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ESPACIO DE EXPRESIÓN DEL DOLOR

Goizargi: 15 años gestionando el duelo

Vivir el duelo en su propia piel llevó a un grupo de personas a poner en marcha en el año 2002 Goizargi, un recurso de ayuda social entonces inexistente en Navarra, un espacio de expresión para trabajar el dolor y poner luz.

Un reportaje de Marian Zozaya Elduayen Fotografías Iñaki Porto/Mikel Saiz - Miércoles, 1 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Equipo de Goizargi, en la sede actual del barrio de San Pedro de la capital, Juana Olleta, Amaia Arozarena, Nati Labairu, Rakel Mateo, Sara Pérez y Laura Calvo. Falta Marta Sanz.

Equipo de Goizargi, en la sede actual del barrio de San Pedro de la capital, Juana Olleta, Amaia Arozarena, Nati Labairu, Rakel Mateo, Sara Pérez y Laura Calvo. Falta Marta Sanz. (IÑAKI PORTO/MIKEL SAIZ)

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Equipo de Goizargi, en la sede actual del barrio de San Pedro de la capital, Juana Olleta, Amaia Arozarena, Nati Labairu, Rakel Mateo, Sara Pérez y Laura Calvo. Falta Marta Sanz.

La sociedad demanda este tipo de servicios y las instituciones tienen que apoyarlos” “Me atrajo su labor tan necesaria y quise devolverles la ayuda prestada” “Si logramos educar, la intervención es menor y la complicación del duelo también”

unas veces avisa y nos da un tiempo, otras se presenta de repente, como un golpe seco que nos paraliza y pone nuestras vidas del revés, pero cuando llega, la muerte siempre duele.

Es una realidad universal. La despedida definitiva y el desgarro que produce la pérdida de los seres queridos ha sido fuente de poetas, autores de todos los tiempos que han descrito su dolor e, incluso, han hablado con ella de frente de manera estremecedora. Pero no siempre es posible hacerlo ni aceptarla

Tarde o temprano todos y todas vivimos una experiencia de duelo y muerte que nos sumerge en una tristeza infinita, o bien nos toca ayudar a alguien a superar el trance. No todas las personas disponen de un tejido familiar o social suficiente que les arrope y, aún teniéndolo, generalmente no se sabe bien cómo actuar en esos momentos críticos ni en los siguientes.

Desorientados y rotos por el dolor, los pasos se encaminan a diario a tocar el timbre de la asociación Goizargi, de apoyo por la pérdida, ubicada en un pequeño piso del barrio de San Pedro. Nacida en el año 2002, precisamente del propio duelo de un grupo de personas que pusieron en marcha un recurso de ayuda social inexistente hasta entonces en Navarra, fue la primera asociación especializada en un tema sobre el que aún planean infinidad de tabúes, un tema al que cuesta mirar de frente a nivel individual, e incluso, al que la sociedad, a veces, da la espalda.

Desde entonces han pasado 15 años que celebran este 2017 con una semana cultural y una agenda desbordante que se reparten entre profesionales especializados y una treintena de voluntarios con un objetivo fundamental: ofrecer apoyo y acompañamiento a las personas que atraviesan un proceso de duelo por la pérdida de un ser querido.

“La confusión y el dolor por la pérdida es tan fuerte que, algunas veces, no pueden atender a nada más. Les escuchamos y emprendemos un camino de acompañamiento y apoyo en el que serán parte activa de su propio proceso”, explica Nati Labairu Latasa, psicóloga voluntaria de Goizargi, a la que su propia experiencia le llevó a formarse como terapeuta. “Acompañar no es fácil, y en ese acompañamiento trabajamos para que transiten su dolor de la manera más sana posible. Les ofrecemos un espacio seguro donde dolerse, donde pueden expresar todas las emociones, sensaciones y dificultades que el duelo lleva asociado. Al mismo tiempo, intentamos que vivan esta experiencia con una mirada de normalidad, ya que el duelo es uno de los procesos naturales de la vida. Acompañamos su dolor sin ser inundadas por él. Estamos para sus emociones, no para las nuestras”, expresa la psicóloga.

