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La alimentación, el ejercicio, poco estrés y la genética son los grandes secretos

Superar los 120 años, cada vez más cerca

la alimentación, el ejercicio, poco estrés, la genética y la felicidad son los secretos de las personas centenarias

Un reportaje de Adaya González - Domingo, 22 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Personas mayores (de espaldas), sentadas en un banco de la plaza del Castillo.

Personas mayores (de espaldas), sentadas en un banco de la plaza del Castillo. (MIKEL SAIZ)

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  • Personas mayores (de espaldas), sentadas en un banco de la plaza del Castillo.

El límite biológico del ser humano es, por ahora, de 120 años. La alimentación, el ejercicio, poco estrés y la genética son los grandes secretos de los centenarios, pero los avances de la biomedicina permiten pensar que, no muy tarde, la humanidad pueda batir todos los topes de la longevidad.

Es uno de los aspectos analizados en Longevidad y envejecimiento en el tercer milenio: nuevas perspectivas, libro escrito por José Miguel Rodríguez-Pardo, profesor de Ciencias Actuariales en la Universidad Carlos III de Madrid, y Antonio López Farré, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), y publicado por la Fundación Mapfre.

Una obra que, a partir del estudio de las poblaciones más longevas del mundo desde el punto de vista personal, económico y social, se mete de lleno en el organismo humano y el conocimiento biomédico para dar una explicación a las causas y las consecuencias de una vida cada vez más perdurable, conforme ha avanzado la ciencia.

Las denominadas “zonas azules” del planeta, aquellas en los que un número significativo de personas alcanzan o superan los 100 años -y, lo que es más importante, en buenas condiciones- son cinco: Okinawa (Japón), Icaria (Grecia), Nicoya (Costa Rica), Loma Linda (EEUU) y Cerdeña (Italia).

Aunque estas zonas están lejos entre sí y cada una tiene sus particularidades, sus ancianos tienen nexos como una cuidada alimentación basada principalmente en el consumo de verduras, frutas y pescado;actividad física moderada, poco estrés y tiempo para la meditación o la relajación.

Muchos de estos aspectos los desarrollan “inconscientemente”, señala a Efe López Farré. “Por ejemplo, en Icaria, donde 6 de cada 10 personas superan los 90 años, tienen que subir y bajar por la montaña diariamente para comprar el pan, o se echan una siesta de 30 minutos”, añade.

Pero si hay algo que les une, más allá de sus condiciones de vida, es la felicidad: “Todos los centenarios a los que hemos preguntado han contestado que son felices”, asegura el catedrático.

En España no existen zonas o pueblos que destaquen por una longevidad excepcional, aunque son Málaga y Melide (A Coruña) las que más sobresalen por su cifra de centenarios. Se trata, no obstante, del cuarto país del mundo con mayor esperanza de vida, que es de 83,2 años de media (80,4, para los hombres y 85,9 para las mujeres, según los últimos datos del INE).

Obviamente, el ADN de estas personas forma parte de la explicación a su larga supervivencia, pero aquellos que no han tenido la misma suerte deben saber que hoy “la genética se puede modificar a través de los hábitos de vida”.

Es la epigenética, una parte de la genética que analiza cómo los factores externos, tales como la nutrición, el entorno o el estrés, pueden modificar o corregir la forma en que se expresa un gen, cambios que, según algunos estudios científicos recogidos en el libro, presentado esta semana en la Fundación Mapfre, podrían heredarse.

La actual tendencia de la medicina a no tanto curar como predecir, prevenir y reparar enfermedades definidas genéticamente es otro de los grandes aliados en la búsqueda de vivir más y mejor, de forma que ya se habla de poder burlar la barrera biológica de la vida humana, estimada en 120 años.

De hecho, existen opiniones científicas que convierten ese límite en el de la esperanza de vida para los nacidos en 2050.

Pero aunque el envejecimiento pueda ya aparecer más tarde y de forma saludable, lo que la ciencia es incapaz de garantizar es la inmortalidad.

“Creo que es imposible, y no sé si sería buena. Nuestra capacidad regenerativa se va perdiendo con la edad, y llega un momento en que las células no dan para más”, subraya López Farré que, parafraseando al poeta griego Píndaro, concluye: “No anheléis la inmortalidad, pero agotad el límite de lo posible”.

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