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TOMÁS LLEVA SIETE AÑOS EN SILLA DE RUEDAS

Ganas y ‘cabezonería’, las armas contra el ictus

tomás mendía, afectado por daño cerebral, acude a diario a la asociación adacen, además de a natación y a clases de euskera

Un reportaje de Unai Yoldi Hualde. Fotografía Mikel Saiz - Domingo, 29 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Contxi Garrués, junto a su marido, Tomás Mendía.

Contxi Garrués, junto a su marido, Tomás Mendía. (MIKEL SAIZ)

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  • Contxi Garrués, junto a su marido, Tomás Mendía.

“Nos fuimos de vacaciones a Lanzarote y me dio el ictus nada más llegar”. Tomás Mendía, electricista jubilado de 73 años, lleva siete en una silla de ruedas por culpa del accidente cerebrovascular que sufrió en 2010 mientras disfrutaba de unas vacaciones del Imserso con su mujer, Contxi Garrués, en las Islas Canarias. “Estábamos en Lanzarote y el primer día le dio el ictus. Como en la isla no había neurólogo le trasladaron en helicóptero a Gran Canaria”, relata Contxi, quien recuerda aquellos días con angustia.

Desde entonces, Tomás no ha vuelto a andar por sí mismo y ha perdido mucha movilidad en las manos. También al principio le costaba hablar bien, por lo que año y medio después de sufrir el ictus recurrió a los servicios de Adacen, la Asociación de Daño Cerebral de Navarra, que lleva más de 20 años intentando mejorar la vida de personas afectadas por daños cerebrovasculares y que hoy celebra el Día Mundial del Ictus. Tomás asegura estar “muy contento” de acudir a la asociación y su mujer afirma que le ve “con más ganas de aprender”. Tanto es así que, además de a Adacen, también asiste a las piscinas de Amaya para dar clases de natación y lleva más de tres años aprendiendo euskera en la ikastola Amaiur. “Se puso cabezón con que quería aprender y ahí sigue. Así que salimos del centro a mediodía, comemos a toda leche y nos vamos a la ikastola para que llegue a las clases”, comenta Contxi.

En concreto, Tomás acude a la Fundación Adacen, un centro en Azpilagaña dependiente de la asociación que, desde abril de 2016, trabaja en el proyecto Envejeciendo Juntos con el que buscan prolongar la estancia en el hogar de personas mayores con afectación neurológica. Se trata de una atención comunitaria de barrio que ofrece cercanía en servicios de rehabilitación y estimulación con los que se ayuda a mantener las capacidades de los usuarios para la vida diaria.

“La fisioterapeuta me está enseñando a andar”, explica Tomás, “que parece algo sencillo”, pero después de estar sentado tanto tiempo “cuesta mucho”. Además, recibe terapia ocupacional que le ayuda a activar sus dedos y a recuperar la movilidad de toda la mano. También la logopeda de Adacen ha conseguido que pueda volver a hablar con normalidad.

proximidad y flexibilidadContxi está encantada con la labor del centro de Azpilagaña. Antes, acudían a la sede de Adacen en Mutilva pero allí solo les daban la opción de ir dos días a la semana, mientras que ahora van cuatro o cinco. “Cuando vimos que abrieron este nuevo centro vinimos aquí, sobre todo porque nos queda más cerca de nuestra casa en Iturrama”, afirma. Y es que uno de los aspectos más característicos e importantes de este centro es la proximidad, por ello Antonia Amorena, trabajadora social y coordinadora de Envejeciendo Juntos, define el proyecto como “un recurso de comunidad”. “Cuando surgió la idea, hablamos con el centro de salud de Azpilagaña y nos dijeron que sería un buen recurso ya que se trata de un barrio con la población muy envejecida”, explica.

Otra de las características de Fundación Adacen es la flexibilidad. Las personas que acuden al centro pueden elegir qué días ir y cuentan con servicios de comedor para el usuario que quiera. “El objetivo es permitir que las personas permanezcan en el domicilio el máximo tiempo posible”, destaca Antonia. Por ello, Envejeciendo Juntos nace como una especie de escalón intermedio entre las residencias y la atención domiciliaria. Lo que proponen es que si a los afectados por daños cerebrales y a sus familiares se les otorga una autonomía suficiente para vivir en casa, puedan hacerlo llevando una vida lo más normalizada posible.

un respiro para los familiaresDe esta manera, el proyecto también está enfocado hacia las personas que cuidan de los afectados. “Quienes vienen aquí son personas dependientes y tienen a algún familiar detrás. Creemos que estos centros también son importantes para ellos”, subraya Antonia. En el caso de Contxi, dejar a Tomás tres horas al día en Adacen le aporta “un pequeño respiro” para poder hacer sus cosas con más calma y sin tener que estar constantemente pendiente de su marido. “En ese tiempo hago la compra y algún recado, y a veces suelo ir a natación a relajarme un poco”, comenta, y añade que cuando deja a Tomás en el centro se queda “muy tranquila” porque sabe que lo deja en muy buenas manos. Desde el primer momento, los tratos de cariño y la atención personalizada, fueron algo que reconfortó mucho a Contxi. “Las chicas son un encanto, valen mucho todas”, reconoce Tomás.

En cuanto al futuro, le encantaría poder volver a nadar como lo hacía antes de sufrir el ictus. También, era un gran amante de la montaña y el alpinismo, pero es consciente que tiene que adaptarse a su vida actual. “Ahora hago seis largos, mi objetivo es llegar a hacer diez seguidos”, asegura este electricista jubilado que no se da por vencido y que tiene a su mujer “de aquí para allí” con el fin de aprender y superarse día a día. “Yo, hasta donde me dé”, insiste Tomás.

adacen

La asociación. Adacen es la Asociación de Daño Cerebral de Navarra. Nació hace más de veinte años impulsada por un grupo de familiares de afectados ante la ausencia de recursos de atención. Desde su origen, ha trabajado por la autonomía, la rehabilitación y el tratamiento de personas con daño cerebral adquirido.

‘Envejeciendo Juntos’. Dentro de la asociación, la Fundación Adacen ha impulsado el proyecto Envejeciendo Juntos, con el que atiende a personas con afectación neurológica de manera próxima y personalizada, para que estas personas puedan vivir en sus casas el máximo tiempo posible.

Financiación. El proyecto emprendió la marcha gracias a la subvención de Obra Social la Caixa y de la Fundación Caja Navarra que costearon toda la actividad.

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Al centro de Azpilagaña acuden un total de 32 personas en la actualidad, todas ellas de barrios cercanos. Al tener un número tan reducido, la atención que se realiza es muy personalizada, algo que valoran mucho los usuarios.

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