Música

Campeón

Por Javier Escorzo - Miércoles, 25 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

CONCIERTO DE LAGARTO AMARILLO

Fecha: 19/10/2017. Lugar: Zentral. Incidiencias: Concierto gratuito, con invitación expedida por una emisora de radio. Sala llena, público muy joven y participativo. Se trataba de una presentación del nuevo disco del grupo: nueve canciones, algo menos de una hora de actuación.

la historia de Lagarto Amarillo es agridulce. En sus más de tres lustros de andadura, los tres hermanos Mora (Pablo, Patricia y José María) las han visto de todos los colores: han conocido la autoedición y las discográficas multinacionales. Los locales pequeños y los grandes recintos. Han escuchado sus canciones en la radio y han visto a miles de personas coreándolas. Se podría decir que la trayectoria que marcaron sus cuatro primeros discos fue claramente ascendente, pero en 2015 la tragedia se cruzó en su camino cuando falleció José María Mora después de tres años de lucha contra la enfermedad. Recordemos que José María era uno de los tres hermanos que formaban el grupo, por lo que el impacto fue devastador. En 2017 el grupo ha vuelto a la actualidad con la publicación de su nuevo trabajo, Campeón, en el que, además de la baja de José María, también abandonaba la formación Patricia, la otra hermana, quedando Pablo como único miembro fundador. El madrileño ha decidido seguir adelante con la marca Lagarto Amarillo en vez de firmar con su propio nombre, precisamente como homenaje a sus dos hermanos.

El concierto de Zentral era, en realidad, una presentación acústica de su nuevo álbum. No se trataba de un concierto al uso, sino de un breve acústico en el que Pablo Mora se ocupó de la guitarra acústica y contó, además, con la ayuda de una pequeña batería y otro músico en los teclados. Fueron sus dos acompañantes los encargados de ejecutar una misteriosa introducción musical hasta el momento en el que el líder de la banda apareció entre aplausos sobre el escenario para arrancarse con No te vayas nunca, uno de los temas de su último disco, que a pesar de llevar solo unas semanas en la calle, fue coreado en las primeras filas. Pablo tenía el firme propósito de conectar con el público desde el primer momento y para ello anunció que, entre quienes se hiciesen seguidores de la cuenta de Instagram del grupo, se sortearía un disco al final del concierto. Mientras la gente trasteaba con sus teléfonos móviles en la citaba red social, en el escenario continuaron con tres canciones antiguas: Por eso (Kantamelade), Crío, dedicada a todos aquellos que se niegan a crecer, y Domingos, esta última en clave de rumba, con cajón flamenco y unos arreglos de teclado que recordaban a Agárrate a mí, María, de Los Secretos. Después, otra novedad, Kamikaze, seguida de una de sus canciones más conocidas: Dejarse la piel, que fue cantada a modo de karaoke por el público.

Pero el momento más emocionante llegó en los bises, cuando Pablo salió solo con su guitarra y se situó en el extremo del escenario para cantar, sin micro, Campeón, dedicada a su hermano fallecido. Esa canción hizo que la sala enmudeciera y que brotaran (literalmente) lágrimas en los ojos de alguno de los asistentes. La divertida rumba Perdón y amén consiguió distender el ambiente y que el público terminase la actuación con una sonrisa en la cara.