Aplaudidores

Por Ignacio Pérez-Ciordia - Sábado, 28 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

¡Uf! ¡qué alivio! Durante unos días he pensado que el Gobierno catalán era todo espíritu, puro espíritu. Ello estaba motivado por una declaración no declarada que recordaba a la Santa de Ávila, Santa Teresa, cuando afirma aquello de que “vivo sin vivir en mí”. Me puso la dermis que parecía púa de erizo. Las similitudes son totales y es que, en ambos casos, hay una relación con un ente superior, desconocido, pero superior. El mérito es llegar a él.

Pero el tiempo ha sido implacable. Y hablo del tiempo de cocción, que es conocido que debe ser breve, pues si se alarga se fibrosa y el resultado es duro de raer. La metamorfosis se ha iniciado y ojalá termine en crisálida.

No soy agorero y no por carácter, sino por análisis lógico. No hay relación más inequívoca que la establecida entre el deporte rey y el nacionalismo. Y hablo de sentimiento, entendido como aquello que mueve montañas. En un primer momento costó ver la relación, pero fue suficiente una declaración del ínclito Esfinge de Tebas para ser conscientes de que donde va Pito, va Gorgorito.

Esta relación no es moda pasajera. Ya se estableció en tiempos de Francisco, floreció con Artur y pervive con Carles. Pero que nadie fuerce el gesto, pasa en todas las familias, al menos en las familias de bien. Es necesario ser biólogo para encontrar el rara avis, el Perico de los Palotes que implique una taxonomía diferente. Y es que el poder une, las ansias de poder hace comulgar con ruedas de molino. En los momentos estelares ambos se mimetizan, declaran y proclaman toda suerte de virtudes y parabienes en una unión de clase que salvaguarda aquellos intereses por los que merece la pena la amistad.

El aficionado de bufanda más o menos militante entiende de colores y emociones, a lo que supedita cualquier decisión, al menos en el corto plazo. Lo importante ya está solventado: el Barcelona jugará en la liga española;y es que la fe mueve montañas. El resto es accesorio, cuestión de tiempo;no hay maroma que contraactúe esta conjunción de intereses.

El nido de serpientes del independentismo ha abierto la veda y los extremismos pescan en aguas revueltas. Han sido las elites políticas quienes han dirigido las movilizaciones;y en las elites políticas se sitúan los casos Palau, el 3% institucionalizado en las obras públicas, la mafia del clan Jordi y tantos otros. En el otro lado de la mesa los casos Bárcenas, Noos, Púnica y tantos otros. Demasiados casos en ambos frentes;ese ente desconocido, pero superior, está obligado a actuar. Porque interesa recordar que ambas partes se sitúan en la misma órbita ideológica, con los mismos intereses y la misma praxis, la misma falta de escrúpulos. Lo que en un principio fue un simulacro tiene visos de terminar en batalla campal. Los conflictos de intereses entre élites y pueblo constituyen la norma y no la excepción. Y si para ello hay que enardecer a las masas con señales como dignidad, pueblo, sentimiento y corazón, ello no supone problema. Los empresarios, antigua patronal, participan en el diseño. Y los partidos de izquierda intentan bocanear;mal trago para ellos, internacionalistas de corazón pero conservadores en la práctica.

Pero han subvalorado el sentimiento, pensaban que la cabeza iba a dar órdenes al corazón y han fracasado. Las emociones provocan una huida hacia delante, que será temporal, pero habrá heridos entre los enardecidos. ¡Pobres! Se asemeja a un circo, pero sin payasos. Tienen que corregir externalidades y ello les obliga y les convierte en aplaudidores de quienes utilizan el sentimentalismo en demanda de sus intereses y preocupaciones. No es fiable: cuando las élites te aplauden, tienes que desconfiar y reconsiderar tu actitud

La emoción es algo que no se pueden permitir las élites, auténtico motor del pseudointento de ruptura del sistema. Las palabras no se dicen para llenar silencios sino para enriquecer la convivencia, de los unos y de sus semejantes. La toma de decisiones en la gobernanza, si se realiza por el bien común, debe engarzar el sentimiento y la razón y la duda no invalidante es garantía de análisis previo y de futuro armónico alejado de prejuicios contagiosos. Entre ellos está la prostitución y banalización de términos y conceptos como democracia y libertad, pueblo y patria. Hay que ser torticero para querer monopolizar estos términos en detrimento de quienes se posicionan enfrente, acusados de fascistas sin argumentos y con la inercia degradante como leit motiv.

En el ping-pong de las declaraciones, todas ellas medias verdades, hay unas pocas que resultan intolerables. Es inconcebible tal banalización de una de las mayores máquinas de exterminio. Hace falta mala fe propia de cretinos excluyentes y chabacanos;eso no es mantra, es canibalismo. Los soliloquios y los monólogos son icebergs flotantes con gran capacidad de destrucción, la empatía se ausentará y el reconocimiento con generosidad del otro se distanciará. En una reunión, un presidente de un país se acercó a una invitada, conocida, y le preguntó en qué le podía ayudar, sin ella pedírselo. Con que no me joda es suficiente, fue su respuesta. Pues eso.

El autor es sociólogo