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A la contra

Ni oídos ni respetados

Por Jorge Nagore - Sábado, 28 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Sentí una mezcla de extrañeza y tristeza ayer mientras veía las imágenes en las cuales se proclamaba la independencia de Cataluña. Extrañeza porque a fin de cuentas y aunque no sepa nadie si esto va a durar unas horas, días, semanas o eternamente era la primera vez que veía algo así, tan cerca. Y tristeza porque comprendiendo la alegría honesta y sincera de muchos ciudadanos y por qué no de algún que otro político creo que ni mucho menos era o es la manera en la que hay que hacer las cosas, por mucho que sea la manera a la que irrevocablemente se ha ido empujando o por mucho que sea un -¿último?- acto de orgullo y de afirmación ante un gobierno central ciego, sordo, prepotente y amenazante. No soy quien para decirles a los catalanes nada, pero si fuese para mí, si la independencia fuese para mí, pienso que no me agradaría declararla de esta manera. ¿Han tenido otra opción? Posiblemente, no, pero quién sabe si en el futuro más o menos cercano la hubiesen tenido si hubiesen jugado otras bazas o afianzando el crecimiento social que han tenido desde 2006. Ahora -puede que me equivoque- tengo la sensación de que esto solo va a conducir al imperio de todas las leyes, de la fuerza, a los enfrentamientos y al dolor y al desencanto de millones de personas, amén de a una puerta cerrada durante décadas de nuevo, aunque ya digo que quizá me equivoque. Pienso, en definitiva, que el de ayer, al menos visto desde mi butaca, fue un día nada alegre, porque por mucho que lo intento lo que veo es que la independencia es algo anhelado por un 48% de los catalanes, que se sepa, y que esa división impide -para mí- actuar como se ha actuado, entendiendo también de sobra que tanto respeto merecen quienes no quieren irse como los que sí, por supuesto, y que ambos enormes grupos de personas no han sido ni oídos ni respetados, aunque de eso tenga claro que el máximo responsable duerme en Madrid.

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