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Música

El Brahms más desconocido

Por Teobaldos - Lunes, 30 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Música para órgano en Navarra

Intérprete: Tatxi García Garmilla, órgano. Programa: Johannes Brahms: Preludio y fuga en La menor. Preludio coral y fuga. Ocho de los once preludios corales Op. 122. Preludio y fuga en Sol Menor. Lugar: Iglesia de San Nicolás de Pamplona. Fecha: 27 de octubre de 2017. Público: buena entrada (gratis).

La veteranía del ciclo de música para órgano en Navarra -33ª edición- permite que se hagan conciertos con programas muy especializados. Johannes Brahms no es precisamente un compositor desconocido;todos los días se programa alguna de sus sinfonías, sin embargo hay un rincón en su biografía musical -muy importante, sin duda, para su formación- que queda a desmano del aficionado: su faceta de organista y compositor para el órgano. No son los opus fuertes de su carrera;sin embargo suponen un extraordinario acercamiento y estudio de Bach, al que aplicará sus peculiares densidades. A su vez, el concierto ofrecido por el organista Patxi García Garmilla, fue una ocasión de aprendizaje, además deleite musical, para el público, pues el organista titular de Covarrubias, fue explicando con claridad y precisión, con ejemplos filmados de antemano y con lenguaje ameno, el proceso de transmisión, recepción y posterior elaboración personal de la tradición bachiana por parte de Brahms. Fue todo un descubrimiento. Un análisis al detalle de las aportaciones del compositor a la gran tradición de la que mama. No fue un concierto muy espectacular -hasta el preludio y fuga en sol menor final-;pero sí una delicia de matices, de introspección en la partitura desde el punto de vista del compositor. En el preludio y fuga en La menor, con el que comenzó el concierto, ya queda claro que la reinterpretación que Brahms hace de Bach, es creadora de densidades sonoras que estarán ya siempre presentes en su sinfonismo, por ejemplo. En el preludio coral y fuga sobre O Trurigkeit, que seguía en el programa, el intérprete se lució con una exposición nítida del tema -con registro de trémolo- en la mano derecha;y otro ejemplo muy claro de esa densidad brahmsiana, de la que hablamos, que aporta grosor a la fuga desde el principio. Precisamente la claridad de exposición de las fugas, que no siempre son especulares y exactas en sus sucesivas entradas, fue otra característica de la comprensión y dominio por parte del organista del mundo brahm-siano. De los once preludios Corales -considerada la obra más importante para órgano del compositor- Patxi García interpretó ocho;poniendo al público en situación de texto y espíritu, con una sucinta explicación de cada uno. Fue fácil y francamente agradable, constatar, así, la lógica continuidad de la narración musical con el estado de ánimo que predican los textos: plenitud del tutti -siempre comedido- para el texto Jesús me llama;registro suave para una visión de la vida eterna que se pretende;potente tema en el pedal, cuando el “corazón se alegra por la llegada del verano”;registro de susurro muy bello y conseguido para hablar de la pléyade de bienaventurados… etc. Así hasta el último coral, cuya música va muriendo en clara onomatopeya a los últimos días del compositor. Ese final, en pianísimo, coincidió, por cierto, con las roncas e implacables campanas del reloj de San Nicolás, en una clara alusión al Tempus fugit. Agradecimiento infinito a la lección magistral del organista.

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