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El debate de la Comunidad muestra las fortalezas y debilidades de un gobierno que avanza firme hacia 2019

La recuperación económica y las mejoras sociales chocan con el debate identitario que promueve la oposición
La diferencias del cuatripartito en algunos temas fijan los límites de la acción ejecutiva en un mandato que seguramente podrá completar

Ibai Fernandez | Javier Bergasa - Domingo, 29 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Vista general del Parlamento.

Vista general del Parlamento. (JAVIER BERGASA)

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p>PAMPLONA- Quien haya seguido el debate de la comunidad de esta semana habrá podido comprobar las dos visiones sobre Navarra que se enfrentan hoy en la disputa política foral. Por un lado, una lectura optimista de la realidad, apoyada en una mejoría de la economía y sustentada en cambios notables en la gestión de los servicios públicos gracias a un aumento de la recaudación. Y por otra, la de quienes ven en prácticamente todo un intento de cambiar la realidad institucional de Navarra, verbalizado a veces con excesiva vehemencia. Dos posiciones que han vuelto a confrontar esta semana en el Parlamento como lo llevan haciendo prácticamente desde que comenzó la legislatura, y que presumiblemente lo seguirán haciendo hasta la jornada electoral de 2019. El campo de juego está ya definido.

Es una de las principales conclusiones que deja el debate de esta semana, que transcurrió dentro de los límites previsibles y sin apenas tensiones políticas. Un síntoma de normalidad que juega a favor del cambio de Gobierno. Dos años después del relevo institucional, el Ejecutivo funciona apoyado a una mayoría parlamentaria que pese sus diferencias se muestra cohesionada. Sin duda, el mayor activo del Gobierno que, con sus aciertos y errores, mantiene un rumbo fijo y sólido sin que la Comunidad se haya perdido en el caos económico ni en aventuras identitarias que vaticinaban sus detractores. Como tampoco lo ha hecho en la inestabilidad institucional que sí protagonizó los cuatro años anteriores.

El debate sirvió así para que las cuatro fuerzas que apoyan al Gobierno ratificaran su voluntad de seguir trabajando en la línea marcada por el acuerdo programático firmado en 2015, lo que parece garantizar la continuidad del Ejecutivo toda la legislatura. La aprobación de los presupuestos, que previsiblemente presentará este viernes el consejero de Hacienda, será la prueba definitiva.

Viento de cola Es la primera conclusión favorable de un Gobierno que del debate puede sacar otros elementos positivos. Porque la doble sesión de esta semana sirvió también para que la presidenta hiciera un descargo de las medidas aprobadas en el último año, especialmente en materia social y sanitaria. Logros que muchas veces han quedado eclipsados por las polémicas identitarias que promueve la oposición, pero que empiezan a dibujar una obra legislativa de gran calado. Que el Ejecutivo foral, y las fuerzas que lo apoyan, logren visibilizarla ante los ciudadanos puede ser una de las claves de la próxima cita electoral.

Porque en el Parlamento también quedaron en evidencia las debilidades, intrínsecas o sobrevenidas, del Gobierno de Uxue Barkos. De entrada, su propia mayoría, que con 26 de los 50 votos de la Cámara se mantiene en el filo de la navaja. Tal y como Javier Esparza se encargó de recordar, quienes se oponen al Ejecutivo suman prácticamente los mismos votos que quienes le apoyan, lo que evidencia una gran masa social que recela de su actuación, y que convendría no subestimar.

De la misma forma que no se puede gobernar igual con 26 votos que con 33 por mucho que ambas tengan la misma legitimidad democrática, menos todavía cuando esa mayoría de 26 se resiente por uno u otro motivo. Sobre todo en algunos temas especialmente sensibles, como el modelo institucional o la política lingüística. Ámbitos de fuerte controversia social, como la reforma de la Ley del Euskera o del propio Amejoramiento, que el Gobierno debería evitar si no quiere verse envuelto en nuevas polémicas de gran desgaste y en las que difícilmente podrá avanzar sin un apoyo mayoritario del Parlamento que ahora mismo no tiene.

El papel del PSN Lo que el pleno ha dejado por aclarar es el papel que los socialistas navarros van a jugar de aquí al final de la legislatura. María Chivite volvió a mostrar una mano tendida al Gobierno en algunas cuestiones que podrían cristalizar a corto plazo en ámbitos como las infraestructuras o la política económica. La secretaria general del PSN, incluso, hizo un llamamiento al reconocimiento de la pluralidad, subrayando que “hay muchas formas de sentirse navarro, y no solo la que UPN quiere imponer repartiendo carnés de buenos y malos navarros”. Un gesto que sin embargo quedó matizado después con un cierre de filas con las dos fuerzas de la derecha en su defensa del modelo político y social que ha regido Navarra entre 1982 y 2015.

Es seguramente la gran duda que queda por aclarar en el apenas año y medio que resta para la próxima llamada a las urnas. Tiempo en el que el PSN deberá concretar en qué consiste la propuesta de cambio de izquierdas que el jueves planteó su secretaria general, y hasta dónde está dispuesto a llegar para construir una alternativa a UPN con algunas fuerzas del cambio, que difícilmente van a renunciar a los logros conseguidos en la presente legislatura.

Un campo de juego definido para un partido que acaba de comenzar su segunda parte. A la espera de lo que pueda decir el próximo Navarrómetro, el optimismo económico-social y el alarmismo identitario siguen cargándose de argumentos en medio de un debate territorial que se empieza a imponer en el conjunto del Estado. El conflicto catalán ha superado a la crisis económica y a la corrupción como prioridad informativa. Lo que supone un nuevo marco dialéctico que UPN-PP confían en aprovechar para apretar filas y recuperar a los votantes desencantados por sus desmanes durante la crisis. “Barkos y Puigdemont comparten proyecto”, insiste Esparza.

Todavía queda tiempo suficiente para cambiar premisas que hoy parecen inalterables. Pero salvo sorpresa, este será el escenario en el que se dilucidarán las próximas elecciones autonómicas. Con el Gobierno apelando a su gestión y a la buena marcha de una Comunidad que, objetivamente, está mejor que hace dos años. Y con la oposición agarrada a la confrontación identitaria que en 2015 fue insuficiente para salvar el poder. Queda por ver si aquello fue un hecho coyuntural por la situación económica del momento o un cambio de tendencia en una sociedad que asume con normalidad y sin miedo su propia diversidad. De ello dependerá en buena medida el resultado electoral en 2019.


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