Mesa de Redacción

La realidad de la Ribera

Por Joseba Santamaria - Domingo, 22 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

no es cierto que la Ribera sea ese territorio retrasado y hundido en todo tipo de penurias que describen habitualmente UPN, PP y PSN. La Ribera, como otras zonas de Navarra, tiene problemas, unos comunes al resto del territorio y otros, como el modelo de mercado laboral o la inmigración, con características propias. Al igual que las zonas del Pirineo sufren problemas específicos de despoblación o envejecimiento. La Ribera es una espacio social, político, económico y cultural activo y dinámico, con industria, infraestructuras, actividad social y vecinal, inversión económica y empresarial y dotaciones educativas y sanitarias. Es una estupidez política azuzar el discurso de los presuntos agravios con otras áreas de Navarra por intereses partidistas o electorales. No sólo porque la realidad de los datos y de la actividad diaria lo desmienten, sino porque si así fuera, si la Ribera fue un territorio abandonado a su suerte, la responsabilidad máxima sería precisamente de quienes denuncian ahora ese supuesto abandono. Aunque no les gusta recordarlo, este Gobierno de Navarra y los ayuntamientos del cambio en la Ribera apenas llevan dos años y medio de trabajo desde las elecciones de 2015, y UPN, PP y PSN han tenido en sus manos las responsabilidades políticas y presupuestarias Navarra y de la mayor parte de esos municipios durante 30 años. Con esa absurda campaña de desprestigio de la calidad de vida de la Ribera, UPN, PP y PSN únicamente se señalan a sí mismos como máximos responsables de los problemas derivados en esa zona a partir de la crisis en 2008 y de la ineficacia e inacción política y presupuestaria de su gestión entre esa fecha y 2015, casi siete años perdidos para implantar políticas de reactivación social y económica en la Ribera. La comparativa de datos y hechos entre esos siete años y los dos y medio últimos es clarificadora. Igualmente, es un error político utilizar la confrontación entre navarros y navarras para intentar recuperar los votos que perdieron en 2015. Sobre todo, porque no sirve de nada a la hora de buscar soluciones a los problemas reales de los vecinos de la Ribera. Un ejemplo claro es la falsa polémica que intentan avivar UPN y PP con la segunda fase del Canal de Navarra, con críticas demagógicas para acusar al Gobierno de Barkos de dejar sin agua a la Ribera y discriminar a sus habitantes. Una impostura política más de los partidos de la oposición, máxime cuando fueron Barcina y Arias Cañete, con la complicidad del PSN, quienes paralizaron la extensión de la segunda fase del Canal en 2013 alegando problemas de financiación, pero no dudaron al mismo tiempo en poner en marcha la ampliación de la primera fase en un oscuro proceso de adjudicación. Quizá debiera explicar Esparza, entonces consejero de Agricultura y Medio Ambiente, las decisiones que se tomaron, tanto la paralización del Canal a la Ribera como la priorización de la ampliación de la primera fase mediante el sistema de peaje en sombra con un alto sobrecoste para las arcas forales. Porque como afirma el presidente de UAGN, Félix Bariáin, todo el mundo sabía entonces que la ampliación de la primera fase suponía reducir el caudal de agua para los regadíos de la Ribera. Intentar enfrentar a ahora a unos regantes con otros para tratar de ocultar la responsabilidad de sus decisiones -que además dejaron a Canasa en bancarrota- es una muestra de impotencia política.