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Santiago Alba Rico escritor y antropólogo

“Navarra es un modelo político a extrapolar;las mayorías hay que consolidarlas desde los municipios y las autonomías”

Alba Rico participó ayer en el III Simposio sobre Patrimonio, Paisaje y Globalización organizado por la Fundación Iturralde y Nabarralde, y que se clausura hoy en Civican

A. Irisarri | Mikel Saiz - Sábado, 21 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

El escritor Santiago Alba Rico, ayer en Civican, donde desarrolló una conferencia sobre condición humana y globalización.

El escritor Santiago Alba Rico, ayer en Civican, donde desarrolló una conferencia sobre condición humana y globalización. (MIKEL SAIZ)

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El escritor Santiago Alba Rico, ayer en Civican, donde desarrolló una conferencia sobre condición humana y globalización.

PAMPLONA- Se define como escritor, porque eso de autodenominarse filósofo le suena “demasiado pretencioso”. Santiago Alba Rico (Madrid, 1960) prefiere decir que es un “proletario de las palabras”. Escribe ensayos, da charlas, va moviéndose por ahí hablando de lo que sabe: de antropología, de cultura, del mundo árabe (lleva 25 años viviendo en El Cairo y Túnez), y también de política. En la órbita de Podemos desde la creación del movimiento, Alba Rico es una de las voces críticas con la trayectoria de un partido “que ha perdido transversalidad” y que en algunas ocasiones “ha fallado en la pedagogía”, pero que sigue siendo necesario “para romper el régimen de las élites del 78”. Pone como ejemplo de alternativa el cambio de Navarra, que cree “que se puede extrapolar al Estado”, y alerta sobre los intenciones de PP, PSOE y Ciudadanos al hilo del conflicto catalán: aparentar una unidad de Estado para pactar una reformilla de la Constitución que blinde el régimen al menos para dos décadas más. Ayer, el escritor madrileño desarrolló una conferencia en el marco del III Simposio sobre Patrimonio, Paisaje y Globalización que organizan la Fundación Nabarralde y la Sociedad de Estudios Iturralde y que concluirá hoy en Civican de Pío XII con una serie de charlas y mesas redondas.

Usted ha hablado de condición humana y globalización. ¿Cómo podemos resumir su charla de ayer por la tarde?

-Básicamente, la idea es que la globalización no empiezan ni en 1945 ni en 1979 con Thatcher o Reagan. Empieza a principios del siglo XVI, cuando ya algo parecido al capitalismo y la tecnología aprietan el acelerador de eso que llamamos historia, y que da con una completa mercantilización de la vida humana que ha transformado todo. Eso ha hecho desaparecer vínculos culturales que han dejado un marco social de identidades muy frágiles, muy cambiantes, en el que han desaparecido las cosas mismas y con las que se han erosionado las facultades humanas de la razón, la memoria y la imaginación.

¿Puede convivir la globalización con esos vínculos culturales o su horizonte es aplanarlo todo?

-La globalización hace aparecer distintas formas de resistencia en distintos territorios, porque los cambios son enormes. Se calcula que en el año 2050 casi el 70% de la humanidad vivirá en ciudades, por lo que toda la cultura rural está en trance de desaparición. Ese es un ejemplo, porque hay más que apuntan a una homogeneización de dimensiones difíciles de imaginar. Frente a eso hay resistencias, que han ido evolucionando desde el altermundialismo de 1999 surgido en Seattle hasta los movimientos nacionales populistas, tendentes a la derechización, como los de Le Pen y Trump, que también tienen fuertes discursos antiglobalistas en la medida en la que han visto que hay población que percibe la globalización como algo dañino. A nivel cultural, la globalización provoca que vayas perdiendo anclaje con la cultura de la tierra, y que ese vacío lo llenes con ideología de ideas abstractas. Se ve muy bien en el caso de Trump: ha ganado con un discurso antielitista un tío que es de la élite estadounidense.

¿Cuál es el papel que desempeñan las lenguas en este proceso de globalización? ¿La globalización habla en algún idioma?

-De hablar, habla en inglés. También hay una tentativa de homogeneización lingüística, y no es raro que frente a ese intento de homogeneización haya pueblos que vean amenazada su identidad y desarrollen movimientos de resistencia fuertes.

En ese sentido, se habla también ahora de un nuevo modelo europeo que va más hacia la Europa de las regiones que a la de las naciones. ¿Esta también es una manera de reacción?

-Yo creo que sí, es una forma de reacción. Frente a un vaciamiento creciente de los centros de soberanía, y no me refiero a la transferencia de soberanía al Parlamento europeo, creo que hay un proyecto que apuesta por la remunicipalización del poder. La alternativa va por ahí, y en España hay un choque fuerte entre un vector de recentralización que se ha visto con la ley Montoro. Esta despoja de instrumentos financieros a los municipios, cuando es algo perfectamente compatible con estructuras europeas. Esos proyectos de remunicipalización y una recuperación de la cultura material y lingüística son las reacciones saludables frente a una globalización que se revela cada vez más fallida.

¿El régimen del 78 quizá no haya terminado de entender que existe esta nueva corriente?

-Al contrario: lo ha entendido muy bien. Por eso vemos reacciones muy radicales por parte del régimen del 78 frente a una nueva realidad que se siente con fuerza y con medios para poner en riesgo los consensos de élites, por lo que la reacción del régimen es premeditada. Hasta tal punto que PP, Ciudadanos y PSOE, con tal de recuperar ese consenso de élites, no les importa en absoluto fracturar España ni rememorizar al país con lo más negro de nuestra historia, cuando un importante sector de la población en Catalunya y España aceptarían de buen grado una reforma de la Constitución.

