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Aranzadi, ocupación, decadencia y abandono

la entrada de una pareja joven en un edificio del consistorio evidencia el declive de las casas que quedan en pie en el parque.

Reportaje de Ana Ibarra Fotografía Iban Aguinaga

Miércoles, 25 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Imagen de la vivienda ocupada, propiedad del Ayuntamiento desde 2008.

Imagen de la vivienda ocupada, propiedad del Ayuntamiento desde 2008.

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  • Imagen de la vivienda ocupada, propiedad del Ayuntamiento desde 2008.
“El parque está abandonado. No hay vigilancia. Solo hay perros y robos”

maría carmen arraiza

Aitarentxoko

El Ayuntamiento de Pamplona prevé mantener una reunión hoy con los dos jóvenes que han ocupado una de las viviendas de propiedad municipal en el parque de Aranzadi. La técnica de Patrimonio acudió ayer al inmueble donde vive una pareja joven que reivindica el derecho a un alojamiento en edificios sin uso. El compromiso de los okupas es marcharse en cuanto el Ayuntamiento lo reclame, tal y como señalaron ayer fuentes municipales.

La entrada de estos dos jóvenes ha puesto de manifiesto por otro lado la situación de abandono de algunos de los edificios que pasaron a ser propiedad del Ayuntamiento (desde 2008) cuando se llevó a cabo el proyecto del nuevo parque. Pero no son los únicos. El viejo convento de las Agustinas de San Pedro, adquirido por Caja Navarra, también corre peligro, aseguran los hortelanos de la zona. Así lo pone de manifiesto María del Carmen Arraiza, que reside a caballo entre Madrid y Pamplona, y ocupa la mitad de la espectacular vivienda Aitarentxoko (expropiada por el Ayuntamiento pero que utiliza y cuida María del Carmen mientras viva). Enclavada en medio del meandro de Aranzadi, su interior es un verdadero palacio merecedor de un museo. “La mitad fue expropiada por el Ayuntamiento y el abandono es evidente”, asegura. “Tenemos un jardinero que se ocupa del mantenimiento de toda la finca pero la parte que corresponde al Consistorio está descuidada y el tejado por arreglar”. “Por la noche no hay vigilancia en la zona, roban las verduras de Casa Gurbindo y entran en las casas deshabitadas”, subraya. Los Arraiza fueron una de las familias fuertes de Pamplona. Su padre, el arquitecto Eugenio Arraiza, tenía ‘Aitarentxoko’, pero también Casa Soto (ahora Zabalza), casa Beroiz, Gurbindo y casa Lorea, que se dedicaban a la agricultura, en una época en la que “todo este conjunto residencial era como pueblo: había canales, teníamos cisnes y ciervos, y árboles centenarios que luego derribaron”. “Me han robado los escudos, el altar, los candados, han hecho destrozos, hogueras, fiestas...”, relata. “Tuvimos que vallar todo porque entraban. Antes no había rejas, era un espacio abierto”. Cuando su madre murió la casa se dividió en dos partes, la de su hermano Juan Pedro recayó en el Ayuntamiento vía expropiación. La de Arraiza estaba destinada a ser un pabellón de celebraciones en el proyecto diseñado en 2009. La casa ahora ocupada por los jóvenes (Martintxoenea) era la de los “guardeses”, después de los hermanos de María del Carmen, Pepín y Eugenio, y linda con el jardín de los Arraiza, donde siguen habitando pavos reales. De los edificios en pie, Casa Gurbindo fue destinada a Centro de Interpretación de la Agricultura y Casa Beroiz (vacía) vinculada a la huerta de Elkarkide. Casa Irujo continuó como escuela taller. “Antes daba gusto venir a visitar la zona y conocer las verduras ecológicas de Agustín Beroiz. Era gente que vivía del campo. Ahora solo hay perros y robos”.

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