Música

El cuento mejor cantado

Por Teobaldos - Domingo, 22 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

ópera ‘la cenerentola’Ópera en dos actos con música de G. Rossini sobre libreto de Jacopo Ferreti (Pierrot). Reparto: Clara Mouriz, mezzosoprano (Cenerentola). Xabier Arduaga, tenor (Don Ramiro). David Menéndez, barítono (Dandini). Salvatore Salvaggio, bajo-barítono (Don Magnífico). Jeroboam Tejera, bajo (Alidoro). Sofía Esparza, soprano (Clorinda). Marta Huarte, soprano (Tisbe). Coro Premier Ensemble de la Agao (director, Iñigo Casalí). Orquesta Virtuosi Brunenses. Dirección de escena: Curro Carreres. Dirección musical: Nicola Valentini. Producción: Asociación Gayarre de Amigos de la Opera. Lugar: Teatro Gayarre. Fecha: 20 de octubre de 2017. Público: tres cuartos de entrada.

pocas veces hemos escuchado una Cenerentola tan bien concertada entre todos los elementos que le dan vida. Por lo que hay que citar en primer lugar, el tempo y temple del director Nicola Valentini, que plantea un Rossini extraordinariamente pulcro y diáfano, incluso en los más peliagudos concertantes -esas diabluras vocales rossinianas que parecen imposibles de pronunciar-;a la vez que consigue que la impecable orquesta arrope, y arrastre en su fluir a los cantantes, en una misma corriente de estilo, precisión, humor, y música. Asumiendo, además, un riesgo de velocidad en los tempi de los consumados finales de las progresiones, que pocas veces se escuchan. Ni un desajuste entre foso y escena, en las casi tres horas de función. Se nota que Nicola Valentini viene del barroco;todo cristalino como un clave. Subiendo al escenario, el elenco vocal es magnífico: individualmente es de categoría;pero, sobre todo, muestra una homogeneidad que nos lleva, sin sobresaltos desagradables, a los personajes, perfectamente encarnados en voz y figura con los cantantes. Así, los dúos, tercetos y demás grupos que se suceden, siempre encajan con un sonido equilibrado, sin predominios individuales, con su protagonismo personal -se oye todo-, pero sin que nadie avasalle a nadie. Los concertantes, siempre muy sólidos por el predominio de la clave de fa -o sea barítonos- en el reparto, quedan, sin embargo, muy iluminados por los rotundos agudos de sopranos -hermanastras- y tenor. El coro de hombres de la Agao, impecable toda la tarde: timbre muy brillante en tenores, apaciguado por la cuerda grave, con un resultado empastado y envolvente, con actuaciones estelares en matiz piano o picado, como el acompañamiento al tenor en la famosa aria del comienzo del segundo acto. La puesta en escena no es especialmente espectacular, pero es limpia, bien iluminada, con rico vestuario, buena dirección de actores, y una escenografía que no estorba nunca, y por la que fluyen estupendamente la caracterización de los personajes, la música en general, y las idas y venidas de las figurantes, que, por cierto, lo hicieron con mucha gracia.

Clara Mouriz (Cenicienta) tiene una voz muy hermosa de mezzosoprano, da gusto escuchar sus graves, y sube sin problemas al agudo;compuso su personaje con bondad, pero sin cursilería;salvó muy bien su aria final;al principio canto con algo de miedo -avisó de que se estaba reponiendo de un proceso gripal-. Xabier Anduaga -del que nos habían llegado ecos laudatorios- tiene el timbre y facilidad de agudo que tanto gusta a los rossinianos;incisivo en la zona alta, se permite bellos filados, que irá perfeccionando en su encaje con el fraseo total. David Menéndez, como ayudante, compone un falso príncipe con un empaque y teatralidad perfectos, y con una voz grande, bien modulada, extravertida. Igual que el Don Magnífico de Salvatore Salvaggio, cuyo físico ayuda a componer el ruin rol de la ópera: es, sin duda, un experimentado rossiniano;cada gesto, cada movimiento, están al servicio de una voz poderosa, gruñona, autoritaria, y todos los demás matices, que se le exigen. Jeroboan Tejera, completa la zona grave gran solvencia (un poco apurado arriba). Las dos hermanastras -Sofía Esparza y Marta Huarte- se avienen muy bien, se complementan, vocalmente, en los tramos que tienen a dúo. Sofía, se luce en su aria final;se mueve con convicción y sin complejos;va bien al agudo, aunque todavía un punto golpeado -los bruscos saltos de tesitura en Rossini es lo que tienen-, pero, estupenda. Una gran producción.

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