Ahora que hemos pasado a la política doméstica. No sé si es también achacable a la globalización, pero ¿cómo explica el surgimiento de partidos y la ruptura del bipartidismo?

-Es una acumulación de crisis. Hay una crisis económica políticamente mal gestionada, o gestionada para los ricos, que coincide con una crisis de corrupción. Eso genera un creciente distanciamiento entre el órgano de representación de la soberanía y la población. De ahí el 15-M, Podemos y los eslóganes de no nos representan que coinciden con unas nuevas generaciones a las que la primera transición, la monarquía, o la herencia franquista ya no les dice nada, cuando habían sido temas muy importantes para una izquierda hasta entonces marginal. Incluso en ese plano de abandono simbólico se entiende que Podemos haya querido resignificar el concepto de patria, porque lo ha abandonado la derecha: el PP ya no habla de patria, habla de marca. Y eso es muy elocuente, porque señala la mercantilización de todo. Esa mezcla hace que el bipartidismo se venga abajo.

Usted estuvo en la órbita de Podemos desde el principio, pero con el tiempo se ha ido desenganchando. ¿Por qué?

-Podemos se ha ido alejando cada vez más del proyecto original, que era un proyecto en positivo, con alternativas transversales, que quería llegar al conjunto, rompiendo con la izquierda tradicional puritana, de catacumba y autosatisfacción interna. Y me temo que la deriva que se produce después de Vistalegre II con la nueva ejecutiva y el nuevo consejo ciudadano nos devuelve a la vieja izquierda impotente, incapaz de intervenir en la realidad. Cargada de razón, pero vacía de mundo. A mí esa deriva me da miedo y me preocupa, porque necesitamos a Podemos en un momento de recomposición del régimen. Si Podemos se limita a refundar Izquierda Unida y relegitimar un nuevo bipartidismo o tripartidismo en continuidad con el anterior, vamos a perder una batalla para muchos años que podíamos haber ganado.

¿Dónde sitúa usted el inicio de la deriva de Podemos? ¿Con la entrada en las instituciones, con Vistalegre II?

-No creo que haya sido cosa de haber entrado en las instituciones, que por lo demás son mundos bien cerrados y llenos de señuelos. Se podrán haber hecho cosas bien o mal, pero Podemos estaba preparado. A mi juicio, era necesario entrar y hacerlo bien en las instituciones, y utilizarlas para seguir haciendo pedagogía. Eso es lo que no se ha hecho, y lo que se ha dejado de hacer desde Vistalegre II, con el cambio de portavoz y una izquierdización muy neta del discurso. No se debía perder y no se debe perder la oportunidad de usar las instituciones y las plazas para hacer pedagogía política.

Navarra ha sido uno de los pocos escenarios en el Estado en el que Podemos ha servido para echar al bipartidismo de las instituciones. ¿Cómo ve el caso de Navarra?

-Creo que es un modelo que sería bueno extrapolar a otros territorios. También ha pasado en Valencia, con una coalición de partidos también con Podemos para desplazar al gobierno del PP. El caso de Navarra es distinto al de Valencia porque los partidos son distintos, no son extrapolables a los valencianos por razones históricas y territoriales. Pero en principio es un buen modelo y Podemos, ahora que ganar unas elecciones generales parece muy difícil, tendría que pensar en ganar terreno y cambiar la relación de fuerzas a partir de los municipios y los territorios autonómicos. Es una sugerencia, no estoy vinculado a Podemos, pero veo fundamental cambiar la relación de mayorías no sólo desde el Congreso, sino también de forma más pausada desde municipios y territorios.

Por ceñirnos a la actualidad, ¿cómo está viendo todo lo que sucede en Catalunya?

-Lo veo como una gran tragedia. Muy inquietante, y muy amenazadora para todos. Se está viendo además como el PP, de manera abyecta, está aprovechando con la colaboración de Ciudadanos y PSOE para asentarse en el resto del territorio del Estado y recomponer el régimen del 78 a costa de un retroceso claro en las libertades civiles. Se están creando las condiciones idóneas que recuerdan a las de la primera transición, con tensión en la calle, con represión... son condiciones idóneas para que haya un cierre en falso, una reforma pactada por PP, Ciudadanos y PSOE para aplazar un par de décadas una reforma constitucional seria, que es lo que necesita España, que es un país mal soldado desde el inicio y cuyo malogro y cuya precariedad ha generado conflictos sin parar desde hace 500 años. Es necesario abordar en serio una reforma constitucional y hacer una consulta vinculante mediante la cual Catalunya decide si quiere y cómo formar parte de esa España refundada.

¿Cómo ha visto el papel de Podemos en todo esto?

-Si metemos en la órbita de Podemos a los comunes y a Colau, creo que lo han hecho bien. Han hecho aportaciones en positivo, sensatas y bien razonadas. En España Podemos lo tenía difícil, pero podría haberlo hecho mejor. Soy crítico no porque esté en desacuerdo con el discurso de fondo, pero una vez más han fallado en el plano pedagógico. Han sido percibidos como un partido de pura denuncia y de solidaridad con el procés. Y si no consigues transformar eso en un discurso dirigido a todos los españoles con un proyecto en positivo alternativo al de PP;si no consigues pasar del campo de la solidaridad;del campo de la vieja izquierda;se pierde la oportunidad de voltear este discurso hipernacionalista identitario españolista.