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Nuevos retos de Navarra y obsesiones del pasado

Por Joseba Santamaria - Viernes, 27 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

si los contenidos de los Presupuestos para 2017 resaltaron un evidente cambio en la estructura y las prioridades de la inversión pública en Navarra respecto al modelo anterior de los gobiernos de UPN y la elaboración de las previsiones de inversión pública para 2018 parecen avanzar y profundizar en ese modelo, el debate anual sobre el Estado de la Comunidad demostró de nuevo que el cambio político y social avanza en Navarra con más eficacia y tranquilidad de lo que hubiera esperado y tratan de transmitir insistentemente la oposición de UPN, PP y PSN. El Gobierno de Barkos y el Acuerdo Programático entre cuatro partidos -Geroa Bai, EH Bildu, Podemos e I-E-, son ejemplo de que hay otras formas de hacer política y de gobernar situando en el interés general la toma de decisiones. Y es, en este sentido, una referencia creciente para las fuerzas que demandan cambios políticos en otros territorios del Estado, un modelo político que también se ha consolidado en la mayor parte de los ayuntamientos navarros. En su discurso, Barkos expuso los cambios de prioridades presupuestarias y las mejoras que los mismos han conllevado en la atención social, dependencia, educación y salud durante los dos últimos años y medio, y puso en valor la progresiva mejora de los datos de empleo y la estabilidad de un proyecto de cambio político y social que avanza muy alejado de los augurios catastrofistas y negativos de los nostálgicos del régimen político anterior. De hecho, Esparza una vez más apenas aportó nada más que discursos broncos, descalificaciones cansinas y supuestas amenazas y los mismos tópicos anecdóticos de siempre. Una vía sin recorrido a la que se sumó Chivite en una réplica fuera de tono y de argumentos. Ambos parecen limitarse a competir con Beltrán en la inconsistencia política. Han renunciado a cualquier aportación constructiva para Navarra. El cambio ha servido para dar oxígeno a Navarra tras las últimas legislaturas de UPN, desastrosas en lo político y caóticas en lo económico. Pero el Gobierno tiene tareas pendientes, como superar el agujero presupuestario que dejó UPN por su mala gestión y despilfarro de los recursos públicos, de la que el informe de la Cámara de Comptos sobre la Junta de Bardenas o el caso Oncineda son los últimos ejemplos. Barkos sitúo los cinco grandes retos que debe afrontar Navarra: el empleo de calidad, la revolución 4.0, la recuperación de un Estado de Bienestar solvente y de calidad, la convivencia en los ámbitos de la pluralidad, diversidad y equilibrio territorial y el fortalecimiento del autogobierno, incluida la presencia en la UE. Para ello, adelantó 50 ambiciosos compromisos para esta segunda parte de la Legislatura, un compendio de actuaciones que abarcan todos los ámbitos de la sociedad y de la actividad pública y privada. Con errores, tropiezos e inevitables diferencias entre los grupos que apoyan al Gobierno, estos dos años y medio de trabajo han demostrado que es posible gobernar Navarra con los intereses generales de la sociedad como objetivo político. Las diferencias entre el contenido y resultados de la gestión de los anteriores gobiernos de UPN y la actuación del Gobierno de cambio son sensibles en desarrollo económico, igualdad de oportunidades y justicia y cohesión social. Como concluyó Barkos, el legado de nuestros mayores y las aspiraciones de nuestros hijos lo merecen. Sin autocomplacencia inútil.

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