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A la contra

Creencias

Por Jorge Nagore - Domingo, 22 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Me resulta mucho más fácil creer que hay un Dios que creó las galaxias, los planetas, las tierras, los espacios, los océanos, los animales, las personas, a sí mismo y hasta las llegadas en alto del Tour de Francia que que existan personas que defienden la existencia, la necesidad y la bondad de que haya monarquía, de que haya reyes, de que haya lacayos. Quiero decir, racionalmente me parece mucho más comprensible esa posibilidad, de la misma manera que puedo comprender -no digo defender, digo comprender que exista- que haya ideologías políticas tremebundas. Pero lo de los reyes y las princesas no me cabe en la cabeza, por muchas vueltas que le llevo dando desde pequeño no soy capaz no ya solo de ver una sola razón de que gente así pulule por el mundo sino de que personas como usted y como yo, con sus inteligencias y sentimientos y sus principios y tan o más respetables que yo e incluso mucho más, sean capaces de ponerse en pie cuando habla un Rey, de arrodillarse ante él, de lanzarle vivas, de tener en cuenta su opinión y toda esta mierda que llevamos tragando desde hace más de 40 años. Ver al que nos imponen aquí abriendo el pico el viernes, hablando de democracia, de respeto, de no sé qué hostias, ver a su esposa de diva de Hollywood, ver a esa gente aplaudirles como si fuesen Spencer Tracy y Katherine Hepburn cruzando el Dorothy Chandler Pavilion cogidos del brazo a por sus Oscar me da náuseas. No lo puedo evitar, no es algo que busque, ni que fuerce. Ni el más detestable de los políticos me provoca una sensación parecida, una sensación que se incrementa aún más cuando leo o veo a quienes ya sean políticos, periodistas o quien fuera les alaba y admira, en cuclillas, claro, especialmente si como estas semanas mete su hocico en la vida diaria de la gente normal y nos habla de democracia y no sé qué paparruchas. Representa la hipocresía en grado extremo.

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