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“Es un error de la Policía: ni por accidente ha podido caer veneno en la comida”

El encargado del local, que lleva 12 años abierto, niega las acusaciones y dice que nunca ha sido multado por Sanidad

Miércoles, 25 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Zaheer-Ud-Din Babar, en el restaurante, y detrás de él, sobre las máquinas, la moldura donde puso el veneno.

Zaheer-Ud-Din Babar, en el restaurante, y detrás de él, sobre las máquinas, la moldura donde puso el veneno.

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“Escuché roer y puse veneno, pero en una zona en la que no se manipula la comida”

PAMPLONA - El pakistaní Zaheer-Ud-Din Babar, de 29 años, negaba ayer las acusaciones que motivaron su detención y la de dos empleados del Bar La Galería Doner Kebab, el pasado viernes como responsables de la intoxicación de unos clientes con un producto raticida.

“Respeto mucho si hay dos personas que han sido intoxicadas, pero es un error de la Policía responsabilizarnos a nosotros, porque ni por accidente ha podido caer veneno en la comida”, afirmó ayer Zaheer-Ud-Din ayudado en la conversación por un amigo que actuó como intérprete.

El joven, que lleva cinco años y medio viviendo en Pamplona, es el encargado del restaurante de comida turca que fue clausurado la semana pasada por la Policía Nacional en el barrio de La Milagrosa y que lleva 12 años abierto. Aunque el negocio es de su cuñado, el detenido se encarga de él desde hace dos años y medio. “Mi cuñado lleva 20 años viviendo en Pamplona, tiene nacionalidad española, y está en trámites de comprar el local, que hasta ahora estaba alquilado. Nunca hemos tenido ningún problema de tipo sanitario, nunca nos han sancionado”, recalcó ayer el hostelero, que recordó que “a comienzos de septiembre vino un inspector de Sanidad y solo nos dijo que teníamos que cambiar un grifo, pero todo los demás siempre está correcto. Y pasamos inspecciones cada dos o tres meses”.

Por ese motivo, Zaheer-Ud-Din Babar se mostrabaya sorprendido por las acusaciones que pesan sobre él y su restaurante, si bien admitió que “hace unos quince días” adquirió raticida en una tienda de la calle Mayor que colocó sobre unas molduras de escayola elevadas, en las proximidades de la barra, a unos dos metros y medio de altura. “Escuché roer, como si pudiera haber algún ratón en un sitio donde están todos los cables, y puse veneno para evitar que pudieran morderlos, pero en una zona en la que no se manipula la comida”, señala. Las bolsas de raticida, de pequeño formato, fueron introducidas “abiertas” en unos orificios en las mismas molduras, según el detenido, por lo que “ni por accidente han podido caer a la la comida. Entendemos que hay dos clientes que han resultado intoxicados, pero creemos que no ha podido ser con nuestra comida”, dijo el joven, tras admitir que “nos preocupa cómo afectará esto al negocio”. - J.M.S.

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