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Lewis Hamilton, el nuevo hijo del viento

el piloto británico suma cuatro mundiales y entra en el ‘top 5’ de mejores pilotos de la historia

Un reportaje de Adrian R. Huber - Martes, 31 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Lewis Hamilton, con su Mercedes en el Gran Premio de México. Fotos: Efe

Lewis Hamilton, con su Mercedes en el Gran Premio de México. Fotos: Efe

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  • Lewis Hamilton, con su Mercedes en el Gran Premio de México. Fotos: Efe
  • Hamilton, durante la celebración del título.

Secuencia final de dos tipos que acaban de dar una vuelta, a toda pastilla, en un coche:

- “(risa nerviosa) ¡Este tío me quiere matar!”.

- “(risa) ¿Estás muerto, bro?”.

- “(gritando) No. No estoy muerto”.

(Más risas. Finalmente, ambos chocan los cinco).

No. No se trata de un diálogo entre dos locos en apuros en una escena incluida de una película de acción norteamericana. Sucedió en Estados Unidos, pero es una escena real, hace poco más de una semana, en Austin (Texas). Y sus protagonistas son (por ese orden) el jamaicano Usain Bolt -el atleta más veloz de todos los tiempos- y el inglés Lewis Hamilton, que el pasado domingo, a pesar de acabar noveno el Gran Premio de México, se proclamó cuádruple campeón del mundo de Fórmula 1, la categoría reina del automovilismo.

Hamilton, nacido hace 32 años, no se llama Lewis Carl por casualidad. Fue bautizado así en honor al estadounidense Carl Lewis, al que admiraba su padre, Anthony -cuyos progenitores emigraron al Reino Unido desde la caribeña Granada-, y que tan sólo unos meses antes de que él naciera había ganado cuatro medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles’84 (luego ganaría otros cinco oros más, entre los Juegos de Seúl’88, Barcelona’92 y Atlanta’96).

El excéntrico y espectacular campeón de Stevenage puede que entre los recuerdos de su infancia tenga algunos de los (postreros) éxitos de Carl Lewis. Aunque no hay duda de que tendrá mucho más presentes los de Bolt, que, al igual que el anterior, fue nueve veces campeón olímpico, aunque un oro, el del relevo corto de Pekín’08, se le retiró, por el positivo de su compañero Nesta Carter.

Con Bolt, Hamilton protagonizó las mejores imágenes fuera de competición del año, retratándose juntos en el podio, efectuando la habitual pose arqueada del astro jamaicano, después del Gran Premio de Estados Unidos, en el Circuito de las Américas. Donde el jamaicano, el astro que se divertía arrasando, ejerció de copiloto en un Mercedes AMG GT. Durante dos vueltas que no olvidará jamás.

A Anthony -que se separó de la madre del campeón, Carmen, cuando éste tenía dos años- le gustaba Carl Lewis, pero más aún el motor. Y su imagen -con algún que otro desencuentro- se ha asociado siempre en los circuitos a la de su hijo. Al que le regaló su primer kart a los seis años, haciéndole prometer que se esmeraría en la escuela.

Eran tiempos difíciles, en los que Lewis fortaleció su carácter, aprendiendo kárate para defenderse del acoso escolar y en los que no sobraba dinero para sufragar el arranque de su carrera. Hamilton, que inicialmente vivió con su madre -que tuvo otras dos hijas, Nicola y Samantha- pasó a vivir con su padre a partir de los 12 años y tiene otro hermano por esa vertiente, Nicolas, que con frecuencia también se deja ver en las pistas en las que triunfa su familiar.

Anthony también fue quien le pintó (siempre de amarillo) su primer casco, que obtuvo tras cambiarlo por una consola que le habían regalado. En las pistas de karting, su padre cogía la tabla de tiempos, miraba el niño con mejores cronos y obligaba a Lewis a ver el punto exacto en el que éste frenaba. Posteriormente, le explicaba que para ganarlo, debía frenar más adelante todavía.

Con 10 años cuentan que le pidió un autógrafo a Ron Dennis, quien, cumpliendo la promesa hecha ese día, lo incluyó en su programa de pilotos joven de McLaren en 1998.

En 2003 ganó la Fórmula Renault 2.0 del Reino Unido y siguió triunfando en las categorías inferiores hasta anotarse en 2006 la GP2, lo que le sirvió para dar el salto a la Fórmula 1 un año después, formando pareja con el español Fernando Alonso. Con el que mantuvo una relación manifiestamente mejorable, en una temporada en la que saltaron chispas por la nefasta gestión de Ron Dennis. Que acabó poniéndole el título en bandeja al finés Kimi Raikkonen.

En su debut, ganó cuatro carreras y desde entonces no ha dejado de ganar al menos una al año. Algo que nadie ha logrado en la F1.

En 2008 logró su primer título, con McLaren. Hamilton, de raza negra, se había convertido en el Tiger Woods de la Fórmula 1: un deporte espectáculo que mueve superlativas cantidades de dinero.

Su pase a Mercedes, en 2013, fue criticado por parte de la prensa de su país, que, de forma equivocada, lo consideraba erróneo. Lewis ganó el Mundial un año después, en Abu Dabi, y defendió el título en 2015, de nuevo en los Emiratos Árabes.

Tras ceder el del año pasado a su enemigo íntimo alemán Nico Rosberg, este curso celebró su cuarto título, añadiendo México a su lista de países donde festejó coronas, que empezó a redactar hace nueve años en Brasil (en Sao Paulo), donde en la última curva del año le arrebató el título al local Felipe Massa.

Entretanto, Hamilton se ha convertido en un icono del deporte, asumiendo con gusto el star system, convertido en un campeón espectacular y excéntrico (hizo famoso a uno de sus perros, el bulldog Roscoe, al que llevó en más de una ocasión a los circuitos), que se prodiga en las redes sociales.

Excéntrico fuera de pista, es espectacular dentro de ella, haciendo célebre el Hammer time (tiempo del martillo), juego de palabras que en inglés suena muy parecido a su apellido y que hace referencia a los momentos en los que optimiza las prestaciones de su dominante Mercedes. Escudería que en Austin celebró su cuarto título seguido de constructores. - Efe

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