la carta del día

Fractura social en Catalunya

Por Alberto Ibarrola Oyón - Sábado, 28 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

A la sociedad catalana le costará superar la brecha abierta entre aquellos que pugnan por la independencia y los que ni siquiera reconocen que se debería votar sobre la cuestión. Entremedio, los llamados despectivamente equidistantes, que se han mostrado favorables a la celebración de una consulta aunque de forma simultánea a la permanencia de Catalunya en el Estado español. Es preciso en este asunto valorar la naturaleza de las mayorías actuales y considerar si los independentistas reciben un apoyo suficiente como para una proclamación unilateral de la independencia. Las elecciones autonómicas de 2015, que se concibieron como una suerte de plebiscito, ni el referéndum del 1-O, celebrado sin las garantías debidas, no habrían legitimado una Declaración Unilateral de Independencia. Y la justificación de que con base en el porcentaje correspondiente a los equidistantes se hubiese legitimado la DUI no se sostiene porque en su mayoría no es un voto independentista aunque sea partidario del derecho a decidir.

Tarde o temprano habrá que buscar una solución al tema de los nacionalismos en el Estado español. El derecho a decidir se deberá incorporar a la legislación española. Ahora bien, su ejercicio tendría que estar muy delimitado y definido. De celebrarse un referéndum pactado en Catalunya, su resultado debería cobrar validez para muchas décadas;sería una burla pretender celebrar un referéndum de independencia uno tras otro hasta que salga lo que los independentistas desean. Además, como algunos políticos de izquierdas sostienen, la mayoría de votos afirmativos que diese paso al Estado catalán habría de contabilizarse sobre el censo total de votantes, no sobre el número de votos emitidos, porque los que se abstienen no están a favor de la secesión;nadie que lo esté va a dejar de acudir a votar. Se ha criticado mucho a los equidistantes, pero en este asunto creo que su postura ha sido la más coherente en su deseo de mantener la unidad del Estado pero con un valiente reconocimiento del derecho a decidir para las nacionalidades históricas. Esta posición, tildada por algunos de tibia, contiene mayores virtudes políticas que la de los independentistas que pretenden la secesión sin contar con una mayoría suficientemente cualificada y que la de quienes piensan que con el uso de la fuerza, la represión judicial, las detenciones, la cárcel y la aplicación del art. 155 de la CE van a hallar alguna solución al problema político de Catalunya.

La violencia, como postulaba el teólogo Tomás de Aquino, solo está justificada cuando su empleo tiene un carácter defensivo

Sin embargo, en la condena del empleo de la violencia el 1-O por parte de las FSE no cabe equidistancia ninguna. La agresión a una ciudadanía que buscaba ejercer el derecho al voto y que no había protagonizado altercados repele. No se trata de denigrar a los policías, porque fueron las autoridades políticas y judiciales las que ordenaron esa torpe intervención. Las imágenes de ciudadanos de toda condición y edad sufriendo los embates de la policía quedarán en la retina de millones de personas en todo el mundo, por mucho que los dirigentes políticos los excusen sobre la base de razones de Estado y de respeto a la ley. La violencia, como postulaba el teólogo Tomás de Aquino, solo está justificada cuando su empleo tiene un carácter defensivo.

Por otro lado, la Izquierda Abertzale trata de trasladar el procés a Euskal Herria. Para ello recurre al concepto de territorialidad, dado que en Navarra el nacionalismo vasco obtiene entre un 15 y un 20% de los apoyos electorales. Dudo mucho de que la sociedad navarra vaya a estar de acuerdo con que se equipare a la Comunidad Foral con Bizkaia, Gipuzkoa o Araba. Los navarros, también muchos nacionalistas, tienden a comparar y a homologar Navarra con Vascongadas. Así, pues, en Euskal Herria tampoco podría culminarse un proceso secesionista porque la falta de apoyos al mismo impediría contundencia y restaría legitimidad.

El autor es escritor