medio Maratón este domingo 22 de octubre

Un león en la Zubiri-Pamplona

protagonista | a sus cuarenta años el cuerpo le pide calma, pero el espíritu competitivo de antonio etxeberria es insaciable y el domingo quiere ser el primero en llegar al ayuntamiento

Iñigo Munárriz / Oskar Montero - Miércoles, 18 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Antonio Etxeberria posa con algunos de sus trofeos, entre ellos los de la Roncesvalles-Zubiri y Zubiri-Pamplona, en la mesa de su salón.

Antonio Etxeberria posa con algunos de sus trofeos, entre ellos los de la Roncesvalles-Zubiri y Zubiri-Pamplona, en la mesa de su salón.

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Antonio Etxeberria posa con algunos de sus trofeos, entre ellos los de la Roncesvalles-Zubiri y Zubiri-Pamplona, en la mesa de su salón.

“Me da igual que quedes primero o segundo... aunque quedes el 100º. Es muy bonito llegar al Ayuntamiento” - “La Zubiri-Pamplona, por organización, es una prueba que va a quitar mucha gente a la Behobia” - “El atletismo me va a gustar siempre porque lo he mamado. El atletismo ya no se puede ir, es parte de mi vida” - “Salgo en bici y salgo a tope. Salgo a correr y me gusta dar el máximo. Salgo a competir y voy a dar el máximo”

pamplona- Hay muchos motivos por los que echarse a correr: para perseguir algo, para huir de ello, por ocio, por obligación, para ganar a alguien o para ganarse a uno mismo, por miedo, por alegría o simplemente por no quedarse quieto. Es posible alargar esta lista hasta el infinito, pues las motivaciones son personales y casi intransferibles.

Antonio Etxeberria -si no le conocen a estas alturas revisen la lista de ganadores de las últimas San Silvestres- lleva 30 años corriendo prácticamente todos los días. Y no, no se trata de una exageración porque cuando nos citamos para este reportaje explicó que había pasado toda la noche en el hospital cuidando a un familiar y acto seguido se había ido a entrenar.

¿Por qué alguien que ha ganado todo a nivel de Navarra, que tiene cuarenta años, un trabajo físico y que se levanta de la cama con dolor en los lumbares sigue haciendo eso? “El atletismo me va a gustar siempre porque lo he mamado. El atletismo ya no se puede ir, es parte de mi vida y será parte de mí siempre”, responde él con absoluta sinceridad.

No entiende la vida de otra manera, aunque es consciente de que más pronto que tarde tendrá que bajar el pistón porque la naturaleza no perdona. “Aquí eterno no hay nadie”, comenta él y es inevitable pensar en el soplo de tranquilidad que darán los habituales segundos clasificados en las carreras populares.

Esa batalla contra la eternidad la fragua todas las tardes en la Vuelta del Castillo. Allí en el céntrico parque pamplonés copado por decenas de runners, Antonio es casi parte del paisaje. “Cuando estoy lesionado dirán: ¿Dónde esta este pesado? Que lleva aquí mas vueltas... lleva aquí dos vueltas al mundo”, bromea para después añadir que casi nota cómo los árboles le saludan.

Cuando no está dando vueltas al mundo, lleva una vida muy tranquila -incluso demasiado tranquila para alguien que se ha criado en lo viejo- en Orkoien donde vive con su mujer y su dálmata de diez años. Su salón, repleto de copas, trofeos, medallas y txapelas es un reflejo tangible de lo que es una carrera deportiva muy exitosa. Un éxito, que como cualquier otro sentimiento agradable, tiende a retroalimentar y cuanto más se tiene más se desea. Ese es el motivo por el cual Antonio vive cierta indecisión: el cuerpo le pide un respiro, pero el gen competitivo le dice que no afloje.

