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Música

J. Luis Sola vs. Luis Mariano

Por Teobaldos - Sábado, 28 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

El Cantor de México

Programa: opereta en dos actos con música de Francis López sobre libreto de Félix Gandera. Con José Luis Sola, Rossy de Palma, Sonia de Munck y Vicente Etxebar, al frente de un extenso reparto. Director de escena: Emilio Sagi. Escenografía: Daniel Bianco. Director musical: Oliver Díaz. Lugar: Teatro de la Zarzuela de Madrid. Octubre de 2017. Público: casi lleno (18 euros con rebajas, en la sesión del domingo).

José Luis Sola, nuestro tenor actual más internacional, ha obtenido un gran éxito personal al meterse en la piel de Luis Mariano, en la producción del Teatro de La Zarzuela de Madrid del Cantor de México. Para los que tenemos cierta edad, Luis Mariano fue un mito. Recuerdo que a Juanito Eraso -profesor de canto y director- le gustaba mucho su emisión natural de la voz. Hoy, su voz yace olvidada en los discos de vinilo, pero hubo un tiempo en el que no había día que no sonara por la radio. Sin duda el timbre tenoril, el sonido blanco y claro en la zona aguda, el modo de cantar, la figura, han influido en la elección de Sola para el papel. Es cierto que Luis Mariano es irrepetible;pero ese fraseo un poco arrastrado en los comienzos, y la carga sentimental que Sola imprime al cancionero de Mariano, se acercan mucho al cantante de Irún.

La opereta en dos actos El Cantor de México tal como se ha presentado, es, fundamentalmente, un pastiche;usando la palabra en la doble acepción del María Moliner: imitación de un artista o de un estilo artístico: y, mezcla heterogénea de cosas. Sobre todo la segunda es la que más aparece en el escenario, porque a los cuadros mariachi profusamente adornados que culminan el acto primero -y aplaudidos por el público nada más abrirse el telón-, se unen canciones del folclore vasco -Maitechu-, otras del acerbo universal -Acapulco, París d’en Aut, etc.-, y un sinfín de músicas amables y facilonas que están en la memoria de muchos. Junto a la música, Emilio Sagi, como director de escena, también mezcla ambientes totalmente distintos: desde el caos de un rodaje cinematográfico, hasta discutibles desfiles gay, pasando por la intimidad de las baladas, y las abigarradas apoteosis visuales. Sin duda, nuestro José Luis Sola, donde mejor se mueve es en el fraseo delicado de las canciones melódicas: su Acapulco, esa postal musical indiscutible, fue de lo mejor de la velada. Así mismo, el tenor se defiende bien en lo teatral, y eso que ha de pasar de la personalidad de simple empleado de tramoya, a estrella de la canción en el cine. Un pequeño pero: quizás, muchos tramos de la obra que, fundamentalmente, hay que tomárselos a broma, los seguía enfatizando demasiado.

Del extenso reparto de esta producción, eminentemente visual, falló, a mi juicio, la protagonista Rossy de Palma que, como Eva Marschal, compone un personaje un tanto grueso y ordinario, y eso que es un rol muy bien definido como crítica a las divas. Cricri -la otra partenaire de Sola- correcta, pero con voz un tanto escasa. Es una producción que ha levantado polémica;sin términos medios;o se disfruta rabiosamente -melódica y visualmente-, o se rechaza por empalago. Yo creo que hay que mirarla como lo que es: una recreación exagerada de una época en la que había que edulcorar la vida. La dirección musical de Oliver Díaz, muy ajustada al tipo de música. Lo mejor: la extraordinaria ovación que se lleva Sola al aparecer, el último, en los saludos.

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