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Al borde del abismo

Por José Luis Úriz Iglesias - Miércoles, 18 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Estos complejos 17 días se iniciaron precisamente el primero del mes. En ese instante hubo una gran movilización de la ciudadanía catalana favorable a su independencia y una reacción desorbitada y condenable del Gobierno de Rajoy, que con su torpeza encumbró ese deseo, hasta entonces deslegitimado ante la comunidad internacional, de una manera que ni sus propios impulsores habrían imaginado.

Posteriormente, un rosario de manifestaciones de uno y otro tipo desde las tres aristas que tiene el conflicto, los dos extremos de independentistas y los que denominan unionistas con toda su parafernalia de banderas y eslóganes, y la inmensa mayoría silenciosa, con su blanco por bandera y posiciones de puente.

Después el esperpento del Pleno del Parlament del martes 10, en el que el independentismo dilapidó el activo que el Gobierno de Rajoy le regaló el día 1 a nivel internacional. Entraba así en una deriva que nadie entiende ni apoya, con el referéndum deslegitimado incluso por sus propios observadores y todos los organismos, comenzando por la UE, dándoles la espalda.

Especial relevancia tienen las últimas declaraciones del presidente de la Comisión Europea, Jean Paul Juncker, que les dejó claro que no iban a consentir que la UE estuviera en un plazo breve de tiempo formada por 98 estados miembros.

Mientras el presidente francés, Emmanuel Macron, planteaba que no se podía consentir una declaración unilateral de independencia de Catalunya porque al día siguiente se encontraría con un problema similar en su país, o en un lander alemán, o Italia con el norte, etcétera.

La contundencia de los argumentos desinfló los ánimos de los sectores más moderados del independentismo catalán, especialmente en el seno del PDeCat, que, incluido Artur Mas, comenzaron a recular a partir de ese mismo instante.

Pero no fueron sólo las presiones internacionales, o las amenazas del Gobierno del PP las que han desinflado definitivamente el suflé independentista, también el sector económico, financiero y bancario catalán, que en los últimos días ha puesto toda la carne en el asador para lograrlo.

Según se ha filtrado, las reuniones de gentes significativas de la antigua Convergencia, incluido el propio Puigdemont, con estos sectores ha hecho tambalear el procés y quizás que el recule de éste en el Pleno del martes fuera debido fundamentalmente a ello.

La reunión habida la noche del sábado anterior con el máximo dirigente del poderoso Círculo de Economía de Catalunya, Juan José Bruguera, remató la jugada.

Pero conviene volver al famoso Pleno del Parlament del 10 de octubre. En él de nuevo Puigdemont infringió todas las normas legales, éticas y estéticas habidas y por haber.

Sólo recordar que su propia Ley de Desconexión, aprobada por cierto de manera ilegal ya que según el Estatut necesitaba una presencia de dos tercios, o sea 91, para ser aprobada y lo hizo con 72, señalaba lo siguiente:

“48 horas después de la proclamación de resultados del referéndum, y en el caso que hubiera habido más votos afirmativos que negativos, el Parlament proclamará la República de Catalunya”. El Parlament, no el president.

Por lo tanto en ese Pleno, tal y como advirtió acertadamente Miquel Iceta y posteriormente el portavoz del PNV en el Congreso, Aitor Esteban, no se proclamó la independencia de Catalunya, y por tanto tampoco se pudo suspender. Todo un despropósito.

A partir de ahí reuniones y más reuniones y la posibilidad de poner en marcha el ya famoso artículo 155 de la Constitución. O sea, despeñarnos todos por el barranco. Puigdemont había frenado justo en el borde, pero ahora el PP tenía la tentación de dar el paso suicida.

Ahí apareció Pedro Sánchez, que consiguió frenar a los halcones. Rajoy aceptaba parar el 155 dando una oportunidad al diálogo y aceptaba dar contendido a la comisión creada en el Congreso abriendo la posibilidad de la necesaria reforma constitucional.

Una reforma que debe conducir nuestro país a un Estado federal plurinacional, recogiendo de alguna manera la posibilidad de realizar referéndums pactados. El día 1 sólo el 37% de la ciudadanía catalana apoyó la independencia, pero también casi el doble apoya el derecho a decidir su futuro.

¿Eso era suficiente? Probablemente no, y dependía de la respuesta que Puigdemont debía dar antes del lunes 16. Lo tenía fácil el president, sólo debía decir la verdad, refutada por sus propios halcones de la CUP y ANC que le pedían declarara realmente la independencia. No ha sido así y nuevamente da un paso hacia el abismo. Quizás debiera escuchar voces autorizadas como la de Iñigo Urkulu, un estadista en medio de tanto insensato, que apuesta por dar una respuesta a “las aspiraciones legítimas”del pueblo catalán que conjugue “el principio democrático con el principio de legalidad”.

A partir de ahora una larga espera hasta el jueves. Una nueva oportunidad para abrir un diálogo y una negociación. Puigdemont ha fallado, es cierto, ha eludido responder no a la requisitoria de Rajoy, pero tampoco ha dicho sí. Avanza solicitando una reunión y un tiempo muerto de dos meses. Aunque la detención de los dos Jordises un nuevo escollo.

¿Botella medio llena o vacía? De cómo se interprete esto por el Gobierno de Rajoy y de la presión en ambas partes de las palomas, entre ellas Pedro Sánchez, dependerá que podamos evitar despeñarnos al abismo con daños irreparables para todos.

Veremos...

Exparlamentario y concejal del PSN-PSOE

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