Zubiri-pamplona

Un reto más


Este domingo se celebra la segunda edición de la Zubiri-Pamplona, una prueba que el año pasado ganó el protagonista de estas líneas y a la que augura un buen porvenir. “Siempre la tengo en la cabeza porque es una carrera que por organización va a quitar mucha gente a la Behobia”, asegura Etxeberria y agrega: “Son gente -refiriéndose a los organizadores- volcada en hacer las cosas bien. Aún quieren más, cada año se quieren superar”.

No se trata de hablar por hablar ya que este año la cita presenta una novedad importante: el paso de los atletas por el centro de Burlada en lugar de bordear la localidad. Una modificación que aporta un salto cualitativo sustancial. “Este año pasa por la calle Mayor de Burlada y eso supone mas gente animando, mejor recorrido y no te apartan de lo que es circuito de carrera. Todo lo que sea mejorar...”, dice el actual campeón, que se deshace en elogios hacia una carrera que toca su fibra sensible. “Me gusta la organización, el circuito es muy bueno y sobre todo llegar al Ayuntamiento de Pamplona es impresionante. Me da igual que quedes primero o segundo... aunque quedes el 100º es muy bonito llegar al Ayuntamiento”, dice Antonio que nunca ha ocultado el hecho de que uno de sus sueños es lanzar el cohete de San Fermín.

No sabemos si algún día prenderá la mecha que da inicio a las fiestas más famosas del mundo pero en cierto modo, ganar la Zubiri-Pamplona cruzando el arco frente al consistorio es su particular Chupinazo, su manera de apagar un fuego interno.

“Es una carrera que está para quedarse. La gente que la organiza es muy profesional y creo que lo van a conseguir”, reflexiona el deportista en un bar de Orkoien. Establecimiento decorado con una camiseta del Arsenal de Nacho Monreal, adorno que da pie a Etxeberria a hablar de su osasunismo, de lo bien que le va a este año al equipo e incluso se aventura a predecir que el año que viene los rojos volverán a jugar en Primera.

No es el único equipo de su corazón, también confiesa ser algo culé, principalmente por Messi, al que ha visto en directo en alguna ocasión y al que considera el mejor jugador de siempre. “Todos los días descubre algo nuevo”, dice sobre el astro argentino.

Roncesvalles-Zubiri

La carrera de su vida


De conquistar la Zubiri-Pamplona firmaría un doblete, ya que este año también se impuso en la Roncesvalles-Zubiri, prueba que ha ganado en ocho ocasiones en nueve participaciones. “Es la carrera de mi vida”, manifestó nada más cruzar la línea de meta el pasado 1 de octubre.

De los ocho trofeos que decoran su salón no sabe con cuál quedarse, cada una de ellos está vinculados a algún recuerdo, alguna emoción o alguna persona. “Todas tiene un significado: la primera fue por rabia porque había perdido el año anterior”, explica y añade que la última que le vio correr su padre o la vez que venció tras un parón por un accidente de moto también ocupan un lugar especial en su corazón.

Karolo y Fermín son dos personas con un peso importante en este relato. Se trata de dos compañeros de entrenamiento en la Vuelta del Castillo que insistían a Antonio para que probara las carreras de montaña. “Se te dará bien”, le repetían y la verdad que no se equivocaban. El del Beste Iruña acabó cediendo y se apuntó a la Roncesvalles-Zubiri cayendo esa edición ante el también navarro Gabriel Garín.

Esa derrota fue el detonante de la tormenta perfecta que llegaría a continuación con ocho triunfos en sus posteriores ocho visitas a la Colegiata. “Vas por un camino emblemático, te encuentras con un montón de peregrinos...”, enumera cuando se le pregunta qué es lo que le atrae de la carrera.

Vivimos en un mundo de causas y efectos, de acción-reacción y Antonio siempre encuentra combustible para saciar su ambición. Su primer triunfo llegó tras quedar segundo el año anterior, cuando falleció su padre también quiso brindarle una victoria y en 2013 sufrió un aparatoso accidente de moto que le obligó a pasar por una tediosa recuperación. Sin embargo, Etxeberria supo encauzar todo ese dolor para salir fortalecido de todo aquello. “Tuve un accidente de moto y estuve muy jodido, pero soy muy cabezón”, indica.

