Delegar la competencia. Rajoy ofreció ayer al president que lleve su plan al Congreso de los Diputados, cuando en realidad ese camino ya se ha recorrido sin éxito desde el soberanismo catalán. Los independentistas, que en una primera fase plantearon el proceso como una vía negociada y pactada con el Estado, ya acudieron a las Cortes estatales para pedir una consulta en 2014. Los partidos constitucionalistas vetaron con 299 votos su propuesta para ceder a Catalunya la competencia para realizar un referéndum, una iniciativa que habían defendido en virtud del artículo 150.2 de la Constitución española tres parlamentarios de CiU, ERC e ICV. Por aquel entonces, la Presidencia de la Generalitat la ocupaba Artur Mas. Tras esa negativa, se organizó la consulta del 9 de noviembre de 2014 como un proceso participativo. Tras los vetos del Estado, el Govern terminó apostando por un referéndum unilateral el pasado 1 de octubre.

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