El gran control de la Renta Garantizada

Enrique Galán Landa - Martes, 24 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Esta semana leí cómo el señor Laparra se jactaba del buen control que se hace a las ayudas de la Renta Garantizada de Ingresos (RGI), alabando a su vez la coordinación entre sevicios sociales e instituciones, lo que ha llevado a desarticular una banda de delincuentes entre los que se encontraban antiguos residentes de chabolas junto al Tenis. No puedo expresar lo que sentí al leer esto. Si fueron ganas de reír, para lo que no me queda humor, o fueron ganas de llorar, para lo que no me quedan lágrimas.

A estas alturas dudo que sea posible el control efectivo de 34.000 perceptores de renta. Saber si se forman para entrar en el mercado laboral, si trabajan en mercado negro mientras cobran, o simplemente si de verdad están necesitados de dicha ayuda, en cuyo caso una sociedad mínimamente solidaria debe darla en forma de trabajo y no de vergonzosa misericordia. Es sencillamente imposible su control. Pero lo que de verdad me indigna es que alardeen de la coordinación interinstitucional para la desarticulación de la banda en cuestión cuando yo vengo denunciando el comportamiento de estos delincuentes a Policía, tribunales y Servicios Sociales desde el 15 de enero de 2015 y al Parlamento y grupo EH Bildu desde 2016, cuando surgió el campamento chabolista. Todos han hecho caso omiso.

Laparra jauna: Supongo que tiene que vender la moto y decir que hay control sobre los perceptores. Yo en cambio no vendo la moto sino lo vivido. Y lo vivido es lo siguiente: ocupación ilegal de mi vivienda por delincuentes mediante falsificación documental, los cuales han cobrado ayudas ilegalmente hasta mi denuncia y probablemente tras ella. Delincuentes que han prostituido a sus menores, entre otras lindezas, causando a su vez molestias insufribles a vecinos. Lo vivido ha sido la desidia de los tribunales navarros tras mis denuncias y la dejadez del Parlamento. En definitiva, demasiado como para tener que felicitarles ahora por la desarticulación de una banda formada, entre otros, por delincuentes a quienes el Ayuntamiento ha dado cobijo y el Gobierno misericordiosa ayuda.