la carta del día

Sobre la difusión del legado artístico de Juan de Anchieta

Por Maite Goyeneche Ventura - Domingo, 22 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

ala vista de la noticia aparecida en la prensa sobre la iniciativa de cuatro ayuntamientos navarros de pueblos cuyas iglesias poseen retablos en los que intervino en su construcción el escultor Juan de Anchieta (1533-1588), como autora del artículo, publicado en la Separata número 185, de la revista Príncipe de Viana, septiembre-diciembre de 1988, extraído de mi Memoria de Licenciatura inédita, defendida en la Universidad de Navarra en noviembre de 1985, cuyo título es Estudio Histórico Artístico de la Iglesia Parroquial de Santa María de Cáseda (Navarra), cabe señalar que iniciativas de este tipo van en la dirección necesaria para que los ayuntamientos se conciencien y traten de difundir el legado que se nos ha transmitido, máxime teniendo en cuenta que, como en el caso del retablo anteriormente mencionado, ya existe un estudio pormenorizado del mismo y de sus avatares desde su construcción hasta nuestros días, así fue cuando el alcalde, jurados y vecinos de dicha villa, como patronos titulares del inmueble, decidieron el 27 de noviembre de 1576 encargar su realización a Juan de Anchieta, imaginero y entallador, vecino de Pamplona.

Por todo ello, de los siete retablos que se conservan actualmente en la iglesia parroquial de Cáseda, el mayor es un fiel exponente de los ideales que caracterizan a la escultura de la zona norte de la Península en el último tercio del siglo XVI;con la peculiaridad de que confluyen los tres elementos que van a caracterizar este período. De un lado, la influencia de Gaspar Becerra, con la importancia que esto supone de cara al conocimiento directo de la obra de Miguel Ángel a través de las enseñanzas que trajo de Italia;además de la influencia de Juan de Juni y de la gubia de uno de sus discípulos más aventajados que es Juan de Anchieta.

Todos estos elementos van a dar como resultado un conjunto arquitectónico escultórico que se caracteriza por la sobriedad y la pureza de líneas en las que se insertan una serie de composiciones con figuras que responden al programa iconográfico típico de esta etapa, inaugurándose un tipo de retablo muy diferente al de la primera mitad del siglo XVI, tan aficionado a la profusión decorativa.

Vemos cómo a partir de los años 70 del XVI van desapareciendo los grutescos, dando paso a una mayor simplificación de las trazas, centrándose la decoración en puntos muy concretos. Además, la iconografía va a jugar un papel fundamental como resultado de la entrada en vigor de las disposiciones del Concilio de Trento, cuya finalidad era adoctrinar a los fieles en las verdades de la fe establecidas en el mismo, en el que se incluía el programa iconográfico a seguir y que los artistas contribuyeron a difundir, según los contratos que les hacían, en la misma línea estética y estilística.

Podemos afirmar que, a pesar de las distintas vicisitudes por las que ha pasado, se nos ha legado una obra a la que le cabe el honor de ser la pionera en Navarra de los moldes estéticos y estilísticos de la escultura romanista, que de la mano de Juan de Anchieta, uno de los más importantes escultores del último tercio del siglo XVI, se difundirán por todo el norte de la Península, incluso hasta la primera mitad del siglo XVII.

Por lo que respecta a Navarra, coincide con un momento de apogeo de la escultura que va a la cabeza de las artes. Quiere esto decir que el retablo mayor de la iglesia de Cáseda supone el eslabón para el estudio, evolución y desarrollo posterior de la obra de Anchieta, y en definitiva del manierismo, de ahí la importancia de su difusión para conocimiento de la ciudadanía.