Prosigue narrando que mientras estaba en el hospital solo pensaba en calzarse las zapatillas y salir a correr. Debe ser duro para un alma libre como la suya estar encerrado entre cuatro paredes, pero no hay mal que cien años dure y el momento de ponerse un pantalón corto y las deportivas llegó: “Hice 700 metros en casi seis minutos y pensé: esto no puede ser, estoy muy mal”, rememora.

700 metros sería un mero calentamiento para una persona que está acostumbrada a disputar pruebas de varios kilómetros, pero no aquella vez. Tocaba volver a empezar y por el camino más duro. Antonio comenzó a ejercitarse en el gimnasio, a practicar bicicleta y a completar su ejercicio aeróbico con prácticas con las que no estaba del todo familiarizado. No pudo participar en la edición de 2013 -venció de nuevo Garín- pero puso su foco y su empeño en la de 2014, en la que desató todo lo que acumulaba en su interior: victoria y récord. Nada mal para un tipo que hace un año sufría para completar 700 metros, algo así como ir corriendo a por el pan y volver.

su nueva vida

Apurando el último trago


Antonio Etxeberria apura la cerveza que se ha pedido. Ya es casi la hora de comer y confiesa que en su casa siempre es él el que cocina y que además se desempeña bastante bien con los fogones.

Además de la cerveza, también apura sus últimos momentos de carrera deportiva al máximo nivel, aunque tal y como confiesa le costará dar un paso a un lado para dejar de competir en cada prueba y limitarse al atletismo como un hobby. “Hay que dar el paso de ganar a intentar ganar. El momento que sepa hacer eso igual echo el freno, pero la gente que me conoce sabe que me gusta competir”, reconoce.

En el salón, cerca del televisor y apoyada en unos soportes, Antonio tiene una bicicleta de carretera, una BMC blanca muy estética. Desde hace tres años combina el atletismo con el ciclismo, un mundillo en el que cada vez se siente más a gusto. El del Beste sale a rodar con un grupo y algunos le animan a practicar el duatlón, especialidad a la que no cierra la puerta pero en la que no se puede volcar porque sería meterse otra vez en la “ruleta en la que quieres más y más”.

De nuevo su yo competitivo lucha con su yo racional, porque no concibe hacer algo sin entregarse por completo. “El que me conoce sabe que salgo a andar en bici y salgo a tope, salgo a correr y me gusta dar el máximo, salgo a competir y voy a dar el máximo. Estoy hablando con un amigo y y me gusta hablar con él y estar a gusto. Hay que vivir y sobre todo hay que ser feliz”, destaca.

Etxeberria se formó a las órdenes de dos de los entrenadores más célebres del panorama navarro: Patxi Morentin e Ignacio Santamaría. El primero le formó como atleta y el segundo le pulió y le asentó. Con todos esos conocimientos en el zurrón, Antonio no descarta entrenar algún día a un grupo de chavales y transmitirles toda su experiencia. ¿Qué les diría en el primer entrenamiento? Lo tiene claro. “Lo más importante en este deporte es aprender lo máximo posible y sobre todo disfrutar porque los años se pasan volando. Hay que madurar como deportista pronto para quedarte ahí y poder rendir a un nivel alto”.

Mientras decide qué será de su futuro, continúa disfrutando del atletismo, aunque a veces el cuerpo le pide apagar el despertador, darse media vuelta y seguir en la cama un rato más. “Hay días que me siento como un león y otras como un gato”, concluye.

dos carreras muy especiales.En la fotografía superior, Antonio Etxeberria posa con el dorsal de la primera edición de la Zubiri-Pamplona (número 54) y el de la Roncesvalles-Zubiri. Considera que la primera puede llegar a ser una gran competencia para la Behobia y el año pasado se impuso en la primera edición de la cita. La segunda la define como “la carrera de su vida” y la ha ganado ya en ocho ocasiones.