El final de la vida

Juan Carlos Sesma Laguardia, ‘Chani’ - Miércoles, 25 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Desde estas líneas quiero contar mi experiencia sobre los momentos tan duros que me ha tocado vivir este verano de 2017, esperando sirva para que quien las lea reflexione sobre un proceso natural, inevitable y que solamente nos ocurre una vez en la vida, la muerte.

El martes 18 de julio diagnosticaron a mi madre en el servicio de Urgencias del CHN una enfermedad maligna de la que se preveía un fatal desenlace. El impacto fue brutal, me parecía estar viviendo un mal sueño, pero, efectivamente, era real. Quiero agradecer la atención prestada por el doctor Iosu Labandeira y el equipo de enfermería que me hicieron más llevaderos esos dolorosos momentos.

Durante el ingreso en la 4ª general del edificio de Virgen del Camino se confirmó el diagnóstico inicial y el mal pronóstico. De nuevo quiero agradecer la atención prestada por el equipo de Medicina Interna y de enfermería que atendieron a mi madre, y especialmente a la doctora Sara Pérez Ricarte, que durante un largo rato estuvo sentada a su lado hablándole, cogiéndole de la mano y explicándole con un lenguaje asequible lo que suponía la enfermedad que le acababan de diagnosticar. En la consulta posterior se confirmó que la enfermedad era incurable y se valoró que lo más adecuado era darle calidad de vida. Fue otro palo confirmar que no había posibilidad terapéutica, pero había que asumirlo.

Mi madre permaneció en su casa acompañada por su familia hasta que el sábado 16 de septiembre tuvimos que volver al servicio de Urgencias del CHN. De nuevo mi agradecimiento por la atención prestada por el doctor José Javier Ilundáin y el equipo de enfermería de boxes y de observación.

Mi madre ingresó al día siguiente en el Servicio de Cuidados Paliativos del HSJD y falleció el viernes 13 de octubre. Mi más profunda gratitud para todos los profesionales implicados en su atención, el doctor Marcos Lama, el equipo de enfermería, rehabilitación, psicólogos y atención espiritual, por lo magníficamente bien que la han cuidado y por el cariño y empatía con el que nos han tratado a toda la familia. Es un proceso muy duro, pero estoy satisfecho. Mi madre ha tenido un final tranquilo, sereno, rodeada de los suyos y con los síntomas de su enfermedad controlados en todo momento. Mi madre ha tenido el privilegio de tener una muerte digna, una buena muerte, gracias al fantástico equipo que trabaja en el Servicio de Cuidados Paliativos de HSJD, y con eso me quedo.

El día siguiente fue un día largo y agotador, pero con la satisfacción del deber cumplido y de comprobar lo querida que era mi madre. Pasó todo el pueblo por el tanatorio. Gracias a todos. Y gracias también a Tere, mi mujer, mi compañera, mi enfermerica, por estar ahí, dándome su apoyo y todo tipo de explicaciones sobre la evolución de la enfermedad de mi madre que me ha hecho mucho más soportable el duro trance por el que ha pasado mi familia. Y gracias madre. Hasta en tu despedida y final lo has hecho bien. Adiós, espérame hasta que volvamos a vernos.