Noticias de NavarraDiario de Noticias de Navarra. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

No se trata solo de vencer, también convencer

Por Patxi Ortigosa - Domingo, 29 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Parece como si la opinión pública, sobre todo europea, se estuviera acostumbrando cada vez más a sufrir cada cierto tiempo estos atentados yihadistas, como si fueran inevitables. Así, desde 2015 con la matanza de los periodistas de Charlie Hebdo en París, Bruselas, Niza en 2016, y Londres y Barcelona en este año de 2017, por citar los más significativos. Muchas declaraciones de condena, muestras de solidaridad de los gobernantes, más medidas policiales y a retomar la vida diaria y la normalidad ciudadana. Los psicólogos ya nos han advertido que los europeos ya nos estamos adaptando a este tipo de sobresaltos y nos cuesta cada vez menos retomar la normalidad diaria. Pero hay una cosa cierta, con solo medidas policiales no acabaremos con esta lacra;hay que hacer más y se puede hacer más desde nuestro ámbito europeo para combatirla y los ciudadanos exigimos otro tipo de medidas;hay que implementar un plan de lucha global e integral que va desde las medidas policiales, sociales, económicas y de política y comercio exterior, atacando también las causas estructurales de este problema, de forma conjunta y a más largo plazo.

No es una guerra entre el islam y Occidente, ni una guerra de religiones. No valen esquemas simplistas como el Oriente musulmán contra el Occidente cristiano. No hay más que leer la declaración de condena de todo tipo de terrorismo realizada este año en El Cairo por tres grandes papas cristianos (católico, ortodoxo y copto) junto al gran Imán de la Mezquita Universidad de Al Azhar y máxima autoridad suni, Ahmed Al Tayeb, afirmando que la vida humana es sagrada. Por otra parte, la mayoría de los atentados han sido cometidos en los países islámicos como Irak, Afganistán y Pakistán, siendo los propios musulmanes las primeras víctimas, así como las más numerosas. Solamente en el año 2011 murieron más de 3.000 afganos, 2.900 iraquíes, más de 2.000 pakistaníes, más de 1.000 somalíes y 590 nigerianos, según un informe del Centro Nacional Contraterrorista de Estados Unidos. Casi nueve de cada diez atentados perpetrados por organizaciones terroristas de corte islamista entre 2000 y 2014 se produjeron en países de mayoría musulmana. Por el contrario en Europa desde el 2004, atentado de Madrid, hasta el día de hoy, el número de víctimas asciende a 660 muertos en estos últimos trece años, atendiendo a los datos de la base de datos de terrorismo global de la Universidad de Maryland.

Sin restar ni un ápice de gravedad ni importancia a los atentados en Europa, sobre todo a partir de 2015, cuando empiezan a ser más frecuentes, parece claro que nos enfrentamos a una amenaza sobredimensionada por parte de nuestros gobiernos, son pocos atentados pero con gran impacto mediático, objetivo buscado por los terroristas. Ahora, con lo que está cayendo, ¿quién se acuerda de los atentados de Barcelona del 17 de agosto? No hay más que ver el número de atentados y muertos en Europa y en el resto del mundo;el último atentado, el pasado día 20 en Somalia con camión bomba con más de 300 muertos. La califican como la amenaza más grave cuando no lo es;basta con ver las cifras, ni somos el principal objetivo del terrorismo internacional ni ninguno de nuestros estados se va a colapsar por muy duro que sea el golpe. No hay que sobredimensionar la información ni darle un formato excesivo como lo estamos viendo con este último atentado de Barcelona;los terroristas ya han conseguido su gran objetivo, la publicidad y atemorizar en exceso a los ciudadanos. Sabido es por todos que se maneja mejor a una opinión pública aterrorizada, y que en aras de la seguridad colectiva es fácil legislar y aprobar leyes antidemocráticas y que el tema de seguridad y venta de armas genera pingües beneficios.

Hay que implementar una política exterior, coherente con nuestros principios europeos, donde la defensa de los derechos humanos y el sistema de libertades sea la piedra angular junto a la existencia de un comercio justo y una solidaria cooperación al desarrollo económico. Basta de apoyar, porque económicamente nos interesa, a violadores sistemáticos de derechos humanos, sátrapas y golpistas (sirvan Egipto y Arabia Saudí como sendos ejemplos), insensibles a las demandas de poblaciones extremadamente jóvenes o femeninas y sin expectativas de una vida digna. Atrapados en una secular defensa a ultranza de un statu quo que durante décadas nos ha sido ventajoso, tampoco tenemos reparo en practicar un intervencionismo militarista que, (invasión de Irak por Estados Unidos), como reacción, ha potenciado este terrorismo de alcance global. Incluso con una alarmante visión cortoplacista, hemos alimentando directamente el fuego de la violencia (llámense muyahidines, Saddam Husein o los talibanes) cuando lo hemos considerado oportuno. Sin replantear esa visión, sin tener en cuenta que el desarrollo y la seguridad de quienes nos rodean están indisolublemente ligados a nuestro desarrollo y seguridad en este mundo que cada día se hace más pequeño. Aquí habría que recuperar una de las ideas más brillantes del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, la Alianza de las Civilizaciones. Es prioritario que desde la Unión Europea se articule una política que atienda a las necesidades básicas de esas poblaciones, que aplique esquemas de comercio realmente justo y que apueste sólo por gobiernos comprometidos con los derechos humanos y la democracia.

Hay que seguir trabajando también en las políticas de integración y respeto de las minorías musulmanas y dar un giro completo a la actual política comunitaria de rechazo a la emigración por una política más abierta y de acogida. El sentimiento de marginación y exclusión, tanto social como política o económica, es el motor más potente de radicalización.

Herramientas de Contenido