La charla

El cigarrillo camuflado

Por Álvaro Meoqui - Viernes, 27 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

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recuerdo al dedillo el montón de anécdotas que me contaba un buen amigo que estuvo participando en las Olimpiadas de Río de Janeiro 2016. Desde el discurso de Rajoy en la despedida en Barajas, del cual no voy a comentar nada por lo del 155, hasta cuando se encontró al gran Usain Bolt por la Villa Olímpica. Mi amigo ya estaba a punto de hacerse la foto con el jamaicano, cuando aparecieron las empleadas de la limpieza de aquel hotel lanzándose encima de Usain como locas, lógicamente el tipo salió corriendo y luego vete a cogerlo a este. Sin foto se quedó.

Fue tan larga la inauguración en el estadio olímpico que mi amigo se escondió por debajo de alguna grada a echarse un pitillo. Por mi parte, entendido y perdonado. Un entrenador español apareció por allí y le pidió educadamente uno. La sorpresa llegó cuando ese pitillo lo encendía la luego campeona olímpica, Ruth Beitia.

Ver allí medio escondida a la cántabra con su cigarrillo es sin duda una imagen difícil de entender si eres deportista de elite, pero no tan difícil si eres fumador o fumadora.

En el mundo del fútbol, desde siempre se ha sabido que varios futbolistas le han pegado de lo lindo al pitillo. Cuentan que el gran Garrincha desde los 12 años ya le daba o que un tal Johan Cruyff en los descansos de sus partidos se enchufaba uno. También Sócrates que era médico y aquel feo llamado Prosinecki se los metían doblados. La lista de jugadores de otras épocas era interminable. Stoichkov, Zidane, Futre, Romario, Mágico González y alguno más eran buen ejemplo. Los puros del Diego Maradona ni los comento.

Hoy en día parece que no son tantos los que tienen el hábito, pero también se han visto fotos de los Messi, Neymar, Ozil, Piqué o algunos otros con el cigarrillo camuflado entre sus dedos. El francés Balotelli no se molesta en camuflarlo.

Estando en activo no será muy habitual y seguro lo negaran rotundamente, pero de buena tinta sé que el humo no entiende de fútbol, ni de salto de altura.

El autor es técnico nacional