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la carta del día

El ‘bullying’ y la semántica del éxito

Por Fermín Luquin - Miércoles, 18 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Para comprender el proceso del bullying necesitamos comprender cómo elabora la realidad un niño que acosa o uno que es víctima.

Los sujetos, adultos o niños, elaboramos nuestro mundo a través de categorías lingüísticas dicotómicas como extrovertido-introvertido, generoso-egoísta o sensible-insensible. Categorías semánticas que tomamos sobre todo de la herencia familiar, pero también de nuestros amigos, colegio, televisión… Cada persona utiliza sus propias categorías, sus propios constructos, y a través de ellos se coloca a sí mismo, a los demás e incluso a la proyección de su yo ideal. Son como las gafas que nos ponemos para dar sentido a la realidad social y darnos sentido a nosotros mismos.

Esta teoría es constructivista y básicamente lo que dice es que utilizamos un mapa semántico para manejarnos a través de las relaciones con nosotros mismos y con los demás. Este mapa se conforma en base al conjunto de categorías o constructos que son más importantes para nosotros o menos, más modificables por la experiencia o más rígidos. Y ahí tenemos a la personamonolito que siempre piensa de la misma forma, pase lo que pase, y al veleta que cambia de forma de pensar día sí, día no.

Estas categorías son dicotómicas, es decir, tienen dos polos, pues no podemos hablar de los altos sin hacer referencia a los bajos, de los feos sin los guapos, de la derecha sin la izquierda o del lado oscuro sin el lado luminoso. No se puede. Aunque no lo nombremos, siempre estará ahí.

Es difícil fomentar el ser un ganador o una persona exitosa sin que la idea de perdedor o de fracasado esté ahí, en el ambiente, aunque no se nombre. Y hay colegios, familias o sociedades enteras que se manejan con este constructo ganador-perdedor y exitoso-fracasado. Como algo de la persona y no de su comportamiento. No fracasar en eso o en aquello, sino ser un fracasado. Hay algunas familias y escuelas en donde esto se asocia con la élite, con la escala social. Y es muy difícil transmitir a un hijo la idea de que en la vida hay exitosos y fracasados y que no lo lleve a todos los ámbitos de la vida, incluidas sus relaciones sociales.

Hay una frase que dice: “En una partida de póquer, si no sabes quién es el primo, entonces eres tú”. Eso le pasa al futuro abusador. Si no sabe quién es el fracasado, entonces puede ser él. Necesita fracasados alrededor para sentirse exitoso. Para sobrevivir y no sentir que se desvía del mandato. La vida es una jungla en las notas y no tiene porqué ser muy diferente en sus relaciones sociales. Humillar, maltratar o vejar le permitirá ver al otro como perdedor, a sí mismo como ganador y, por tanto, cumplir con su rol asignado. Realmente no lo hace para hacer daño al abusado sino para protegerse a sí mismo de verse en el otro lado de la dicotomía. De traicionar al mandato familiar o escolar. No podemos decirle a nuestro hijo o alumno, “trata de ser el mejor”, sin correr el riesgo de que lleve esa idea al terreno que (no nos engañemos) más le importa, que no son las notas sino sus relaciones sociales. El bullying, por tanto, es una manera de lidiar con mi manera de verme. De mantenerme fiel a mis categorías o constructos. De mantener mi autoestima. De sobrevivir ante la construcción de mí mismo. Que, por cierto, podría ser otra.

No pienso acabar sin tratar de dar una propuesta de solución. Algo así como: “No hay mejores ni peores, todos somos igual de importantes. Estudia para aprender. La vida puede ser una jungla. Pero hasta en las junglas los chimpancés cooperan para sobrevivir”.

El autor es psicólogo

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