Adiós Pamplona

La antigua Maternidad en la cuesta del Palacio, 1935

Por Joseba Asiron (www.adiospamplona.blogspot.com) - Domingo, 22 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

(Foto: Julio Cía. En ‘Pamplona, calles y barrios’, de J.J. Arazuri)

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En 1935,la embocadura de la actual calle Aldapa desde la cuesta del Palacio iba ocupada por la antigua Maternidad e Inclusa de Navarra. La institución había sido fundada en el año 1804 a iniciativa del obispo de Pamplona, Javier Úriz Lasaga, para acoger a los niños expósitos, que entonces eran muchos, asistir a las mujeres embarazadas y recoger a los huérfanos de Pamplona y del resto de Navarra.

La fotografía, obtenida al parecer en un frío día invernal, muestra a una mujer de edad, cubierta de los pies a la cabeza con ropajes negros, que sube la cuesta precedida por dos niñas, una de las cuales está casi totalmente oculta por un árbol. En cuanto a la Maternidad e Inclusa, puede verse que era un caserón de traza racional y resabios clasicistas. Sobre el acceso había una hornacina con el busto del fundador, que en el momento de sacar la foto había sido ya retirado, y junto a la puerta un torno donde se depositaba a los niños abandonados.

Hoy en díano queda rastro de la antigua Maternidad en la cuesta del Palacio. A pesar de que fue ampliada en 1846, dándole salida trasera a la paralela calle del Carmen, el edificio se quedó corto enseguida para las necesidades de la ciudad, y en 1934 fue finalmente abandonado por la construcción de un nuevo edificio cerca de Barañáin. Dos años más tarde, con motivo de la gloriosa Cruzada, el inmueble se convirtió en sede de Falange Española, y después de la guerra, en 1944, fue definitivamente derribado.

En el lugar ocupado por la Maternidad e Inclusa se abrió entonces una nueva calle, a la que se llamó Aldapa por su orografía (aldapa quiere decir cuesta en euskara), y la memoria del viejo caserón desapareció. A pesar de ello, uno no puede dejar de imaginar los dramas que se habrían desarrollado en aquel lugar, así como en las condiciones durísimas en las que crecían, y en no pocos casos morían, aquellos pobres niños expósitos.