Respeto, honestidad y compromiso son máximas de la asociación que contribuye a la normalización de la vida de las personas a las que la muerte de un ser querido les ha roto el corazón. Goizargi les ayuda a su reintegración social, a que se coloquen en la vida con esa pérdida, aceptando el hecho y todos sus sentimientos, hasta los más terribles. “Es un duelo compartido, que a veces traspasa algunas barreras, y nos vincula en el seguimiento, pero sin llegar al enganche”, mantiene la terapeuta, al tiempo que destaca que los procesos son largos, algo que resume bien la directora de la asociación, Rakel Mateo, cuando dice que: “Los movimientos del alma son lentos”. Es la que más tiempo ha dado a Goizargi, como fundadora que vivió en su propia piel la sacudida de la muerte y detectó la carencia social de un espacio de acogida para el duelo.

goizargi

Acompañamiento

Espacio para el duelo

Para Rakel Mateo no hubo un Goizargi, tampoco para su madre, Luisa Sebastián, que perdió a su hija de 11 años hace 22. “Entonces no había nada a donde acudir. Creía que no podría soportarlo. La familia es muy importante, pero aunque quiere ayudar, tiene su propio dolor, no puede y no sabe hacerlo;no nos atrevemos con el dolor de los demás”, declara. Por eso, señala, fue su vecina y hoy amiga, el hombro en el que se apoyó tras el impacto. “Acompañar es estar y escuchar, día a día” resume.

La donación de órganos de su hija Paula le llevó a contactar con profesionales de la talla de Josefina Ripoll, coordinadora de trasplantes de Navarra entre 1984 y 2005, receptora de su dolor que le sugirió la idea de crear una asociación, y con Koldo Martínez, entonces médico intensivista en la UCI del Hospital de Navarra. “Van pasando cosas en la vida y ves que no hay respuestas, o en todo caso pequeña ayuda de las trabajadoras sociales.

Rakel, mientras tanto, relata “llegué a la universidad y me licencié en Psicopedagogía con un interés muy claro por el duelo”. Josu Cabodevilla, psicólogo clínico responsable de servicios paliativos en San Juan de Dios fue el primer contacto por el que Rakel Mateo ejerció como voluntaria de acompañamiento en San Juan de Dios. Se estaba gestando lo que hoy es Goizargi.

Ripoll, Martínez y Cabodevilla fueron los pilares en el inicio de su andadura con los grupos de duelo en la parroquia de Cristo Rey, Navarrería, Rotxapea. Recién licenciada, tenía 22 años, se nutrió de ilusión y paciencia. Con pocos recursos y mucha vocación, fue tomando consciencia de su labor impulsada por un sentimiento: “Que nadie pase un solo día de los que pasé yo”. Era su motor y el sostén en los días en los que pensó en tirar la toalla. Cuando flaqueaban las fuerzas, un gesto era suficiente para volverle a ponerme en su sitio, y no le faltaron, asegura, los bastones de apoyo. “Nunca estuve sola, y pronto supe que Goizargi era necesario como un espacio para el duelo y un acompañamiento en el proceso individual que debe vivir cada persona”.

Ponerle palabras al dolor y escuchar lo que provoca tampoco es fácil. Hoy Luisa puede hablar de aquel sentimiento que no encontraba respuesta pero aún son evidentes los gestos de su lucha, parte de la semilla de Goizargi. Gracias a ello, personas como Natalia Ripero Valencia y Eduardo Olivares López hoy pueden hablar con naturalidad. A sus 42 años, forman un hogar feliz junto a sus dos hijos de 9 y 7. “Pero somos padres de tres, porque Aitana, la mayor, la perdimos con 8 meses”, recuerda Natalia. “Con ella se fueron todos nuestros planes, la ilusión y nuestros proyectos de vida. Nos quedamos hundidos”.

