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La mejoría económica y social choca en Navarra con un interesado debate identitario

Gobierno y oposición contraponen este jueves su visión sobre Navarra en el debate de política general
La sesión servirá para definir el rumbo político de la Comunidad en el final de la legislatura

Ibai Fernandez Patxi Cascante - Domingo, 22 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

La presidenta del Gobierno de Navarra, Uxue Barkos, observa desde su escaño la intervención de un parlamentario durante un pleno ordinario en el Parlamento.

La presidenta del Gobierno de Navarra, Uxue Barkos, observa desde su escaño la intervención de un parlamentario durante un pleno ordinario en el Parlamento.

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  • La presidenta del Gobierno de Navarra, Uxue Barkos, observa desde su escaño la intervención de un parlamentario durante un pleno ordinario en el Parlamento.

Pamplona- El Parlamento de Navarra celebra el próximo jueves el Debate sobre el estado de la Comunidad, una sesión extraordinaria en la que Gobierno y oposición expondrán sus distintas visiones de la realidad política, social y económica. Será el segundo de la legislatura, recién superado el ecuador del mandato iniciado en 2015 y con las próximas elecciones ya asomando a lo lejos en el horizonte. Un debate que Navarra encara con una realidad económica y social mejorada respecto a hace dos años, pero a la que muchas veces se impone de forma interesada la polémica identitaria.

Es el escenario en el que la presidenta del Gobierno, Uxue Barkos, encara un debate que si bien no tiene consecuencias prácticas directas, sí va a marcar el rumbo político del Gobierno para los dos próximos años. Barkos deberá fijar este jueves los objetivos para la segunda parte de la legislatura y convencer a los ciudadanos de que el cambio iniciado en 2015 ya está dando resultados.

Cuenta a su favor con los indicadores económicos que, lejos del alarmismo apocalíptico en el que todavía hoy insisten algunos responsables políticos, muestran una tendencia positiva en Navarra, mejor en muchos casos que la del resto del Estado. Barkos también podrá exhibir avances notables en protección social y de mejora en los servicios públicos, con la sanidad como punta de lanza. Igualmente, la reversión de algunos recortes como la extra de los empleados públicos o las cocinas hospitalarias, que han sido posibles gracias a la reforma fiscal, que lejos de hundir la recaudación tributaria ha logrado equilibrar las cuentas públicas.

Un contexto favorable para un Gobierno foral que, salvo polémicas puntuales y la excepción de la Ley de Policías, ha logrado mantener la estabilidad gracias al apoyo del cuatripartito. Que sin embargo se ve continuamente envuelto en polémicas identitarias, muchas veces descontextualizas o exageradas, pero que de las que no ha logrado despegarse en los dos años de mandato.

Es el campo de juego que ha buscado la oposición desde el inicio de la legislatura, y del que el Gobierno no ha podido o no ha sabido salir hasta ahora. Son muchas ya las veces que se ha visto enredado en debates en torno a la lengua o las banderas como ha ocurrido las últimas semanas con el conflicto catalán, situado ya en primera fila del debate político en Navarra. Un obstáculo que muchas veces ha acabado eclipsando los logros sociales, y que el Ejecutivo foral debe superar si no quiere que una legislatura que comenzó marcada por las consecuencias sociales y económicas de la crisis no acabe girando hacia el debate territorial que ya se está imponiendo en el conjunto del Estado, con su consiguiente efecto electoral.

Los partidosSituar en su justa medida los logros y las prioridades del Gobierno es uno de los dos grandes retos con el que Barkos encara el debate del jueves. El otro, garantizar la cohesión de su mayoría parlamentaria, cuestionada tras fracasar la Ley de Policías por el rechazo de Podemos e Izquierda-Ezkerra.

El debate, y la posición que tomen los dos socios más díscolos, pondrá también en valor la estabilidad del Gobierno y su capacidad de completar la legislatura. El cuatripartito alcanza el debate con algunas discrepancias públicas reconocidas en torno al TAV, la política lingüística o la reforma fiscal. Cuestiones que hasta ahora no han impedido el acuerdo de una mayoría que se ha mostrado sólida, pero que podría agrietarse conforme se acerque la cita electoral de 2019. Con los presupuestos a la vuelta de la esquina, la sesión del jueves medirá también si ese equilibrio que ha mostrado el cuatripartito sigue siendo suficiente para llevar hasta el final el acuerdo programático.

Es lo que querrá evitar la oposición, que con UPN y PP a la cabeza volverá a plantear un debate en tonos catastróficos. Llegados a este punto, solo queda mantener la tensión hasta el final intentando convencer de que los fatídicos vaticinios van a ser una realidad. La desaparición de Navarra volverá a centrar así el discurso de una oposición en la que siempre destaca más un PP sin complejos para la extravagancia. Pero que hasta ahora no ha aportado nada más que el no a todo lo que ha planteado el Gobierno. Y eso puede ser insuficiente para una parte del electorado que espera algo más de quien pretende ser alternativa.

Una oposición frontal de la que tampoco se acaba de desmarcar el PSN, que lejos del giro a la izquierda anunciado en julio ha endurecido su todo contra el Gobierno. En asuntos especialmente sensibles como la política lingüística, acusando incluso al Ejecutivo foral de prevaricar para facilitar el acceso de euskaldunes a la administración.

El debate también servirá así para comprobar el rumbo que los socialistas fijan para el resto mandato. Hasta qué punto están dispuestos a tender puentes con las fuerzas con las que aspira a gobernar a partir de 2019, y que hoy mantienen posturas demasiado lejanas como para hacer viable una alianza de Gobierno. Una apuesta a la que los socialistas difícilmente dotarán de credibilidad si no logran salir de la dinámica del tripartito de la oposición en la que llevan encerrados toda la legislatura.

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