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Acaparadores

Xabier Iraola Agirrezabala - Viernes, 27 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 18:50h

Mi espalda, la ciática y mi natural vagueza me impiden atender el minifundio familiar, ósea nuestra huerta, que se halla habitualmente entre la producción ecológica y el semi-abandono, cuando no abandono total, por lo que no alcanzo a entender la tendencia de algunas personas por acaparar tierras.

Les digo esto porque la Comisión Europea acaba de editar una guía para regular la compra de tierras ante las quejas de numerosos colectivos y responsables políticos que se muestran preocupados, cuando no alarmados, con la imparable y creciente concentración de la tierra agrícola en manos de unos pocos.

Son varios países europeos, especialmente los del Este, los que se muestran preocupados con el acaparamiento de tierras por parte de grandes empresas y fondos de inversión que especulando con la tierra, crean una falsa burbuja que, una vez más, ahoga al pequeño agricultor de la zona mientras le beneficia, sobremanera, al inversor que, plácidamente sentado en el sofá, espera percibir los dividendos de esta nueva variante financiera. Valga como dato que, según datos de EUROSTAT de 2012, el 3% de los explotaciones agrarias europeas controlan el 51% de la tierra mientras que el 81% de los pequeños agricultores y agricultoras poseen tan solo el 14,7% d la tierra agraria.

No obstante, no se crean que los fondos buitres son los únicos acaparadores puesto que en bastantes casos son las propias empresas agroalimentarias quienes dentro de su estrategia vertical adquieren las tierras y con ello, valiéndose de una mano de obra barata, se aseguran la materia prima suficiente para garantizar que la rentable maquina industrial no se paralice; es, lo que yo hace poco, calificaba como “agricultura, sin agricultores” sino, emulando al siniestro sindicato vertical, una agricultura constituida por empresas alimentarias verticales conformadas por empresarios que contratan empleados tanto para producir como para transportar, envasar y/o comercializar.

Ahora bien, hablando de acaparamiento de tierras, al menos en lo que a nuestro entorno mas cercano, los principales protagonistas de este fenómeno acaparador son los propios productores y ejemplo de ello es el fenómeno acaparador que se da en bastantes montes comunales donde los usuarios actuales obstaculizan, cuando no impiden, la entrada de nuevos usuarios, caso especialmente sangrante en el caso de los más jóvenes y no se crean no que lo hacen por perder pastos para su ganado sino para no perder hectáreas en las que sustentar las ayudas europeas de la PAC. Lamentablemente, este fenómeno no se produciría si no fuese por un sorprendente pasotismo de las instituciones responsables de dichos terrenos comunitarios que optan por ponerse de perfil para no ser salpicados por la sangre.

En otros muchos casos, además de los acaparadores de PAC, los productores ejercen de acaparadores “sobrevenidos” al ir envejeciendo la población agraria activa de su municipio y con ello produciéndose un abandono lógico de la actividad, con lo que son los pocos productores en activo quienes van gestionando las fincas resultantes dándose incluso la paradoja, sobretodo fuera de Euskadi, que los pocos jóvenes del pueblo acaban siendo incapaces de gestionar las fincas de los que envejecen o de los que abandonan el pueblo para irse a la ciudad puesto que, a lo que era un fenómeno inicial de compra de tierras para dimensionar y rentabilizar la explotación, se le añade, de forma involuntaria pero impepinable, el acaparamiento “sobrevenido” por falta de voluntarios en el horizonte.

No es un fenómeno habitual en Euskadi pero sí en otras comunidades autónomas eminentemente rurales donde la despoblación está causando estragos aunque me gustaría reseñar que en los casos que se dan en nuestra comunidad, los productores en activo, ante la imposibilidad de trabajar todas las tierras, optan por las mejores, las maquinables, algo lógico por otra parte, mientras dejan en un segundo plano, cuando no las semi-abandonan, las orográficamente más complicadas y es por ello que, tal y como suele sugerir mi amigo Jon, las administraciones debieran prestar un especial apoyo a estas fincas difíciles para garantizar su correcta gestión agroganadera.

Por cierto, hablando de mi amigo Jon, Arruti para más señas, quisiera traerle a la palestra porque creo que además de ser un ganadero de raza, vocacional y profesional como la copa de un pino, nos acaba de dar a todos una buena muestra de su espíritu emprendedor y de su maravillosa obstinación al lanzar al mercado el primer aceite de nueces, MAITIA, exquisito y altamente recomendable, elaborado con nueces autóctonas y con el que nos ha demostrado, hasta al mayor de los incrédulos, la potencialidad de esos productos autóctonos a los que tan poca atención prestamos. ¡Suerte Maitia!

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