La médico de familia puso en sus manos una tarjeta de Goizargi. “Fue lo mejor que nos pudo pasar. Allí encontramos nuestro espacio de duelo. La gente no sabía qué hacer con nosotros, no es fácil”, relatan. Aseguran que aprendieron mucho y que fue un acierto ir juntos para familiarizarse con el dolor, quitarle peso y sentir que avanzaban.

“No sabemos qué habría sido de nosotros sin Goizargi. Creo que hicimos un buen duelo. Recibir el ánimo de quién ha pasado por lo mismo reconforta y es muy sanador”, aseguran quienes han sido voluntarios, y son el actualidad altavoces de la asociación.

Cuando Natalia y Eduardo llegaron, Goizargi era muy pequeño, una familia que ha ido creciendo porque “la demanda lo ha hecho grande”, subrayan al tiempo que hacen una llamada a las instituciones para que valoren su labor y la apoyen. “La sociedad demanda este tipo de servicios. Nos alejamos de la muerte, y también apartamos a los niños de ella, cuando es algo que va a pasar”, aseveran.

La joven voz de Rosana Fernández Gonsalvez, de 23 años, aún se quiebra al recordar el tremendo vacío que dejó la muerte de su madre a la que el cáncer se la arrebató las pasadas Navidades. “Era todo mi apoyo, contaba con ella para todo, y me quedé totalmente perdida. Ha sido mi primera experiencia con la muerte” reconoce.

En Cuidados Paliativos de San Juan de Dios le pusieron en contacto con la asociación. Ella es uno más de los muchos casos que la Seguridad Social deriva a Goizargi, y este es un indicativo importante de la necesidad real de este servicio, aunque , “no todas las personas necesiten apoyo para elaborar un duelo, pero no es menos cierto que la tristeza por la muerte de un ser querido está muy relacionada con lo social y con la salud. “Se somatizan muchas cosas que pueden dar lugar a enfermedades”, matizan las terapeutas.

Terapia indivual primero, en grupo después, si es posible, tratan de fortalecer de cara al futuro a las personas que llegan con su tristeza. Como es el caso de Rosana, a la que Nati acompaña desde su llegada con manifiesta empatía. “La Rosana de hoy nada tiene que ver con la de enero. Aqui me siento segura para expresarme y hacerme fuerte”, afirma convencida.

“Es importante que haya personas que sepan gestionar el duelo”, declara la periodista Sara Ancín Erdozáin, de 35 años. Ella también se rodeó, tras la muerte de su padre hace cinco años, de personas que vivían su propio proceso en Goizargi. Hoy es voluntaria y responsable de Comunicación. “Me atrajo su labor tan necesaria, y quise devolverles la ayuda prestada”. Como ella, el resto del voluntariado, que es fundamental, formado por una treintena de personas, entre las que, por supuesto, se encuentra Luisa. “Les enseño manualidades, escucho e intento que olviden su pena al menos ese rato en grupo”, expresa.

15 años

Aniversario

Mirar al futuro

En el último trimestre del año, Goizargi ha encajado con calzador la celebración de su 15º aniversario con su programa, del que se puede destacar Una Semana para Recordar. Hoy a las 17.30, en el Niza, Death Café, reflexionar sobre la muerte y la vida con un café entre las manos. Mañana, a las 21 horas, en el Zentral, concierto solidario con Demode Quartet, y el sábado, día 4 IV Jornada sobre el Duelo, conjunta con San Juan de Dios.

Goizargi se encuentra en un punto de inflexión y es en la actualidad un referente en Navarra, con un equipo que trabaja con ahínco y que ha conseguido dotarse de una estructura, con 90 socios, una junta directiva, profesionalizarse y atender la demanda. Pero van más allá. “Si logramos educar a la sociedad y que se prepare, la intervención es menor y la complicación del duelo también”. Sus recursos son limitados. Y en esa lucha también andan recabando ayudas del Gobierno para seguir creciendo y trabajando “para ayudar, sin añadir más dolor”, resume su directora Rakel Mateo.