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un pacense vecino de Pamplona

El Supremo confirma 9 años de cárcel a un preso que agredió a su expareja en dos permisos

El Alto Tribunal inadmite el recurso del hombre, que cumplía 4 condenas previas

Enrique Conde - Lunes, 30 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Pasillo de la cárcel de Pamplona, con las celdas a ambos lados.

Pasillo de la cárcel de Pamplona, con las celdas a ambos lados. (Patxi Cascante)

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  • Pasillo de la cárcel de Pamplona, con las celdas a ambos lados.

pamplona- La hoja histórico penal en los tribunales navarros de Enrique L.G., de 52 años y nacido en Don Benito (Badajoz) y vecino de Pamplona, está repleta de malos tratos y quebrantamientos de condena relacionados con una mujer, con la que mantuvo una relación que apenas se prolongó durante seis meses.

Ahora, el episodio más grave que protagonizó el hombre ha llegado hasta la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo (TS), donde han desestimado el recurso que el procesado interpuso contra la condena de la Sección Primera de la Audiencia Provincial, que le impuso 8 años y 11 meses de cárcel. Por entonces, cuando cometió los hechos, el procesado se encontraba en prisión y aprovechó dos permisos penitenciarios para agredir a su expareja. La confirmación del fallo atribuye al acusado los delitos de maltrato no habitual (1 año) y de obra (6 meses), lesiones con deformidad (5 años), quebrantamiento multirreincidente (17 meses) y coacciones (1 año). En uno de los permisos para salir de prisión, fue a ver a la mujer y, tras una discusión, le propinó varios golpes que le hicieron perder dos dientes incisivos.

La pareja se conoció en el verano de 2009 cuando el hombre conoció a la víctima como cliente de un bar que ella regentaba en la capital navarra y durante esa época estival mantuvieron una relación sentimental, sin llegar a convivir. Al tratar ella de no continuar con la relación, el acusado comenzó a comportarse de forma muy agresiva, rompiendo cosas, enfrentándose a otros clientes del bar e insultándola. Estos hechos motivaron diversas denuncias por malos tratos y quebrantamiento de medidas de protección, que concluyeron en varias sentencias condenatorias. Hallándose ingresado en prisión, ella le mantuvo el afecto y no le guardó rencor. Le dirigió varias comunicaciones en las que le manifestaba su cariño y su deseo de verse pronto en libertad.

le rompió dos dientesAsí, durante los días 6 al 9 de mayo de 2015, aprovechando un permiso penitenciario y pese a la orden de alejamiento, el acusado mantuvo con ella una discusión en la calle, en el transcurso de la cual la empotró contra la pared.

La tarde del 23 de junio de 2015, el acusado, aprovechando otro permiso penitenciario, se dirigió al domicilio de la mujer y le propinó un puñetazo en el rostro y varios golpes fuertes con las manos en la zona de los oídos, así como cabezazos y golpes en el cuerpo. Perdió dos dientes y requirió de 35 días para curarse. Tras ser atendida en el ambulatorio, la mujer regresó a casa y tuvo que ser acompañada por una compañera de trabajo, que la acercó hasta el portal de su domicilio. Sin embargo, al acceder la víctima sola a su piso, se encontró en la misma al acusado, que comenzó a golpearla e insultarla. La víctima no gritó, ni pidió ayuda. “Lo que más le preocupaba es que el hombre le decía que le iba a hacer algo a sus hijas”.

La mañana del día siguiente, sobre las 7.00 horas, un agente de la Policía Municipal de Pamplona que se encargaba de la protección de la víctima y sabía que el acusado estaba de permiso, acudió hasta las cercanías del domicilio. Allí vio como la víctima se tapaba la boca, ocultando así los restos de sangre que presentaba, y comprobó que “esta se encontraba bloqueada y no podía hablar bien”. Posteriormente, el agente de policía procedió a detener al acusado en plena calle, al verle salir del portal. Además la mujer presentó una denuncia.

PRUEBA SUFICIENTEEl Supremo desestima el recurso que presentó el acusado, que en la misma línea de lo que ya declaró en el juicio negó haber cometido las agresiones que se le imputan.

El Alto Tribunal recuerda que “en el presente caso existen versiones de hechos completamente distintas e incompatibles entre sí, pero determinar la mayor o menor credibilidad de aquellas corresponde al tribunal de instancia, y solo una conclusión arbitraria o irracional podría general la censura casacional de la prueba de carga. Lo que no sucede en el presente caso, en el que la declaración de la testigo es prueba suficiente y hábil para destruir la presunción de inocencia”. Este relato de la mujer fue “uniforme, persistente y dotado de corroboraciones periféricas”, afirma el Alto Tribunal para rechazar el recurso del agresor.

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