Noticias de NavarraDiario de Noticias de Navarra. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

Tiempos duros

Por Mikel Buil García - Domingo, 22 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Crepúsculo de los bueyes, está despuntando el alba…

aestas alturas, no les voy a engañar, soy un eterno defensor de lo mixto, de la mezcla, de la diversidad porque en el fondo soy así en casi todos los elementos de mi identidad. Me siento navarro, vasco, español, europeo y adoro nuestras raíces musulmanas y los principios y filosofía griega que fundan la democracia occidental y, ojo, no quiero que todas las personas sean como yo aunque sé que todas ellas son algo de mí. La pureza me aburre y estoy convencido de que muere de endogamia y decadencia.

Las culturas, como la propia vida, han prosperado gracias al mestizaje y a las aportaciones de la diversidad, a pesar de la brutal resistencia ofrecida por quienes han llenado los mapas de rayas y banderas que solo intentan separarnos o encerrarnos para que nos enfrentemos entre nosotros y defendamos sus intereses. Les basta con agitar su bandera para que olvidemos sus tropelías y corramos a defenderla.

Pero ¿de quién y qué es exactamente lo que se defiende?

Desde hace ya décadas la España integrada en la Unión Europea ha ido perdiendo soberanía y competencias, mostrando una cara amable especializándose en el turismo extractivo como sector productivo pero derivando en golpes, especulación y porrazos, en mordazas, recortes y corrupción. Incumpliendo reiteradamente los objetivos de Kioto, París, los derechos humanos, expulsando a sus jóvenes, no garantizando la dignidad en nuestra vejez y en definitiva no cumpliendo los mínimos requisitos democráticos que sustentan la solidaridad entre los pueblos y entre los individuos.

Podrían intentar convencerme de que la unión hace la fuerza y que es por eso que la bandera se defiende, porque tenemos un cierto peso específico en algún lado para avanzar en igualdad, sostenibilidad y dignidad.

Si bien es cierto que solos, en esta partida de usureros, estamos perdidos y eso esta siendo especialmente visible con el tema económico en Cataluña y la amenaza de aniquilación de su tejido productivo cual bomba nuclear silenciosa. Esta unión de naciones en la que vivimos planteada por nuestra Constitución supone estar atados al objetivo de déficit, a la regla de gasto, y al maldito artículo 135 que nos sitúa en el eterno recorte, como una población pasto de los mercados internacionales, condenada a la desertificación y a ser el parque de atracciones de otros.

Si al menos ser el 12% de la economía europea nos hubiera servido para reivindicar mayores cuotas de bienestar e ir tímidamente acercándonos a los estándares europeos;si acaso este país hubiera abierto brecha a nivel europeo en cuestiones clave como medio ambiente o solidaridad internacional;si hubiera demostrado que con poco se puede hacer mucho y dado ejemplo del buen vivir que nos caracteriza;si esta nación de naciones hubiera logrado mostrar qué es la austeridad bien entendida como un modelo de desarrollo alternativo al amenazador precipicio, podría agarrarme a la bandera.

Pero ninguna bandera es mi bandera si he de tomarla para golpear con ella a mi vecino hasta que renuncie a la suya.

Son tiempos duros, todos los indicadores medioambientales y políticos, nacionales e internacionales apuntan a conflicto y deshumanización, al conmigo o contra mí, a la batalla por los feudos en este mundo de señores cada vez más poderosos y de venganzas suicidas de individuos adoctrinados, víctimas de la exclusión y la barbarie.

Muchos nos han advertido de que este sistema está colapsado, pinzado, que ha llegado a su fin porque ya no consigue repartir ni tampoco administrar justicia.

Entonces… ¿es posible pensar todavía en una Europa sin pueblos subyugados que va creciendo y acogiendo naciones?

¿Sería posible aspirar a ese orden mundial capaz de limitar la avaricia y la guerra?

¿Recuperar nuestra soberanía de las manos de Merkel?

¿Nuestra identidad de las manos del esencialismo?

¿Ilusionar de nuevo al mundo desde esta magnífica península como lo hacia Bagdad, una de las ciudades más cosmopolitas y de enorme diversidad cultural, antes de que la bombardearamos?

Claro que sí. Sí se puede, y aunque el péndulo del Estado hoy esté en este silencioso estruendo de banderas, barrotes y quimeras, la federación solidaria y corresponsable de los pueblos españoles y europeos cada día está más cerca. Hay que seguir cantando como el ruiseñor en medio de las batallas como lo hizo José Luis Sampedro antes de irse o Miguel Hernández cual viento del pueblo.

Poner por delante el futuro, el reconocimiento de cada pueblo como uno más y defender la vida con la vida y la tierra a manos llenas.

“Vientos del pueblo me llevan, vientos del pueblo me arrastran, me esparcen el corazón y me aventan la garganta.

… vais de la vida a la muerte, vais de la nada a la nada: yugos os quieren poner, gentes de la hierba mala, yugos que habéis de dejar, rotos sobre sus espaldas.

Crepúsculo de los bueyes, está despuntando el alba”.

“… que hay ruiseñores que cantan encima de los fusiles y en medio de las batallas”.

M. Hernández.

El autor es portavoz del GP Podemos Ahal Dugu

Herramientas de Contenido