Música

Esfuerzo numantino

Por Teobaldos - Martes, 31 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

CONCIERTO de la pamplonesa Director: Vicente Egea. Programa: obras de Jan de Hadermann, Jose Miguel Fayos, Jan de Haan y Vicent Egea. Lugar: Teatro Gayarre. Fecha: 29 de octubre de 2017. Público: tres cuartos de entrada (4 euros).

la banda se presenta en el escenario con abundante material de guerra -(percusión)-: unos quince parches, cerca de la docena de platillos y gong, nutrido carillón, tabla, sirena, cadenas de hierro… y una ringlera de instrumento de láminas, con distintos timbres, que el percusionista atiende casi a la carrera. Todo para crear las onomatopeyas de derrumbes y bombardeos. También, las esplendorosas trompas y trompetas de exaltación heroica;y, como contrapunto, las marchas fúnebres y melodías de consuelo, donde se lucieron los clarinetes, saxofones y demás instrumentos. Estamos In tempore belli que diría Haydn. Pero, no hay que engañarse;en este monográfico sobre el conflicto bélico que nos ofrece Egea, también se percibe el caos, el silencio angustioso y ese fondo mortífero que, de modo insuperable, muestra la antífona gregoriana del Dies Irae, usada, prácticamente, por todos los compositores que evocan, de alguna manera, la muerte. Concierto muy exigente para los músicos, de resistencia numantina, donde, como en el combate, hay que darlo todo.

El Guernicade Jan de Hadermann es una visión, desde fuera, del acontecimiento que aquí se ha contado mucho. Junto al efectismo del bombardeo, me llamó la atención el fragmento popular alejado del folklore vasco, y fue muy hermosa la melodía consoladora donde clarinetes y viento grave lograron una atmósfera tranquila y equilibrada;excelente el solo de bombardino y del clarinete concertino. La Cumbre de Masada, de José Miguel Fayos, incide en los tópicos sonoros de la batalla -una solemne marcha, complicada percusión a contratiempo, etc-. Lo más original me pareció el tratamiento del Dies Irae, cantado por los músicos en un recitativo airoso mientras la trompeta -magnífica- hacía los melismas. También los estertores sonoros del trombón de varas, y el rotundo solo de tuba. Banja Luka, de Jan de Haan, comienza con algunas disonancias, pero enseguida todo se dulcifica en un solo de saxo grave, y en las melodías de tiempos felices. Los primeros atriles de saxo, flauta, trombón, toman protagonismo. El combate final termina en un silencio demoledor;la obra se inspira la guerra de Bosnia.

Vicente Egea, el titular de la Pamplonesa, recibió, del Ayuntamiento de Soria, el encargo de componer una obra para el 2150 aniversario del asedio de Numancia por los romanos. Así surgió su Numancia, primera sinfonía, para orquesta. Aquí nos muestra unos episodios que él mismo ha arreglado para banda. Como casi toda la obra de Egea, gusta desde la primera audición. Afortunadamente el comienzo es caótico, describe bien el cruento suceso;es un torbellino que descoloca, muy logrado. Siguen diversos episodios de serenidad, descripción de amplios horizontes, (pax romana), y música de inspiración épica -(majestuosas trompas)-;no hay que olvidar nunca la épica del heroísmo. La descripción de las batallas es más austera en percusión;mejora el efecto, es de más densidad musical. Está muy logrado el paso de la marcha fúnebre a la marcha triunfal: la primera, dolorosa, pesante, con un empaste de la banda en matiz piano-media voz francamente hermoso;luego, por una aumentación de la que casi no nos damos cuenta, llegamos al final hollywoodiense de los desfiles romanos. A mí me gustó este recurso a la memoria colectiva de varias generaciones, -tenemos muy metidas las películas de romanos (peplum)-. La música de este final espléndido cuadra perfectamente las legiones, es compacta como la testudo, y luminosa como toda la civilización que nos dejaron. Es discutible, para algunos, este recurso. Pero al público, en general, nos encantó.