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El coste de oportunidad

Por Javier Otazu Ojer - Jueves, 26 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

el primer concepto que se da en las clases de economía es el de coste de oportunidad, definido como “cantidad de un bien que sacrificamos por conseguir una unidad adicional de otro”. Para comprender la idea, supongamos una persona que tiene 30 euros para gastar el fin de semana en bebida. Sus opciones son la cerveza (a dos euros cada una) o el cubata (a 6 euros). Si se gasta todo el dinero en cervezas puede consumir un total de 15, si se lo gasta en cubatas puede consumir 5. ¿Cuál es el coste de oportunidad de un cubata? Tres cervezas, puesto que son las que se puede comprar con el precio de un cubata. En sentido contrario, ¿cuál es el coste de oportunidad de un cubata? El inverso del anterior, es decir, un tercio de cerveza.

Los manuales de economía citan un ejemplo clásico: Robinson Crusoe. Suponen que está en la isla y puede invertir su tiempo en conseguir cocos o peces. Imaginemos que si está todo el día bajo las palmeras puede conseguir 15 cocos y si decide pescar logra 30 peces. Aquí lo curioso es que el coste de oportunidad varía: por el primer coco no se dejan de pescar muchos peces, pero por el décimo sí. Al fin y al cabo, posiblemente el primer coco esté a mano. Los posteriores son más difíciles de recoger. Y lo mismo podemos decir de los peces: el primero se pesca con facilidad, pero para el vigésimo hay que esperar más tiempo. En otras palabras, el coste de oportunidad es creciente. Es más barato en términos de cocos el primer pez que el vigésimo.

La mayor parte de las decisiones que tomamos en la vida llevan aparejados un coste de oportunidad. Aunque los libros se centran en los recursos, más importante es el tiempo. Vamos a recordarlo: el dinero va y viene, el tiempo solo se va.

El coste de oportunidad de leer estas líneas es no dormir más tiempo, no consultar el móvil o no tomar café con un amigo. Pensemos en una persona que se prepara una oposición: mientras estudia, no puede trabajar. Tampoco puede hacer deporte, ver la televisión o cuidar algún familiar. Por eso debemos ser tan delicados en el manejo del tiempo: realizar una actividad determinada implica no hacer otras actividades que también podían ser opciones válidas.

Sí, claro que hay que tener en cuenta el dinero. Puede ser que el coste de comprar un coche sea no reformar lo cocina o no ir de vacaciones. Por supuesto, no se trata de obsesionarse con la toma decisiones. Pero saber que toda decisión tiene un coste que no se ve es muy útil para poder elegir mejor.

No deja de ser curioso cómo valoramos más las decisiones monetarias que las referidas a nuestra salud (o lo que es lo mismo, a nuestra energía presente y futura). Los excesos tienen un coste que no solo es monetario. El tabaco está por las nubes, pero el coste futuro en salud (para la persona que se pone enferma y para el sistema sanitario que cubre sus cuidados) está en la estratosfera. ¿Cómo podemos ser tan irracionales en aspectos relacionados con nuestra salud? El último Premio Nobel de Economía, Richard Thaler, lo explica a partir de la economía del comportamiento mediante una idea muy sencilla: sobrevaloramos el corto plazo. Por la misma razón, los políticos no toman las decisiones más adecuadas a largo plazo.

Ya que estamos en los políticos, ¿cuál es el coste de oportunidad de sus promesas electorales? Teniendo en cuenta que casi toda promesa electoral vale dinero (a excepción de cambios jurídicos), hay tres posibilidades. Uno, endeudarse. Dos, subir los impuestos. Tres, quitar de otro lado. No hay más. Por otro lado, ¿cuál es el coste de oportunidad del tiempo que dedican a la política? Unos sacrifican una carrera profesional, pero también muchos otros no tienen otra alternativa posible. En consecuencia, hacen lo imposible por permanecer en sus puestos.

El triste asunto de los incendios de Galicia o Portugal tiene que ver con esta idea. Como es lógico y normal las críticas hacia las administraciones arrecian. ¿Valoraron el coste de oportunidad que supone reducir recursos para combatir estos problemas en términos de lo que se podía perder después? Parece que no.

El no menos triste asunto del procés también camina por esta senda. El coste de oportunidad de todo este choque de trenes es el olvido de las problemas que tenemos y las necesarias reformas para afrontarlos: las pensiones (solo quedan para diez años), la competitividad del país, el invierno demográfico, el desequilibrio territorial o afrontar los problemas de empleo son casos claros. Y eso sin olvidar los problemas que se han generado de convivencia.

Sí. El concepto más útil para entender la economía en general y nuestras decisiones en particular es el del coste de oportunidad.

El autor es profesor de Economía de la UNED

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