Caos mediático y presiones políticas

Domingo, 29 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

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ENSAYO

SIN CENSURA. CRÍMENES Y CASOS SILENCIADOS

Autor: Juan Rada. Editorial: Terra Natio, 2017. Páginas: 262.

‘Sin censura’ es un estudio centrado en el alcance de la censura en tiempos franquistas, durante la transición y en tiempos recientes

Es bastante probable que todas las sensibilidades políticas y culturales resulten implicadas en este asunto,

La estructura del trabajo y la terminología empleada para llamar a las cosas por su nombre nos habla de la orientación de su contenido: el pasado y el presente de la censura, el control de los medios de comunicación y la diversidad de los delitos estudiados, los crímenes en serie más populares, los eternos escándalos de alcoba de los miembros más destacados de las clases poderosas, los crímenes políticos e incluso algunos de los casos relacionados con misterios y enigmas varios son los pasos a seguir con el periodista navarro Juan S. Rada en la lectura de Sin censura, estudio centrado en el alcance de la censura en tiempos franquistas, durante la transición y en tiempos recientes. El libro tiene sus precedentes en otros trabajos del autor como Prensa: del Movimiento al Socialismo y Tras la huella del crimen pero le concede autonomía respecto a ellos el seguimiento del control de la información desde el silencio obligado del pasado hasta el desvarío de la mayoría de los medios en la actualidad, cuando los “tiempos cambian, pero no ciertos hábitos inquisidores. En dictadura o en democracia. La censura o el dirigismo informativo lo ejercen los mandatarios para prohibir, recortar o conducir la libertad de expresión. Sobre todo lo que pueda afectar negativamente a sus intereses. Una mordaza para silenciar cuanto no les conviene que sea divulgado”.

“La opacidad -asegura el autor- es tan tupida que más de 300 historiadores e investigadores de todo el mundo han solicitado que se abran los archivos, cumpliendo los compromisos internacionales suscritos al respecto”. Y todo esto lleva a Juan S. Rada a considerar que la “historia de un país es también la de sus altos o bajos fondos, de sus claroscuros delicuenciales y de quienes políticamente no hacen lo suficiente para combatir la corrupción y el crimen organizado. Es preciso levantar las faldas de la verdad”. Afortunadamente, el interés por eliminar la fetidez de estos y otros lodazales permite conocerlos a través de libros como La crisis de los medios (Peter Watkins, Pepitas de calabaza) y el que ahora nos entretiene, narrado, a diferencia de otros similares, con el estilo del periodista veterano, capaz de titular algunos de los episodios de su aventura Entre sábanas, amantes y escándalos o ¿Les taparon la boca a lo Marilyn?. Allá vamos: a Bárbara Rey, después de aparecer en una de las entregas del programa televisivo Tómbola, le “impidieron que denunciara públicamente que había sido objeto en sus casa de un robo. En concreto de las grabaciones de sus encuentros sexuales con una alta personalidad”.

Es en ese mismo capítulo, donde se lee otra vertiente del olvido obligatorio del crimen: “Se anima a las víctimas de la trata de blanca a que denuncien la situación en la que se encuentran pero, en cuanto salpica a representantes del orden y la ley, se corre un tupido velo”. Puede parecer algo innecesario y, sin embargo, nunca está de más denunciar los hechos, como el de la “ingente cantidad de billetes que circula en negro, especialmente por las noches. El problema no se plantea abiertamente en la prensa ni se exige al Gobierno soluciones al respecto”. ¿Razones? “Por un lado, la excelente fuente de ingresos que supone para unos cuantos diarios los anuncios que se insertan en su sección de contactos. Y por otro, el intercambio de información con las fuentes oficiales a cambio de ocultar ciertos pasajes oscuros”. El fango es pisado desde hace un buen número de décadas, ofreciendo estampas como la del caso El Lute: “Delincuentes que han conseguido fama de ser los nuevos Robin Hood. En torno a ellos se ha tejido una leyenda basada en falsedades, creadas mayormente por sus protagonistas. Y, en algunos casos, con el asentimiento interesado de los gobernantes. Servía al poder para desviar la atención de temas sociales y problemáticos”.

Por si esto no fuera suficiente, la crónica negra nunca ha estado considerada “políticamente correcta. Hay excelentes reporteros, pero sus trabajos pasan desapercibidos la mayor parte de las veces entre tantas noticias de convolutos, sobornos, cohecho y otros delitos cometidos por gentuza de cuello alto y guante blanco”. No resulta extraño que el nombre completo del libro sea Sin censura. Crímenes y casos silenciados. Y es bastante probable que todas las sensibilidades políticas y culturales resulten implicadas en este asunto, que es… todo un asunto.